COMENTARIO

 2 R 2,19-25 

En Jericó, con aquel prodigio, Dios muestra su favor a quienes apoyan al profeta; un prodigio que recuerda al realizado por Moisés en el desierto en favor del pueblo volviendo dulces las aguas amargas (cfr Ex 15,25). En Betel, en cambio (vv. 23-24), centro cultual de los reyes del norte (cfr 1 R 12,29), adonde el profeta se dirige a continuación, se muestra el castigo que reciben quienes se burlan de los enviados de Dios. Si pensamos que el llevar rapada la cabeza podría ser un signo de carácter religioso (cfr Is 15,2), la burla de los niños de Betel no se dirigía tanto al aspecto físico de Eliseo cuanto a su condición profética. Esto hacía aquella burla particularmente grave.

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