COMENTARIO
Aquí culmina la acción de Jehú para erradicar de Israel el culto a Baal. El relato pone de relieve, una vez más, la astucia del rey para que no quede ni rastro de aquellos cultos (v. 18). Jehú cumple la ley que encontramos en Dt 12,2-3 sobre la destrucción de lugares paganos.
La forma de actuar de Jehú utilizando la astucia y la violencia ponen de relieve la importancia, y también la dificultad, de llevar a cabo el fin que Jehú se propone. Además, en el trasfondo late un tono de ironía: la ofrenda y el holocausto que Baal merece es la muerte de sus adoradores. Estos comportamientos, que son ciertamente reprobables, Dios los permitía en aquella época y, según la mentalidad y cultura de aquellas gentes, para que el pueblo elegido no cayese totalmente en la idolatría. De hecho en Os 1,4 encontramos un juicio desfavorable a la conducta sanguinaria de Jehú.