COMENTARIO

 2 R 9,30-37 

Jezabel, procedente de Sidón (cfr 1 R 16,31), es considerada la principal causante de la introducción en Israel de los cultos a Baal, así como su defensora acérrima enfrentándose al profeta Elías (cfr 1 R 18,4) y persiguiéndole (cfr 1 R 19,1-2). El castigo que había de recaer sobre ella ya había sido anunciado por aquel profeta (cfr 1 R 21,23). Ahora se cumple por medio de Jehú.

Jezabel mantiene su dignidad de reina y aparece en público con sus mejores adornos, quizá esperando que el pueblo se inclinase por ella. El saludo que hace a Jehú comparándole con aquel regicida que sólo había reinado una semana, Zimrí (cfr 1 R 16,9-15), indica su intento de presentar la empresa de Jehú como destinada al fracaso. Pero los que rodean a la reina optan por Jehú.

La forma en que se narra la muerte de Jezabel quiere resaltar que recibió el castigo merecido según la ley del talión —ella había hecho asesinar a Nabot—, y que así se cumple la profecía de Elías sobre ella (1 R 21,23-24). Las versiones griega y latina interpretan que los caballos pisaron el cuerpo de Jezabel (v. 34), pero el verbo «pasó» en hebreo va en singular, por lo que parece más lógico interpretar que el sujeto es Jehú.

Las palabras del v. 37, que no estaban en la profecía de Elías, quieren expresar que la completa desaparición de Jezabel, incluso la de su cadáver, era designio divino (cfr Jr 8,2).

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