COMENTARIO
El afecto del rey Joás por Eliseo y la forma de hablarle, repitiendo las palabras que el mismo Eliseo había dicho a Elías (cfr 2 R 2,12), indican que el profeta Eliseo es reconocido como el verdadero defensor de Israel. En efecto, él había ungido al abuelo de Joás, Jehú, para erradicar la idolatría de Israel (cfr 9,1-10), y en esa misma línea se había mantenido Joás. A éste el Señor le quiere recompensar ahora concediéndole por mediación del profeta la victoria sobre los enemigos extranjeros. El gesto profético se desarrolla en dos momentos: en el primero, al lanzar la flecha hacia oriente, se significa la victoria total sobre Siria, y al poner el profeta su mano sobre la del rey (v. 16), hace a éste partícipe de la fuerza con la que él actúa; en el segundo momento se pone de relieve que el rey recibe sólo una pequeña parte de la fuerza del profeta por haber sido inconstante en realizar lo que el profeta le ordena (v. 19).
El poder divino que acompañaba a Eliseo se muestra en el último milagro narrado al recordar su entierro (v. 21). El texto no dice expresamente que aquel milagro lo realizase Eliseo, pero así se interpreta en la tradición bíblica (cfr Si 48,13-14).