VI. REYES DE ISRAEL Y DE JUDÁ HASTA LA CAÍDA
DE SAMARÍA

A. AMASÍAS Y AZARÍAS EN JUDÁ.
FIN DE LA DINASTÍA DE JEHÚ: JEROBOAM II Y ZACARÍAS

Reinado de Amasías en Judá (798–769)

142 R1El segundo año de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel, comenzó a reinar Amasías, hijo de Joás, rey de Judá. 2Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yehoadán y era de Jerusalén. 3Hizo lo recto a los ojos del Señor, aunque no como su padre David. Se comportó en todo lo mismo que su padre Joás. 4No destruyó los lugares altos y el pueblo siguió ofreciendo sacrificios y quemando incienso en ellos. 5Cuando afianzó su reinado mató a aquellos de sus siervos que habían dado muerte a su padre, el rey. 6Pero no hizo morir a los hijos de los asesinos, según lo que está escrito en el libro de la Ley de Moisés, lo que mandó el Señor diciendo: «No morirán los padres a causa de los hijos, ni morirán los hijos a causa de sus padres, sino que cada uno morirá por su pecado».

7Derrotó a Edom que contaba con diez mil hombres en el Valle de la Sal, y tomó Petra por las armas, poniéndole el nombre de Yocteel, hasta el día de hoy. 8Entonces Amasías envió mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciéndole:

—Ven y nos veremos las caras.

9Joás, rey de Israel, mandó decir a Amasías, rey de Judá:

—El cardo del Líbano mandó decir al cedro del Líbano: «Dame tu hija para esposa de mi hijo». Pero pasaron las bestias salvajes y pisotearon al cardo. 10Has derrotado a Edom, y se ha engreído tu corazón. Guárdate tu gloria y quédate en casa. ¿Por qué tienes que provocar un desastre y perecer tú y Judá contigo?

11Pero Amasías no le escuchó. Entonces subió Joás, rey de Israel, y se enfrentaron él y Amasías, rey de Judá, en Bet–Semes, ciudad de Judá. 12Judá fue derrotado por Israel, y volvieron cada uno a su tienda. 13Pero Joás, rey de Israel, hizo prisionero en Bet–Semes a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías. Lo llevó a Jerusalén y derribó la muralla de Jerusalén desde la puerta de -Efraím hasta la puerta del Ángulo, cuatrocientos codos. 14Se llevó todo el oro y la plata, todos los objetos que había tanto en el Templo del Señor como en los tesoros del palacio real, y también rehenes. Luego volvió a Samaría.

15El resto de los hechos de Joás, lo que hizo, su poder y cómo luchó con Amasías, rey de Judá, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 16Joás fue a descansar con sus padres y fue enterrado en Samaría junto a los reyes de Israel. En su lugar reinó su hijo Jeroboam.

Final del reinado de Amasías

17Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, tras la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel, vivió aún quince años. 18El resto de los hechos de Amasías ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 19Se tramó una conjuración contra él en Jerusalén, y huyó a Laquís; pero le persiguieron hasta Laquís y allí le dieron muerte. 20Luego lo transportaron a caballo y lo enterraron en Jerusalén, junto a sus padres, en la ciudad de David. 21El pueblo entero de Judá tomó a Azarías, que tenía dieciséis años, y lo proclamaron rey en lugar de su padre Amasías. 22Él reconstruyó Elat y la devolvió a Judá cuando su rey hubo descansado con sus padres.

Reinado de Jeroboam II en Israel (788–747)

23El año quince de Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar en Samaría Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel, y reinó cuarenta y un años. 24Hizo el mal a los ojos del Señor. No se apartó de ninguno de los pecados de Jeroboam, hijo de Nebat, con los que había hecho pecar a Israel. 25Él restableció las fronteras de Israel desde la entrada de Jamat hasta el mar de Arabá, según la palabra que el Señor, Dios de Israel, había pronunciado por medio de su siervo el profeta Jonás, hijo de Amitay, que era de Gat–Jéfer. 26Pues el Señor había visto la aflicción de Israel, que era muy amarga, ya que no quedaban ni jóvenes ni hombres, ni había quien auxiliase a Israel. 27El Señor no había decidido borrar el nombre de Israel de debajo de los cielos, y los salvó por medio de Jeroboam, hijo de Joás. 28El resto de los hechos de Jeroboam, lo que hizo, la valentía con que luchó devolviendo a Israel aquello que de Damasco y Jamat había pertenecido a Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 29Jeroboam descansó con sus padres, los reyes de Israel, y en su lugar reinó su hijo Zacarías.

Reinado de Azarías en Judá (785–733)

152 R1El año veintisiete de Jeroboam, rey de Israel, comenzó a reinar Azarías, hijo de Amasías, rey de Judá. 2Tenía dieciséis años cuando comenzó a reinar y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yecolías, y era de Jerusalén. 3Hizo lo recto a los ojos del Señor, tal como lo había hecho en todo su padre Amasías. 4Solamente que no desaparecieron los lugares altos y el pueblo continuó ofreciendo sacrificios y quemando incienso en esos lugares altos. 5Pero el Señor hirió al rey, que tuvo lepra hasta el día de su muerte y habitó en una casa retirada. Jotam, hijo del rey, estaba en el palacio y juzgaba al pueblo llano. 6El resto de los hechos de Azarías y todo lo que hizo ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 7Azarías descansó con sus padres y lo enterraron junto a ellos en la ciudad de David. En su lugar reinó su hijo Jotam.

Reinado de Zacarías en Israel (747)

8El año treinta y ocho de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel en Samaría Zacarías, hijo de Jeroboam, y reinó seis meses. 9Hizo lo malo a los ojos del Señor, como lo habían hecho sus padres. No se apartó de los pecados con que Jeroboam, hijo de Nebat, hizo pecar a Israel. 10Salum, hijo de Yabés, se conjuró contra él, le hirió en Cabal–Am y le mató, reinando después en su lugar.

11El resto de los hechos de Zacarías está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 12Tal fue la palabra que el Señor había dirigido a Jehú diciendo: «Cuatro generaciones te sucederán en el trono de Israel». Y así sucedió.

B. SALUM, MENAJEM, PECAJÍAS, PECAJ Y OSEAS, ÚLTIMOS REYES DE ISRAEL.
JOTAM Y AJAZ, REYES DE JUDÁ

Reinado de Salum en Israel (747)

13Salum, hijo de Yabés, comenzó a reinar en el año treinta y nueve de Uzías, rey de Judá, y reinó justo un mes en Samaría. 14Menajem, hijo de Gadí, subió desde Tirsá y entró en Samaría; allí hirió a Salum y lo mató, reinando después en su lugar. 15El resto de los hechos de Salum, y la conspiración que tramó, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

16Entonces Menajem castigó a Tifsaj con todos sus habitantes y a los territorios que le pertenecían desde los límites de Tirsá. No le abrieron las puertas y por eso la castigó rajando el vientre a todas las mujeres embarazadas.

Reinado de Menajem en Israel (747–737)

17El año treinta y nueve de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel Menajem, hijo de Gadí, y reinó diez años en Samaría. 18Hizo lo malo a los ojos del Señor. No se apartó en toda su vida de los pecados con los que Jeroboam, hijo de Nebat, había hecho pecar a Israel.

19Pul, rey de Asiria, entró en el país, y Menajem le entregó mil talentos de plata para que le ayudara a fortalecer en su mano el reino. 20Menajem sacó el dinero de Israel, de todos los que tenían fortuna, para entregárselo al rey de Asiria: cincuenta siclos de plata por persona. El rey de Asiria se retiró y no ocupó el país.

21El resto de los hechos de Menajem y todo lo que hizo ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 22Menajem descansó con sus padres y en su lugar reinó su hijo Pecajías.

Reinado de Pecajías en Israel (737–735)

23El año cincuenta de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel en Samaría Pecajías, hijo de Menajem, y reinó dos años. 24Hizo lo malo a los ojos del Señor. No se apartó de los pecados con los que Jeroboam, hijo de Nebat, había hecho pecar a Israel. 25Se rebeló contra él su capitán Pecaj, hijo de Remalías, y lo mató en Samaría en la torre del palacio real, así como a Argob y a Aryé. Pecaj llevaba consigo cincuenta hombres de los galaaditas, y, después de matarlo, reinó en su lugar. 26El resto de los hechos de Pecajías y todo lo que hizo está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

Reinado de Pecaj en Israel (735–732)

27El año cincuenta y dos de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel en Samaría Pecaj, hijo de Remalías, y reinó veinte años. 28Hizo lo malo a los ojos del Señor. No se apartó de los pecados con los que Jeroboam, hijo de Nebat, había hecho pecar a Israel. 29En tiempos de Pecaj, rey de Israel, vino Teglatpalasar, rey de Asiria, y tomó Abel–Bet-Maacá, Yanojá, Quedes, Jasor, Galaad y Galilea, toda la tierra de Neftalí, deportándolos a Asiria. 30Oseas, hijo de Elá, tramó una conspiración contra Pecaj, hijo de Remalías; lo hirió, lo mató y reinó en su lugar. Era el año veinte de Jotam, hijo de Uzías. 31El resto de los hechos de Pecaj y todo lo que hizo está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

Reinado de Jotam en Judá (759–743)

32El año segundo de Pecaj, hijo de Remalías, rey de Israel, comenzó a reinar Jotam, hijo de Uzías, rey de Judá. 33Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar y reinó dieciséis años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yerusá, y era hija de Sadoc. 34Hizo lo recto a los ojos del Señor, todo tal como lo había hecho su padre Uzías. 35Sólo que no desaparecieron los lugares altos y el pueblo continuó ofreciendo sacrificios y quemando incienso en esos lugares altos. Él construyó la puerta de arriba del Templo del Señor.

36El resto de los hechos de Jotam, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

37En aquel tiempo, el Señor comenzó a enviar contra Judá a Resín, rey de Siria, y a Pecaj, hijo de Remalías. 38Jotam descansó con sus padres y fue enterrado junto a ellos en la ciudad de su padre David. En su lugar reinó su hijo Ajaz.

Reinado de Ajaz en Judá (743–727)

162 R1El año diecisiete de Pecaj, hijo de Remalías, comenzó a reinar Ajaz, hijo de Jotam, rey de Judá. 2Tenía Ajaz veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén; pero no hizo lo recto a los ojos del Señor, su Dios, como lo hizo su padre David. 3Siguió la conducta de los reyes de Israel, e incluso hizo pasar por el fuego a su hijo, conforme a las abominaciones de los gentiles que el Señor había arrojado de delante de los israelitas. 4Ofreció sacrificios y quemó incienso en los lugares altos, en las colinas y bajo todos los árboles frondosos.

5Por entonces subieron Resín, rey de Siria, y Pecaj, hijo de Remalías, rey de Israel, a hacer la guerra a Jerusalén. Rodearon a Ajaz, pero no pudieron vencerle. 6En aquél tiempo, Resín, rey de Siria, restituyó Elat a Siria y arrojó a los judíos de Elat; los sirios entraron en Elat y se asentaron allí hasta el día de hoy.

7Ajaz envió mensajeros a Teglatpalasar, rey de Asiria, diciéndole: «Yo soy hijo y siervo tuyo. Sube y líbrame de la mano del rey de Siria y de la mano del rey de Israel que se han alzado contra mí». 8Ajaz tomó la plata y el oro que había en el Templo del Señor y en los tesoros del palacio real, y lo envió como regalo al rey de Asiria. 9El rey de Asiria le escuchó, subió a Damasco y la destruyó llevando a sus habitantes cautivos a Quir, e hizo matar a Resín.

10Después el rey Ajaz fue a Damasco al encuentro de Teglatpalasar, rey de Asiria, y cuando vio el altar que había en Damasco, el rey Ajaz envió una imagen del altar al sacerdote Urías y todas las instrucciones para su construcción. 11El sacerdote Urías construyó el altar. Exactamente como había mandado el rey Ajaz desde Damasco, así lo hizo el sacerdote Urías antes del regreso de Damasco del rey Ajaz. 12Cuando el rey llegó de Damasco, vio el altar, se acercó a él y subió. 13Quemó sus holocaustos y ofreció sus sacrificios, derramó sus libaciones y roció la sangre de sus sacrificios pacíficos sobre el altar. 14El altar de bronce que estaba frente al Señor lo desplazó de delante del Templo, del punto entre el altar y el Templo del Señor, hacia un lado del nuevo altar, al norte. 15Luego el rey Ajaz dio órdenes al sacerdote Urías diciendo:

—Quema sobre el altar grande el holocausto matutino y la ofrenda vespertina, el holocausto del rey, su ofrenda, el holocausto de todo el pueblo llano, sus ofrendas y libaciones. Derramarás sobre él toda la sangre del holocausto y toda la sangre del sacrificio. En cuanto al altar de bronce tendré que deliberar.

16El sacerdote Urías hizo todo lo que le había mandado el rey Ajaz. 17Después el rey Ajaz desmontó los soportes de las basas y retiró de encima de ellas los aguamaniles; hizo bajar el mar de los toros de bronce que lo sostenían y lo colocó sobre un pavimento de piedra. 18Además, el pórtico de descanso que habían construido en el Templo, y la entrada real exterior, los convirtió en Templo del Señor a causa del rey de Asiria.

19El resto de los hechos de Ajaz, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 20Ajaz descansó con sus padres y fue enterrado junto a ellos en la ciudad de David. Su hijo Ezequías reinó en su lugar.

Reinado de Oseas en Samaría (732–724)

172 R1El año duodécimo de Ajaz, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel en Samaría Oseas, hijo de Elá, y reinó nueve años. 2Hizo lo malo a los ojos del Señor aunque no tanto como los reyes de Israel que le habían precedido. 3Subió contra él Salmanasar, rey de Asiria, e hizo a Oseas su siervo imponiéndole tributo. 4Pero el rey de Asiria encontró rebeldía en Oseas, pues éste había mandado enviados a Soa, rey de Egipto, y no pagaba anualmente el tributo al rey de Asiria. Entonces el rey de Asiria lo tomó prisionero y lo encerró en una cárcel.

C. CAÍDA DE SAMARÍA

Invasión del territorio de Israel y toma de Samaría

5Después el rey de Asiria invadió todo el país, subió a Samaría y la sitió durante tres años. 6El año noveno de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaría, y llevó a Israel cautivo a Asiria; los asentó en Jelaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos.

Reflexión sobre la caída de Samaría

7Esto sucedió porque los israelitas pecaron contra el Señor, su Dios, que les había sacado del país de Egipto y de la opresión de Faraón, rey de Egipto, y dieron culto a otros dioses. 8Siguieron las prácticas de las naciones a las que el Señor había arrojado de delante de los israelitas. Es lo que hicieron los reyes de Israel. 9Además, los israelitas cometieron acciones reprobables contra el Señor, su Dios, y se construyeron lugares altos en todas sus ciudades, tanto en las torres de vigilancia como en las ciudades fortificadas. 10Se levantaron estelas y aserás en todas las colinas elevadas y bajo todos los árboles frondosos, 11y allí quemaron incienso en todos los lugares altos, lo mismo que los gentiles que el Señor había dispersado de delante de ellos. Cometieron acciones perversas irritando al Señor, 12y dieron culto a los ídolos sobre los que el Señor les había dicho: «No hagan tal cosa».

13El Señor había avisado a Israel y a Judá por medio de todos sus profetas y de todos sus videntes diciendo: «Conviértanse de sus malos caminos y guarden mis mandatos y decretos conforme a toda la Ley que prescribí a sus padres, y que les comuniqué por medio de mis siervos los profetas». 14Pero no escucharon, sino que endurecieron su cerviz tanto como la de sus padres que no confiaron en el Señor, su Dios. 15Rechazaron sus decretos, la alianza que hizo con sus padres y las advertencias que les dirigió. Caminaron tras las vanidades y se volvieron vanos, y tras las naciones de su alrededor, sobre las que el Señor les había ordenado que no las imitasen. 16Abandonaron todos los mandatos del Señor, su Dios, y se fabricaron dos becerros fundidos, se hicieron una Aserá, adoraron a todo el ejército de los cielos y dieron culto a Baal. 17Pasaron por el fuego a sus hijos y a sus hijas, practicaron la adivinación e hicieron sortilegios; se dedicaron a hacer el mal a los ojos del Señor hasta despertar su cólera.

18Entonces el Señor se irritó muchísimo contra Israel y los apartó de su presencia. No quedó más que la tribu de Judá, ella sola. 19Tampoco Judá guardó los mandatos del Señor, su Dios, sino que siguieron las costumbres que había practicado Israel. 20El Señor repudió a toda la estirpe de Israel y los castigó; los entregó en manos de los saqueadores hasta que los echó de su presencia. 21Porque Israel se había separado de la casa de David y había elegido como rey a Jeroboam, hijo de Nebat. Jeroboam apartó a Israel del seguimiento del Señor y les hizo cometer un gran pecado. 22Los israelitas secundaron todos los pecados que cometió Jeroboam sin apartarse de ellos, 23hasta el punto de que el Señor apartó a Israel de su presencia, tal como había predicho por medio de sus siervos los profetas. E Israel fue deportado a Asiria desde su tierra, hasta el día de hoy.

Sincretismo religioso en Samaría

24El rey de Asiria trajo gente de Babilonia, Cut, Avá, Jamat y Sefarvaim y la asentó en las ciudades de Samaría en lugar de los israelitas. Tomaron Samaría y se instalaron en sus ciudades.

25Cuando comenzaron a habitar allí, no temían al Señor, y el Señor envió contra ellos leones que los devoraban. 26Entonces acudieron al rey de Asiria diciendo:

—Las gentes que deportaste e hiciste habitar en las ciudades de Samaría no conocen las normas del Dios del país. Éste ha enviado contra ellos leones que los están matando pues no son conocedores de las normas del Dios del país.

27El rey de Asiria dio órdenes diciendo:

—Hagan volver a uno de los sacerdotes que deportaron de allí. Que vaya y habite allí, y les enseñe las normas del Dios del país.

28Llegó uno de los sacerdotes que habían deportado de Samaría y fue a habitar a Betel. Éste les enseñó cómo debían dar culto al Señor.

29Cada pueblo fabricaba sus dioses, y los colocaban en templetes altos que habían construido los samaritanos; cada pueblo lo hacía en las ciudades en las que habitaba. 30Los habitantes de Babilonia fabricaron a Sucot–Benot, los de Cut a Nergal, los de Jamat a Asimá. 31Los avitas fabricaron a Nibjaz y a Tartac, los sefarvaítas quemaban a sus hijos en el fuego en honor de Adramélec y de Anamélec, dioses de los sefarvaítas. 32También daban culto al Señor. Se eligieron de entre su población sacerdotes de las alturas que oficiasen para ellos en los templetes de los lugares altos. 33Daban culto al Señor, pero también servían a sus dioses según las normas de las naciones de las que habían sido deportados hasta allí. 34Incluso hasta el día de hoy ellos actúan según las antiguas normas; no temen al Señor ni actúan según sus preceptos, normas, leyes ni decretos, los que el Señor ordenó a los hijos de Jacob, a quien puso por nombre Israel. 35El Señor había hecho con ellos una alianza diciendo: «No darán culto a otros dioses, ni les adorarán, ni les servirán, ni les ofrecerán sacrificios, 36sino al Señor que los sacó del país de Egipto con gran poder y brazo extendido; a Él darán culto, le adorarán y le ofrecerán sacrificios. 37Guardarán y cumplirán siempre sus decretos, normas, leyes y preceptos, que Él escribió para ustedes y no darán culto a otros dioses. 38No olviden la alianza que he hecho con ustedes, y no den culto a otros dioses. 39Darán culto al Señor, su Dios, y Él los salvará de la mano de todos sus enemigos». 40Pero ellos no escucharon, sino que siguieron obrando según sus anteriores normas. 41Aquellas naciones dieron culto al Señor, pero servían a sus ídolos. Así lo hicieron ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos, lo mismo que habían hecho sus padres hasta el día de hoy.

TERCERA PARTE:
REYES DE JUDÁ HASTA EL DESTIERRO
DE BABILONIA

VII. PRIMER INTENTO DE REFORMA

A. EZEQUÍAS Y EL PROFETA ISAÍAS

Reinado de Ezequías en Judá (727–698)

182 R1El tercer año de Oseas, hijo de Elá, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Ajaz, rey de Judá. 2Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén veintinueve años. Su madre se llamaba Abí, y era hija de Zacarías. 3Hizo lo recto a los ojos del Señor en todo, tal como lo había hecho su padre David. 4Quitó los lugares altos, destruyó las estelas y cortó las aserás. También hizo pedazos la serpiente de bronce que había fabricado Moisés, porque los israelitas le seguían quemando incienso en aquel tiempo, y la llamaban Nejustán. 5Confió en el Señor, Dios de Israel, y después de él no hubo otro igual entre todos los reyes de Judá, ni entre los que le precedieron. 6Se adhirió al Señor y no se apartó de Él, y guardó las normas que el Señor ordenó a Moisés. 7El Señor estuvo con él, y tuvo éxito en todo lo que emprendió. Se rebeló contra el rey de Asur y dejó de servirle. 8Venció a los filisteos hasta Gaza y sus confines, tanto en las torres de vigilancia como en las ciudades fortificadas.

Caída de Samaría y cautividad de Israel

9El año cuarto del rey Ezequías, que corresponde al séptimo de Oseas, hijo de Elá, rey de Israel, subió Salmanasar, rey de Asiria, hasta Samaría y la sitió. 10La tomaron después de tres años, el año sexto de Ezequías que corresponde al año noveno de Oseas, rey de Israel. Entonces fue tomada Samaría. 11El rey de Asiria llevó cautivo a Israel a Asiria, y los asentó en Jelaj y en Jabor, junto al río Gozán, y en las ciudades de Media. 12Esto sucedió porque no habían escuchado la voz del Señor, su Dios, y habían transgredido su alianza, no escucharon ni cumplieron cuanto prescribió Moisés, siervo del Señor.

Invasión de Judea y amenaza sobre Jerusalén

13El año decimocuarto del rey Ezequías, subió Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó. 14Ezequías, rey de Judá, envió emisarios a Laquís, al rey de Asiria, diciéndole:

—He faltado. Retírate y cumpliré lo que me impongas.

El rey de Asiria impuso a Ezequías, rey de Judá, trescientos talentos de plata y treinta talentos de oro. 15Ezequías entregó toda la plata que había en el Templo del Señor y en los tesoros del palacio real. 16Entonces Ezequías arrancó las puertas del Templo del Señor, y las columnas que él mismo había inaugurado, y las entregó al rey de Asiria.

17El rey de Asiria envió desde Laquís al general mayor, al jefe de los eunucos y al jefe de los coperos, junto con un fuerte ejército, hasta Ezequías en Jerusalén. Ellos subieron, llegaron a Jerusalén, y se detuvieron junto al acueducto de la alberca de arriba que está en el camino del campo del batanero. 18Llamaron al rey, y salieron hasta ellos Eliaquim, hijo de Jilquías, mayordomo del palacio, Sebná, el escriba, y Yoaj, hijo de Asaf, el notario. 19Les dijo el jefe de los coperos:

—Comuniquen a Ezequías: «Así dice el gran rey, rey de Asiria: “¿Qué seguridad es esa en la que confías? 20¿Piensas que unas meras palabras son asesoramiento y fuerza para la guerra? ¿En quién confías ahora para rebelarte contra mí? 21¿Es que ahora te confías en el apoyo de esa caña cascada, es decir, en Egipto, que si alguno se apoya sobre ella, se le clava y le traspasa la mano? Así es Faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él”». 22Y si me respondens: «Confiamos en el Señor, nuestro Dios», ¿acaso no es aquél cuyos lugares altos y cuyos altares hizo quitar Ezequías, diciendo a Judá y a Jerusalén: «Adorarán en Jerusalén ante este altar»? 23Ahora, pues, pásate a mi señor el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos si puedes conseguirte jinetes para ellos. 24¿Cómo vas a hacer huir a uno solo de los siervos más insignificantes de mi señor? ¿Te fías de Egipto para tener los carros y los caballos? 25¿He subido yo a este lugar para destruirlo al margen de la voluntad del Señor? El Señor me ha dicho: «Sube contra ese país y destrúyelo».

26Respondieron Eliaquim, hijo de Jilquías, Sebná y Yoaj al jefe de los coperos:

—Por favor, habla a tus siervos en arameo, pues lo entendemos. No nos hables en lengua judía ante la gente del pueblo que está en la muralla.

27Pero el jefe de los coperos le replicó:

—¿Acaso me ha enviado mi señor para tener esta conversación con tu señor y contigo? ¿No ha sido más bien con los hombres que están sentados en la muralla comiendo con ustedes sus excrementos y bebiendo sus orinas?

28Entonces el jefe de los coperos se puso en pie y gritó en lengua judía con fuerte voz. Habló y dijo:

—Escuchen la palabra del gran rey, el rey de Asiria. 29Esto ha dicho el rey: «Que no los engañe Ezequías, porque no podrá librarlos de mi mano. 30Que no los haga Ezequías confiar en el Señor diciendo: “Seguro que nos librará el Señor y no entregará esta ciudad en manos del rey de Asiria”. 31No hagan caso a Ezequías porque esto ha dicho el rey de Asiria: “Hagan la paz conmigo y entréguense a mí. Entonces cada uno comerá de su parra y de su higuera, y cada uno beberá de su aljibe, 32hasta que yo llegue y los traslade a una tierra como la suya, una tierra de trigo y vino, de pan y de viñas, una tierra de olivos, aceite y miel, donde vivirán y no morirán. No escuchen a Ezequías porque los engaña diciendo: ‘El Señor nos salvará’. 33¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado a su tierra de manos del rey de Asiria? 34¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arpad? ¿Dónde, los dioses de Sefarvaim, de Hená e Ivá? ¿Es que libraron de mi mano a Samaría? 35¿Cuáles son de entre todos los dioses de los países, los que libraron de mi mano a su país, para que el Señor libre de mi mano a Jerusalén?”».

36El pueblo guardó silencio y no le contestaron palabra alguna porque había una orden del rey mandando: «No le respondan». 37Eliaquim, hijo de Jilquías, que era el mayordomo, Sebná, el escriba, y Yoaj, hijo de Asaf, el notario, entraron con las vestiduras rasgadas adonde estaba Ezequías y le contaron las palabras del jefe de los coperos.

Oráculo de Isaías

192 R1Cuando el rey Ezequías lo oyó, se rasgó las vestiduras, se vistió de saco y entró en el Templo del Señor. 2Luego envió a Eliaquim, que era el mayordomo, a Sebná, el escriba, y a los ancianos de entre los sacerdotes, vestidos de saco, adonde estaba Isaías, el profeta, hijo de Amós. 3Le dijeron:

—Esto ha dicho Ezequías: «Hoy es un día de angustia, de castigo y de blasfemia, pues los hijos han llegado al momento del parto y faltan fuerzas para darlos a luz. 4Quizá el Señor, tu Dios, ha oído todas las palabras del jefe de los coperos enviado por su señor, el rey de Asiria, para desafiar al Dios vivo, y le castigue por las palabras que ha oído el Señor, tu Dios. Eleva tu oración por el resto que queda».

5Los siervos del rey Ezequías llegaron adonde estaba Isaías, 6y éste les dijo:

—Esto comunicarán a su señor: «Así dice el Señor: “No temas por las palabras que has oído, con las que los siervos del rey de Asiria me han ofendido. 7Mira, voy a infundirle un espíritu, escuchará una noticia y volverá a su país; allí le haré morir a espada”».

Retirada del rey asirio

8El jefe de los coperos se marchó y fue a encontrar al rey de Asiria que estaba luchando contra Libná, pues se había enterado de que éste se había retirado de Laquís, 9porque oyó decir de Tirhacá, rey de Etiopía: «Mira, ha salido a hacer la guerra contra ti».

Nuevas amenazas sobre Jerusalén

Entonces el rey se volvió y envió mensajeros a Ezequías ordenándoles: 10«Así dirán a Ezequías, rey de Judá: “No te engañe tu Dios en quien confías afirmando que no entregará a Jerusalén en manos del rey de Asiria. 11Ya has oído cuanto hicieron los reyes de Asiria a todos los países hasta exterminarlos, y tú, ¿te vas a salvar? 12¿Les salvaron a ellos los dioses de esas naciones que arrasaron mis padres, como Gozán, Jarán, Résef y los hijos de Edén que estaban en Telasar? 13¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arpad y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hená y de Ivá?”».

Nuevo oráculo de Isaías

14Tomó Ezequías las cartas de manos de los mensajeros y las leyó. Luego subió al Templo del Señor y Ezequías las extendió ante el Señor. 15Y oró así en presencia del Señor:

—Señor, Dios de Israel, que te sientas sobre los querubines, sólo Tú eres el Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste los cielos y la tierra. 16Señor, inclina tu oído y escucha. Abre, Señor, tus ojos y mira. Escucha las palabras que ha lanzado Senaquerib ofendiendo al Dios vivo. 17Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han desolado las naciones y sus territorios, 18y han arrojado sus dioses al fuego porque no eran dioses, sino fabricación de manos humanas, madera y piedra, y los han destruido. 19Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos, por favor, de su mano, y todos los reinos de la tierra sabrán que sólo Tú, el Señor, eres Dios.

20Isaías, hijo de Amós, mandó decir a Ezequías: «Esto dice el Señor, Dios de Israel: “He escuchado cuanto me has pedido en oración respecto a Senaquerib, rey de Asiria. 21Ésta es la palabra que ha pronunciado el Señor sobre él:

Te ha despreciado y te ha ridiculizado,

virgen, hija de Sión.

Con desprecio ha movido la cabeza a tus espaldas,

hija de Jerusalén.

22¿A quién has ofendido e insultado?

¿Contra quién has levantado tu voz,

y alzado altaneros tus ojos?

¡Contra el Santo de Israel!

23Por medio de tus mensajeros has ofendido al Señor

y has dicho: ‘Con la fuerza de mis carros

he subido a lo alto de los montes,

a la cima del Líbano,

he talado sus altos cedros

y sus mejores cipreses,

he entrado en sus recónditos rincones,

en sus tupidos bosques.

24He extraído y bebido aguas extranjeras,

y he secado con las plantas de mis pies

los canales de Egipto’.

25¿Acaso no has oído

lo que hice desde tiempos lejanos,

y preparé desde días antiguos?

Pues ahora lo he decidido:

llegará tu destrucción,

montón de ruinas serán las ciudades fortificadas.

26Sus habitantes quedarán sin fuerzas,

abatidos y confusos,

serán como herbazal silvestre,

verdor de hierba, y maleza de tejados,

como espiga seca antes de granar.

27Cuando te sentabas,

salías o entrabas, yo lo sabía,

y también tu desafío contra mí.

28Puesto que me has desafiado

y tu soberbia ha llegado a mis oídos,

pondré mi anillo en tu nariz,

y mi freno en tus labios,

y te haré volver por el camino

por el que viniste.

29La señal para ti será ésta:

come este año lo que recolectes,

y al año siguiente lo que brote por sí mismo;

pero al tercer año sembrarán y cosecharán,

plantarán viñas y comerán sus frutos.

30El resto de la casa de Judá que quede a salvo

volverá a echar raíces por abajo

y dará frutos por lo alto,

31pues de Jerusalén saldrá un resto

y un grupo superviviente de la montaña de Sión.

El celo del Señor de los ejércitos lo hará”.

32Por eso así dice el Señor sobre el rey de Asiria:

“No entrará en esta ciudad,

ni lanzará una flecha contra ella,

no permanecerá ante ella con escudo,

ni amontonará un terraplén en su contra.

33Por el mismo camino que ha venido se marchará,

y no entrará en esta ciudad. Oráculo del Señor.

34Protegeré a esta ciudad y la salvaré,

por mí y por mi siervo David”».

Muerte del rey asirio

35Sucedió que aquella noche salió el ángel del Señor e hirió a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios. Cuando se levantaron por la mañana, vieron que todos aquellos eran cadáveres. 36Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento y se marchó de vuelta a su tierra; después permaneció en Nínive. 37Estaba adorando en el templo de Nisroc, su dios, cuando sus hijos Adramélec y Saréser le mataron a espada y huyeron al país de Ararat. En su lugar reinó su hijo Asarhadón.

Curación milagrosa de Ezequías

202 R1En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Se acercó hasta él Isaías, hijo de Amós, el profeta, y le dijo:

—Esto dice el Señor: «Ordena lo referente a tu casa porque vas a morir y no vivirás más».

2Entonces aquél volvió su rostro contra la pared y oró al Señor diciendo:

3—Ay, Señor, recuerda que he caminado en tu presencia con fidelidad y sincero corazón, y he hecho lo que es agradable a tus ojos.

Luego Ezequías rompió en un gran llanto.

4Sucedió que aún no había salido Isaías al patio de en medio, cuando le llegó la palabra del Señor diciéndole:

5—Vuelve y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: «Esto dice el Señor, Dios de tu padre David: “He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas, y Yo voy a curarte; al tercer día subirás al Templo del Señor. 6Voy a añadir a tu vida quince años. Te salvaré a ti y a esta ciudad de manos del rey de Asiria. Protegeré a esta ciudad por mí y por mi siervo David”».

7Isaías ordenó:

—Traigan una torta de higos.

La trajeron, se la aplicaron sobre la úlcera y quedó sano.

8Ezequías preguntó a Isaías:

—¿Cuál será la señal de que el Señor me ha curado y de que vaya a subir al tercer día al Templo del Señor?

9Isaías respondió:

—Ésta será para ti, de parte del Señor, la señal de que el Señor cumplirá la palabra que ha pronunciado: ¿quieres que la sombra avance diez grados, o que retroceda diez grados?

10Contestó Ezequías:

—Es fácil que la sombra se extienda diez grados. Eso no. Que la sombra vuelva hacia atrás diez grados.

11Isaías, el profeta, clamó al Señor que hizo a la sombra volver hacia atrás los diez grados que había recorrido en el cuadrante de Ajaz.

Embajada del rey de Babilonia y oráculo de Isaías

12En aquel tiempo Merodac–Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un regalo a Ezequías porque se enteró de que éste había estado enfermo. 13Ezequías se alegró por ello y mostró a los emisarios todo el salón del tesoro, la plata y el oro, los bálsamos, el aceite aromático, el salón de las armas y cuanto había en sus tesoros. No hubo nada que no les mostrara Ezequías en su palacio y en todos sus dominios.

14Entonces vino el profeta Isaías al rey Ezequías y le preguntó:

—¿Qué han dicho estos hombres, y de dónde han venido hasta ti?

Ezequías respondió:

—Han venido de un país lejano, de Babilonia.

15Le preguntó:

—¿Qué han visto en tu casa?

Ezequías contestó:

—Han visto todo lo que hay en mi casa. No hay nada en mis tesoros que no les haya mostrado.

16Dijo entonces Isaías a Ezequías:

—Escucha la palabra del Señor: 17«He aquí que llegan días en que todo lo que hay en tu casa y cuanto atesoraron tus padres será llevado a Babilonia sin que quede nada. Lo ha dicho el Señor. 18Tomarán a tus hijos, que proceden de ti y que tú engendraste, y los convertirán en eunucos del palacio del rey de Babilonia».

19Contestó Ezequías a Isaías:

—Buena es la palabra del Señor que has pronunciado.

Y añadió:

—¿Por qué no, si hay paz y seguridad en mis días?

Final del reinado de Ezequías

20El resto de los hechos de Ezequías, todo su poderío y cómo construyó la alberca y el acueducto y llevó el agua a la ciudad, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 21Ezequías fue a descansar con sus padres, y en su lugar reinó su hijo Manasés.

B. VUELTA DE MANASÉS Y AMÓN A LA IDOLATRÍA

Reinado de Manasés en Judá (698–642)

212 R1Manasés tenía doce años cuando empezó a reinar, y reinó en Jerusalén cincuenta y cinco años. Su madre se llamaba Jefsi–Baj. 2Hizo lo malo a los ojos del Señor según las abominaciones de los gentiles que el Señor había arrojado de delante de los israelitas. 3Volvió a edificar los lugares altos que había destruido su padre Ezequías. Levantó altares a Baal y construyó una Aserá como había hecho Ajab, rey de Israel. Adoró a todo el ejército de los cielos y le tributó culto. 4También edificó altares en el Templo del Señor, sobre el que el Señor había dicho: «Estableceré mi nombre en Jerusalén». 5Edificó altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios del Templo del Señor. 6Además hizo pasar a su hijo por el fuego. Echó conjuros y practicó magia negra. Nombró un nigromante y adivinos. Se prodigó en hacer lo malo a los ojos del Señor para irritarle. 7El ídolo de Aserá que había fabricado lo colocó en el Templo sobre el que el Señor había dicho a David y a su hijo Salomón: «En este Templo y en Jerusalén, elegidos de entre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre. 8No volveré a hacer salir los pies de Israel del suelo que di a sus padres; pero sólo si perseveran cumpliendo todo lo que les ordené, toda la Ley que les prescribió mi siervo Moisés». 9Pero no escucharon y Manasés les sedujo para obrar peor que las naciones a las que el Señor había aniquilado delante de los israelitas.

10Entonces el Señor habló por medio de sus siervos los profetas diciendo:

11—A causa de las abominaciones que ha cometido Manasés, rey de Judá, peores que las que cometieron antes que él los amorreos, y por haber hecho pecar de idolatría incluso a Judá, 12por eso así dice el Señor, Dios de Israel: «He aquí que voy a traer tal desgracia sobre Jerusalén y Judá que a cuantos la escuchen les zumbarán los oídos. 13Extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaría y la plomada de Ajab, limpiaré a Jerusalén como se limpia un vaso que se friega y se vuelve boca abajo. 14Desecharé el resto de mi heredad y los entregaré en manos de sus enemigos. Serán objeto de despojo y rapiña para todos sus enemigos, 15porque hicieron lo malo a mis ojos y se convirtieron en mis irritadores, desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta hoy».

16Manasés derramó además muchísima sangre inocente, hasta llenar Jerusalén de un extremo a otro; esto sin contar el pecado que hizo cometer a Judá haciendo lo malo a los ojos del Señor.

17El resto de los hechos de Manasés, todo lo que hizo y los pecados que cometió, ¿no están escritos en los libros de las crónicas de los reyes de Judá? 18Manasés fue a descansar con sus padres y fue enterrado en el jardín de su casa, en el jardín de Uzá. En su lugar reinó su hijo Amón.

Reinado de Amón en Judá (641–640)

19Amón tenía veintidós años cuando empezó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Mesulémet, hija de Jarús de Yotbá. 20Hizo lo malo a los ojos del Señor como lo había hecho su padre Manasés. 21Siguió todos los caminos que había seguido su padre, y dio culto a los ídolos a los que había dado culto su padre, y los adoró. 22Abandonó al Señor, Dios de sus padres, y no anduvo por los caminos del Señor.

23Los siervos de Amón urdieron una trama contra él y mataron al rey en su palacio. 24Pero el pueblo llano hirió a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y en su lugar proclamó rey a su hijo Josías.

25El resto de los hechos de Amón, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 26Fue enterrado en un sepulcro propio en el jardín de Uzá, y en su lugar reinó su hijo Josías.

VIII. LA REFORMA RELIGIOSA DE JOSÍAS

A. EL LIBRO DE LA ALIANZA

Comienzo del reinado de Josías en Judá (639–609)

222 R1Josías tenía ocho años cuando empezó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yedidá, y era hija de Adaías, de Bascat. 2Hizo lo recto a los ojos del Señor, y siguió en todo los caminos de su padre David sin apartarse a derecha o a izquierda.

Hallazgo del libro de la Ley

3El año decimoctavo del rey Josías, éste envió al escriba Safán, hijo de Asalías, hijo de Mesulam, al Templo del Señor encargándole:

4—Sube hasta Jilquías, el sumo sacerdote, y que prepare el dinero depositado en el Templo del Señor, el que los guardias de las puertas han ido recogiendo del pueblo. 5Que lo pongan a disposición de los supervisores de los trabajos en el Templo del Señor, y que lo entreguen a quienes realizan los trabajos en el Templo del Señor, para reparar los desperfectos del Templo 6—a los carpinteros, constructores, albañiles— y lo destinen a comprar madera y piedra tallada con objeto de reparar el Templo. 7No se les controlará el dinero que se ponga a su disposición, pues actúan con honradez.

8El sumo sacerdote Jilquías dijo al escriba Safán:

—He encontrado en el Templo del Señor el libro de la Ley.

Y Jilquías entregó el libro a Safán, que lo leyó. 9Safán llevó el libro al rey y le expuso lo sucedido. Le dijo:

—Tus siervos han entregado el dinero que había en el Templo, y lo han puesto a disposición de los supervisores de los trabajos en el Templo del Señor.

10El escriba Safán informó al rey diciéndole:

—El sacerdote Jilquías me ha dado un libro.

Y Safán lo leyó delante del rey.

Oráculo de la profetisa Juldá

11Cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras 12e inmediatamente dio órdenes al sacerdote Jilquías, a Ajicam, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Miqueas, al escriba Safán y a Asaías, un siervo del rey, diciéndoles:

13—Vayan y consulten al Señor acerca de mí, del pueblo y de todo Judá, con respecto a las palabras de este libro que ha sido encontrado, pues es enorme la cólera del Señor que se ha encendido contra nosotros, ya que nuestros padres no obedecieron las palabras de este libro obrando en todo tal como se nos dejó escrito.

14El sacerdote Jilquías, Ajicam, Acbor, Safán y Asaías subieron adonde estaba la profetisa Juldá, esposa de Salum, hijo de Ticvé, hijo de Jarjás, el encargado del vestuario. Ella vivía en Jerusalén en el segundo distrito. Hablaron con ella, 15y les dijo:

—Esto dice el Señor, Dios de Israel: «Anuncien al hombre que los ha enviado hasta mí: 16“Esto dice el Señor: he aquí que voy a traer la desgracia a este lugar y a sus habitantes, según todas las palabras que ha leído el rey de Judá. 17Porque me abandonaron a mí y quemaron incienso a otros dioses haciendo que me irrite con todas las obras de sus manos. Mi ira se encenderá en este lugar y no se ha de apagar”. 18Al rey de Judá que los ha enviado a consultar al Señor le comunicarán esto: “Así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de las palabras que has escuchado: 19puesto que se te ha estremecido el corazón y te has humillado ante el Señor al oír lo que he dicho contra este lugar y sus habitantes, y que iba a convertirlos en causa de estupor y maldición, y has rasgado tus vestiduras y llorado ante mí, también yo te he escuchado, oráculo del Señor. 20Por eso haré que te reúnas con tus padres y alcances tu sepulcro en paz; tus ojos no verán toda la desgracia que yo voy a traer a este lugar”».

Ellos llevaron la respuesta al rey.

Lectura solemne del libro de la Alianza

232 R1El rey envió emisarios, y todos los ancianos de Judá y Jerusalén se reunieron junto a él. 2Luego el rey subió al Templo del Señor junto con todos los hombres de Judá y todos los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el más pequeño al mayor. Entonces leyó a oídos de todos las palabras del libro de la alianza que había sido encontrado en el Templo del Señor. 3El rey permaneció en pie sobre el estrado y estableció delante del Señor la alianza de caminar tras el Señor y guardar sus mandatos, sus preceptos y sus decretos con todo el corazón y con toda el alma y cumplir las palabras de esta alianza escritas en dicho libro. Todo el pueblo aceptó la alianza.

B. APLICACIÓN DE LA LEY DE LA ALIANZA
Y MUERTE DE JOSÍAS

Desaparición de los cultos idolátricos

4El rey ordenó al sumo sacerdote Jilquías, a los sacerdotes de segundo rango y a los guardias de las puertas sacar del Santuario del Señor todos los objetos fabricados para Baal, para Aserá y para todo el ejército de los cielos, y los hizo quemar fuera de Jerusalén en los campos del Cedrón. Luego llevó sus cenizas a Betel. 5Suprimió a los sacerdotes paganos que habían establecido los reyes de Judá para quemar incienso en los lugares altos de las ciudades de Judá y de los alrededores de Jerusalén, y también a los que quemaban incienso al sol, la luna, los astros o a todo el ejército de los cielos. 6Hizo sacar a Aserá del Templo del Señor fuera de Jerusalén al valle del torrente Cedrón y allí la quemó reduciéndola a cenizas; luego esparció las cenizas sobre las tumbas de la gente del pueblo. 7Demolió las estancias de hieródulos que había en el Templo del Señor, donde las mujeres tejían velos para Aserá.

8Trajo a todos los sacerdotes de las ciudades de Judá y profanó los lugares altos, desde Gueba hasta Berseba, en los que los sacerdotes quemaban incienso. Destruyó los lugares altos de las puertas que estaban ante la puerta de entrada que abrió Josué, gobernador de la ciudad, a la izquierda de la puerta de la ciudad. 9Pero los sacerdotes de los lugares altos no subían al altar del Señor en Jerusalén, sino que comían los panes ácimos entre sus hermanos. 10También profanó el Tófet, que estaba en el valle de Ben–Hinom, para que nadie pasara por el fuego a su hijo o a su hija ofreciéndolo a Moloc. 11Suprimió los caballos que los reyes de Judá habían ofrecido al sol en la entrada del Templo del Señor junto al aposento de Netán–Mélec, el eunuco, que estaba en los patios, y quemó con fuego los carros dedicados al sol. 12El rey demolió los altares que había en la terraza alta de Ajaz, que habían construido los reyes de Judá, y los altares que construyó Manasés en los dos atrios del Templo del Señor; los trituró allí y arrojó sus restos al valle del Cedrón. 13El rey profanó también los lugares altos que había enfrente de Jerusalén, a la derecha del monte de la Perdición, que había levantado Salomón, rey de Israel, en honor de Astarté, abominación de los sidonios, en honor de Camós, abominación de Moab, y en honor de Milcom, ídolo de los moabitas. 14Destruyó las estelas, cortó las aserás y llenó sus emplazamientos de huesos humanos.

15Demolió también el altar que había en Betel y el lugar alto que había construido Jeroboam, hijo de Nebat, el que hizo pecar a Israel; demolió el altar y el lugar alto. Quemó el lugar alto reduciéndolo a ceniza, y quemó también la Aserá. 16Josías se volvió y vio los sepulcros que había allí en la montaña. Mandó tomar los huesos de los sepulcros y los quemó sobre el altar; así lo profanó según la palabra del Señor proclamada por el hombre de Dios que había predicho estas cosas. 17Entonces preguntó:

—¿Qué es aquel monumento que veo?

Le respondieron los hombres de la ciudad:

—Es el sepulcro del hombre de Dios que vino de Judá, y pronunció aquellas palabras que tú has cumplido sobre el altar de Betel.

18Dijo entonces:

—Déjenlo en paz. Que nadie remueva sus huesos.

Ellos dejaron intactos los huesos junto a los del profeta que había venido de Samaría. 19Josías hizo desaparecer también todos los templetes de los lugares altos que había en las ciudades de Samaría, construidos por los reyes de Israel para irritar gravemente al Señor. Hizo con ellos lo mismo que había hecho en Betel. 20Sacrificó sobre los altares a todos los sacerdotes de los lugares altos, y quemó sobre ellos huesos humanos. Después retornó a Jerusalén.

Celebración de la Pascua

21El rey dio órdenes a todo el pueblo diciendo:

—Celebren la Pascua en honor del Señor, Dios nuestro, según está escrito en este libro de la alianza.

22Pues no había sido celebrada una Pascua como ésta desde los días en que los jueces gobernaban Israel, ni durante el tiempo de los reyes de Israel ni de los de Judá. 23Solamente el año decimoctavo del rey Josías fue celebrada esta Pascua en Jerusalén en honor del Señor.

Resumen del reinado de Josías

24Josías hizo desaparecer también a los espiritistas, los adivinos, los terafim, los ídolos y todas las abominaciones que pudieran verse en el país de Judá y en Jerusalén, a fin de poner en práctica las palabras de la Ley escritas en el libro que encontró el sacerdote Jilquías en el Templo del Señor. 25No hubo antes que él un rey semejante, que se convirtiera al Señor con todo su corazón, con toda su alma y con toda su fuerza, según la Ley de Moisés; ni surgió otro igual después de él.

26Con todo, el Señor no se volvió atrás del gran furor de su ira que se había encendido contra Judá por todas las provocaciones con que le provocó Manasés. 27Y el Señor decretó sobre Judá:

—La arrojaré de mi presencia como arrojé a Israel. Rechazaré a esta ciudad que había elegido, Jerusalén, y el Templo del que había dicho: «Allí estará mi nombre».

Muerte de Josías

28El resto de los hechos de Josías y todo lo que hizo ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

29En sus días el faraón Necó, rey de Egipto, subió en ayuda del rey de Asiria hasta el río Éufrates. El rey Josías fue a su encuentro y aquél le mató en Meguido, en cuanto lo vio. 30Sus siervos lo subieron muerto al carro, lo llevaron de Meguido a Jerusalén, y lo enterraron en su sepulcro. El pueblo llano tomo a Joacaz, hijo de Josías, lo ungieron y lo proclamaron rey en lugar de su padre.

IX. SUCESORES DE JOSÍAS Y DESTIERRO EN BABILONIA

A. JOACAZ, YOYAQUIM, YOYAQUÍN Y SEDECÍAS,
ÚLTIMOS REYES EN JERUSALÉN

Reinado de Joacaz en Judá (609)

31Joacaz tenía veintitrés años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamutal, hija de Jeremías, y era de Libná. 32Hizo lo malo a los ojos del Señor en todo, tal como lo habían hecho sus padres. 33El faraón Necó lo hizo prisionero en Riblá, el país de Jamat, para que no reinase en Jerusalén, e impuso al país el pago de cien talentos de plata y uno de oro. 34El faraón Necó nombró rey a Eliaquim, hijo de Josías, en lugar de su padre Josías, y le cambió el nombre por el de Yoyaquim. A Joacaz lo apresó y lo llevó a Egipto donde murió. 35Yoyaquim entregó al faraón el oro y la plata imponiendo tributos al país para pagar la cantidad dispuesta por el faraón. Exigió al pueblo llano, a cada uno según su condición, el oro y la plata para entregarlos al faraón Necó.

Reinado de Yoyaquim en Judá (608–598)

36Yoyaquim tenía veinticinco años cuando empezó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Zebudá, hija de Pedaías, y era de Rumá. 37Hizo lo malo a los ojos del Señor en todo, tal como lo habían hecho sus padres.

242 R1Durante su reinado subió Nabucodonosor, rey de Babilonia, y Yoyaquim fue su siervo durante tres años; pero luego cambió y se rebeló contra él. 2El Señor mandó en su contra las bandas armadas de los caldeos, las de Siria, las de Moab y las de los amonitas. Las envió contra Judá para destruirla, conforme a la palabra que el Señor había pronunciado por medio de sus siervos los profetas. 3Esto le sucedía a Judá solamente por la disposición del Señor de quitarla de su presencia a causa de todos los pecados que había cometido Manasés; 4y también por la sangre inocente que había derramado llenando de ella a Jerusalén. El Señor no quiso perdonar.

5El resto de los hechos de Yoyaquim y todo lo que hizo ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 6Yoyaquim fue a descansar con sus padres y en su lugar reinó su hijo Yoyaquín.

7El rey de Egipto ya no volvió a salir de su país, pues el rey de Babilonia había tomado todo lo que le pertenecía al rey de Egipto, desde el torrente de Egipto hasta el río Éufrates.

Reinado de Yoyaquín y primera deportación (597)

8Yoyaquín tenía dieciocho años cuando comenzó a reinar y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, y era de Jerusalén. 9Hizo lo malo a los ojos del Señor en todo, tal como lo había hecho su padre. 10En aquel tiempo los soldados de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron y pusieron sitio a la ciudad. 11Luego llegó Nabucodonosor, rey de Babilonia, frente a la ciudad, mientras sus soldados estrechaban el cerco sobre ella. 12Yoyaquín, rey de Judá, salió hacia el rey de Babilonia junto con su madre, sus siervos, sus jefes y sus eunucos, y éste lo tomó prisionero. Era el año octavo de su reinado.

13Se llevó de allí todos los tesoros del Templo del Señor y los del palacio del rey. Hizo añicos todos los objetos de oro que había fabricado Salomón, rey de Israel, para el Santuario del Señor. Sucedió tal como lo había dicho el Señor. 14Llevó cautiva a Jerusalén entera, a todos los jefes y a todos los guerreros valientes; hizo diez mil cautivos, todos los herreros y cerrajeros. No dejó más que al pueblo llano pobre. 15Llevó cautivo a Yoyaquín, a la madre del rey, a sus esposas, eunucos y a los hombres importantes del país; los llevó a la cautividad desde Jerusalén a Babilonia. 16A todos los varones fuertes, siete mil, a los herreros y cerrajeros, mil, a todos los guerreros que podían pelear, el rey de Babilonia los llevó a la cautividad de Babilonia.

17El rey de Babilonia nombró rey, en lugar de Yoyaquín, a su tío Matanías y le cambió el nombre por el de Sedecías.

Reinado de Sedecías (597–587)

18Sedecías tenía veintiún años cuando empezó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamutal, hija de Jeremías, y era de Libná. 19Hizo lo malo a los ojos del Señor en todo, tal como lo había hecho Yoyaquín. 20Esto les sucedió a Jerusalén y a Judá por la ira del Señor, hasta el punto que llegó a arrojarlos de su presencia. Más tarde Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.

B. MUERTE DE SEDECÍAS Y SAQUEO DE JERUSALÉN.
DEPORTACIÓN MASIVA

Sitio de Jerusalén y apresamiento de Sedecías

252 R1El año noveno de su reinado, el día diez del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén, la sitiaron y construyeron fortificaciones alrededor de ella. 2La ciudad cercada resistió hasta el año undécimo del rey Sedecías. 3Pero el día nueve del cuarto mes el hambre arreciaba en la ciudad y no había alimento para el pueblo llano. 4Entonces fue abierta una brecha en la muralla de la ciudad y todos los soldados huyeron durante la noche por el camino abierto entre los dos muros que hay junto al jardín real, mientras los caldeos rodeaban la ciudad. Aquéllos marcharon por el camino de la Arabá, 5pero el ejército de los caldeos emprendió la persecución tras el rey, y lo alcanzaron en las llanuras de Jericó. Entonces todo su ejército huyó de su lado. 6Capturaron al rey y lo condujeron al rey de Babilonia, a Riblá, donde pronunciaron sentencia contra él. 7Degollaron a los hijos de Sedecías ante sus propios ojos. Luego hizo sacarle los ojos a Sedecías, lo mandó atar con cadenas de bronce y lo hizo conducir a Babilonia.

Jerusalén devastada y segunda deportación

8El día siete del mes quinto del año diecinueve del rey Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nebuzaradán, jefe de la escolta y servidor del rey de Babilonia, entró en Jerusalén. 9Incendió el Templo del Señor y el palacio real, y prendió fuego a todas las casas de Jerusalén y a todos los edificios importantes. 10Toda la tropa de los caldeos, al mando del jefe de la escolta, demolió las murallas alrededor de Jerusalén.

11Al resto del pueblo que había permanecido en la ciudad, a los prófugos que se habían pasado al rey de Babilonia y a la demás gente, Nebuzaradán, jefe de la escolta, los llevó cautivos. 12Pero del pueblo llano pobre, el jefe de la escolta dejó a algunos como viñadores y labradores.

13Los caldeos demolieron las columnas de bronce, las basas y el mar de bronce que estaban en el Templo del Señor, y se llevaron el bronce a Babilonia. 14Se llevaron también las ollas, las paletas, los cuchillos, las cucharas y todos los utensilios de bronce que se empleaban. 15El jefe de la escolta se llevó los braseros y los aspersorios, lo que era de oro puro y plata pura. 16Las dos columnas, el mar y las basas que había hecho Salomón para el Templo del Señor, así como todos aquellos utensilios tenían un peso en bronce incalculable. 17Una columna tenía dieciocho codos de altura, y sobre ella un capitel de bronce cuya altura era de tres codos, con una red de granadas en torno al capitel, todo de bronce. E igual que ésta era la segunda columna con la red.

18El jefe de la escolta apresó a Seraías, sacerdote principal, a Sofonías, segundo sacerdote, y a tres guardianes de las puertas. 19De entre los de la ciudad apresó también a un eunuco supervisor de los soldados, a cinco de los hombres influyentes ante el rey que se encontraban en la ciudad, al escriba del jefe que alistaba para la guerra, al pueblo llano y a sesenta hombres de entre el pueblo llano que se encontraban en la ciudad. 20Nebuzaradán, jefe de la escolta, los apresó y los llevó ante el rey de Babilonia a Riblá. 21El rey de Babilonia los hirió y mató en Riblá, en el país de Jamat. Así llevó a Judá al destierro, lejos de su tierra.

C. DESPUÉS DE LA DEPORTACIÓN

Godolías gobernador de Judá

22Sobre el pueblo que quedó en el país de Judá —el que Nabucodonosor, rey de Babilonia, hizo permanecer allí— nombró gobernador a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán. 23Cuando todos los jefes del ejército se enteraron de que el rey de Babilonia había nombrado gobernador a Godolías, ellos y sus hombres fueron adonde estaba Godolías en Mispá: Ismael, hijo de Netanías, Yojanán, hijo de Caréaj, Seraías, hijo de Tanjúmet, el natufita, y Yaazanías, hijo del maacatita. 24Godolías prestó juramento ante ellos y sus hombres, y les dijo:

—No teman a los siervos de los caldeos. Permanezcan en la tierra y sirvan al rey de Babilonia; así les irá bien.

Asesinato de Godolías

25Al séptimo mes, Ismael, hijo de Netanías, hijo de Elisamá, de estirpe real, vino con diez hombres e hirió a Godolías, que murió, y lo mismo a los judíos y caldeos que estaban con él en Mispá. 26Entonces toda la gente, desde el más pequeño al mayor, y los jefes del ejército se levantaron y se marcharon a Egipto porque tuvieron miedo de los caldeos.

Indulto del rey Yoyaquín en Babilonia

27El año treinta y siete del cautiverio de Yoyaquín, rey de Judá, el día veintisiete del mes duodécimo, Evil–Merodac, rey de Babilonia, el año en que comenzó su reinado, indultó a Yoyaquín, rey de Judá, sacándole de la cárcel. 28Le habló con benevolencia, y puso su trono por encima del de los reyes que estaban con él en Babilonia. 29Le cambió los vestidos que había llevado en la cárcel, y Yoyaquín comió siempre en su compañía todos los días de su vida. 30Su ración permanente le fue asignada por el rey día a día, todos los días de su vida.