COMENTARIO

 2 R 6,1-7 

De nuevo aparece la autoridad de Eliseo sobre los grupos proféticos de su entorno, así como su solidaridad con ellos. El incidente quiere resaltar que Dios otorgaba al profeta poder sobre las leyes de la naturaleza, y que éste lo empleaba para socorrer a sus hermanos los profetas.

Junto a este sentido obvio, los Santos Padres expusieron otros significados de este pasaje interpretándolo en sentido alegórico. Así Tertuliano entiende que las aguas del Jordán representan al Bautismo, el palo arrojado por Eliseo, la Cruz de Cristo, y el palo del hacha la dureza del corazón pecador que, «inmersa en lo profundo del error de este mundo, es liberada en el Bautismo por el madero de Cristo, es decir, por su pasión» (Tertuliano, Adversus Iudaeos 13). En un sentido similar comenta San Ambrosio: «Todo hombre antes del Bautismo es pesado como el hierro y está sumergido. Cuando ha sido bautizado, ya no se hunde como el hierro, sino que se eleva como una especie de madera ligera fructuosísima» (S. Ambrosio, De Sacramentis 2,4,11).

San Agustín, en cambio, entiende que las aguas del río representan los pecados y concupiscencias en los que estábamos inmersos y de los que nos libera Eliseo, o sea Cristo, por el madero de la cruz: «Aquel hacha yacía en lo profundo como el género humano estaba inmerso en los crímenes (…). Llegó Eliseo, arrojó el leño y flotó el hierro. ¿Qué significa arrojar el leño y hacer subir al hierro, sino subir al madero de la Cruz y sacar al género humano de la profundidad del infierno y liberarlo del hierro de todos los pecados por el misterio de la Cruz? Después de flotar el hierro, el profeta lo destina al servicio de su dueño. Así se ha hecho con nosotros que por la soberbia habíamos caído de la mano del Señor y ahora por el madero de la Cruz hemos merecido volver de nuevo a su mano. Trabajemos, por tanto, cuanto podamos con su ayuda, no sea que por la soberbia nos escurramos de nuevo de su mano» (Sermones atribuidos a San Agustín, Sermones 45,1-2).

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