COMENTARIO

 2 R 8,7-15 

La marcha de Eliseo a Damasco puede explicarse por la presencia de judíos en aquella ciudad; el hecho habría tenido lugar en el año 843 a.C. Una inscripción cuneiforme de Salmanasar III de Asiria confirma la usurpación del trono de Siria por Jazael, llamado ahí «hijo de nadie», es decir, que no pertenecía a la dinastía.

El profeta Eliseo se ve involucrado en el golpe de estado que se produce en Damasco, y cumple así, de algún modo, la orden que Dios había dado a su maestro Elías de ungir como rey a Jazael (cfr 1 R 19,15). El profeta anuncia al mismo tiempo dos cosas: que el rey no moriría de aquella enfermedad, y que, sin embargo, el fin de su vida es inminente (cfr v. 10). El sujeto de la primera parte del v. 11 no viene explicitado en el texto y puede ser tanto Jazael como el hombre de Dios. En el primer caso, la rigidez que sobrecoge a Jazael se debería a que se da cuenta de que sus planes asesinos han sido descubiertos por el profeta, y por ello más adelante quiere disimularlos (v. 13). En el segundo caso, la rigidez de Eliseo estaría producida por lo que el Señor le da a conocer en ese momento: el sufrimiento que Jazael, siendo rey, va a causar a Israel. En cualquier caso el oráculo profético se cumple: Jazael se convierte en rey tras asesinar a Ben-Hadad (v. 15).

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