COMENTARIO

 2 R 6,24-7,20 

Con verdadero dramatismo se narran la situación de la ciudad sitiada y el sucederse de los acontecimientos.

La situación descrita es tan trágica que los habitantes de Samaría no sólo quebrantan la ley que prohíbe comer animales impuros como el asno (cfr Lv 11,2-7; Dt 14,4-8), sino que han llegado a las aberraciones más monstruosas en contra de la Alianza (vv. 28-29; cfr Lv 26,29; Dt 28,53-57). El pueblo acude al rey buscando una ayuda que éste no puede dar. Reconoce, en efecto, que aquella situación depende de Dios y, precisamente por eso, jura solemnemente dar muerte al profeta, ya que es sobre el profeta sobre quien, según el rey, recae la responsabilidad, pues él es el representante de Dios. El arrebato del rey contra Eliseo recuerda al de Ajab contra Elías (cfr 1 R 18,10; 21,20); pero aquí no hay ninguna crítica del rey. Es más, se llega a reconocer que el rey hace penitencia (v. 30). Con todo, el rey actúa contra Eliseo llevado por la cólera.

Pero Eliseo no ha abandonado al pueblo: está con los ancianos (v. 32). Con clarividencia profética toma precauciones frente a un rey cuyos antepasados no dudaban en asesinar (cfr 1 R 21,8-16). Sin embargo, la pregunta que hace el rey en el v. 33 indica que la cólera ha dado paso a la lamentación y a la súplica. Es entonces cuando el profeta pronuncia su oráculo favorable: los precios bajarán de un modo increíble; tanto que el oficial más cercano al rey duda de que Dios pueda hacerlo. Esta duda será la causa de que haya para él un oráculo desfavorable (7,2). Quien no cree no puede ser partícipe de la salvación que el Señor anuncia.

Los leprosos, de acuerdo con su condición y con la ley (cfr Lv 13,46; Nm 5,2-3), viven fuera de los muros de la ciudad y adoptan una resolución desesperada. El redactor de la historia explica anticipadamente al lector lo sucedido (7,6) dando la impresión de que pudo ser el mismo Eliseo la fuente de su información. La forma en que Dios actúa es, en todo caso, semejante a la que empleó cuando el profeta le pidió que los soldados no vieran el camino (6,18): entonces Dios les privó de visión, ahora confunde sus oídos.

El desarrollo de la narración, con el tema de los leprosos que actúan rectamente (7,9-10), la desconfianza y precauciones tomadas por el rey (7,12-14), y lo que sucede a continuación (7,15-20) pone de manifiesto hasta qué punto fue inesperada y sorprendente aquella forma con la que Dios salvó a la ciudad, y cómo se cumplió fielmente el oráculo del profeta en todos sus detalles.

A lo largo de esta historia se percibe con claridad que el hagiógrafo, inspirado por Dios, ofrece la comprensión y explicación de los sucesos que sobrepasa la simple mirada humana. Así, en efecto, se cuenta que la causa de la huida del ejército sirio fue una acción divina concreta aunque nadie hubiera sido testigo de dicha acción. Algo parecido sucede con la muerte del oficial del rey: aunque causada directamente por la multitud desbordada, el hagiógrafo se detiene en explicar cuál ha sido la causa verdadera, imperceptible para quien no conoce ni cree en el oráculo.

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