COMENTARIO

 2 R 15,13-17,4 

A partir de la desaparición de la dinastía de Jehú, en el reino de Israel se suceden los cambios de reyes con rapidez y de forma violenta —cinco en menos de veinticinco años— hasta llegar al trágico desenlace de la invasión asiria en el año 722. Son años de violencia y confusión política y religiosa denunciadas en Os 7,7; 8,4; Is 9,19-20. Judá entretanto goza de bastante estabilidad política con Jotam (15,32-38) y con Ajaz (16,1-20). La política de estos reyes de Judá —aunque con excepciones— es distinta de la que siguieron los reyes del Norte. Éstos, frente al poder asirio que ya se desplegaba por todo el oriente, hacen una alianza con Siria y tratan de resistir. La consecuencia fue primero la caída de Damasco y después la de Samaría. En cambio, el rey de Judá, Ajaz, se somete a Asiria, aunque por ello tenga que sufrir el ataque de Israel y Siria aliados entre sí. El resultado fue que Jerusalén se salvó.

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