COMENTARIO

 2 R 11,13-16 

El Templo del Señor es santo y por eso no se puede derramar sangre humana en el interior. El autor sagrado recuerda este detalle quizá como contrapunto a lo que sucedió en el templo de Baal en Samaría donde Jehú dio muerte a los sacerdotes (cfr 10,25).

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