COMENTARIO

 2 R 2,1-12 

Estamos ante uno de los episodios más misteriosos, y a la vez más populares, narrados en el Antiguo Testamento: el traslado de Elías al cielo en medio de un torbellino de nubes y viento, semejante a una tempestad. Dios quiere dar a conocer el destino reservado al profeta Elías a causa de su fidelidad, semejante al que reservó a Henoc por haber andado con Dios (cfr Gn 5,21-24).

Al poner por escrito esta vieja tradición acerca de Elías, el autor sagrado resalta ciertos aspectos sobre la relación de Elías con los grupos proféticos y especialmente con Eliseo al que ya Elías había designado como su sucesor (cfr 1 R 19,19-21), y que le acompaña constantemente. La petición de Eliseo de recibir doble del espíritu de Elías recuerda la herencia de los primogénitos en Israel que recibían doble parte de los bienes de la casa paterna (cfr Dt 21,17). La condición que Elías pone a Eliseo para recibir su espíritu indica que los dones divinos sólo pueden ser transmitidos a quienes están en condiciones de recibirlos (cfr vv. 10-12).

La función del carro y de los caballos de fuego es separar a Eliseo de Elías mientras éste es arrebatado por el torbellino. Al cabo de los años el libro de Ben Sirac (Eclesiástico) los interpreta como señal de que Dios lo llevó al cielo (cfr Si 48,9). Los carros de fuego son también símbolo de la presencia y de la gloria de Dios, como en Sal 18,11-13; 68,18; etc. El dato de que Elías no hubiera muerto es el fundamento para asignarle una función en el futuro, en la restauración mesiánica de las doce tribus (cfr Si 48,10) y antes de la llegada del «día del Señor» (cfr Ml 3,23). Así se contempla también la figura de Elías en el Nuevo Testamento donde es identificado con Juan Bautista, precursor de Jesucristo (cfr Mt 11,14; 17,10-12), dando a entender que el Bautista actúa movido por el mismo espíritu que actuó en Elías.

El último hecho prodigioso realizado por Elías en las aguas del Jordán (cfr v. 8) le asemeja, una vez más, a Moisés (cfr Ex 14,16-21 y notas a 1 R 19,1-18). Incluso el lugar en el que Elías es arrebatado al cielo coincide en cierto modo con aquel en el que murió Moisés (cfr Dt 34,4-6) antes de entrar en la tierra prometida. Estas semejanzas entre Moisés y Elías hacen de ellos dos personajes de algún modo paralelos: Moisés representa la Ley que Dios dio a Israel por su mediación; Elías, el espíritu profético que Dios manifestó a través de la vida del profeta y su traslado al cielo. Será por tanto comprensible que cuando nuestro Señor Jesucristo quiere mostrar su gloria ante los discípulos transfigurándose en el monte Tabor aparezca junto a Moisés y Elías porque en Él culminan y se cumplen la Ley y los Profetas (cfr Mt 17,3 y par.).

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