COMENTARIO
Tras la infidelidad religiosa y la alteración social impuesta por los últimos reyes de Judá, y sobre todo por Atalía, era necesario renovar la Alianza de Dios, comprometiéndose de nuevo el pueblo a ser el pueblo de Dios, a la manera como se había hecho en otros momentos decisivos (cfr Ex 24; Jos 24). También era necesario restablecer la relación entre el rey y su pueblo según el pacto tradicional expresado en 2 S 5,3. Hasta qué extremo había llegado la idolatría en Jerusalén lo refleja la existencia de ese templo a Baal, obra sin duda de Atalía.