COMENTARIO
El rey de Siria sería Ben-Hadad II, y Joram, el rey de Israel. Ya desde el comienzo del relato se hace notar que es el Dios único, el Señor, quien guía los acontecimientos incluso fuera de Israel (v. 1). Igualmente se muestra que también se deben al Señor las circunstancias que concurren para que Naamán tenga noticias del profeta. La reacción del rey de Israel es explicable ya que por todos es reconocido que sólo Dios es señor de la vida y de la muerte, el que da la salud y la enfermedad (cfr Dt 32,39; Jb 5,18).