COMENTARIO
El autor sagrado interrumpe la historia de Eliseo y retorna a la de los reyes de Judá que había dejado en 1 R 22,41-51. Aunque estos dos reyes apenas tienen relieve político, son importantes desde el punto de vista religioso, pues a ellos se debe que, después de que sus predecesores Josafat y Asá (cfr 1 R 22,43) hubiesen fortalecido el verdadero culto al Señor, Judá volviera a practicar de nuevo la idolatría y el sincretismo que reinaban en el Norte. Primero fue Joram al tomar como esposa a Atalía, hija del rey del Norte (8,16-24); después su hijo Ocozías, dominado por su madre (8,25-29). A pesar de todo, siguen siendo el eslabón que lleva adelante la sucesión davídica.