COMENTARIO

 2 R 10,1-27 

Jehú ha dado muerte al rey de Israel, al de Judá y a Jezabel. Ahora va a eliminar de raíz a sus respectivos seguidores o grupos que pudieran oponérsele: primero a la familia de Joram, designada como de Ajab (vv. 1-11), después a la de Ocozías (vv. 12-14), y, finalmente, a los profetas y seguidores de Baal apoyados por Jezabel (vv. 18-27).

Samaría, la capital del reino, se encontraba a unos 30 km al suroeste de Yizreel. Allí vivía la familia real y estaba la administración del reino. Jehú actúa con astucia: primero consigue que los principales de la ciudad se pongan a su favor mediante una invitación irónica a resistirle; después les implica en el levantamiento haciendo que también ellos manchen con sangre sus manos dando muerte, ellos mismos, a la totalidad de los descendientes reales.

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