COMENTARIO
Dos hechos distinguen el reinado de Ajaz: su inclinación a los cultos paganos practicando un sincretismo religioso (vv. 3-4.10-18), y su alianza con Asiria contribuyendo a la caída primero de Damasco y después de Samaría (vv. 5-9).
En el aspecto religioso, el juicio del autor sagrado sobre Ajaz es doblemente negativo: no sólo se recuerda que llegó a cometer las peores abominaciones prohibidas por la Ley (v. 3; cfr Lv 18,21; Dt 12,31), sino que se detalla cómo cambió el altar y el mar de bronce del Templo de Jerusalén puestos por Salomón (cfr 1 R 8,64; 9,25) para colocar otros semejantes a los que tenían los gentiles.
La alianza con Asiria viene motivada por la coalición de Israel y Siria contra Judá, intentando conquistar Jerusalén y poner allí como rey al hijo de Tabel, que no pertenecía a la dinastía de David (cfr Is 7,6). El profeta Isaías era contrario a aquella alianza con Asiria, y fue precisamente en esa situación cuando pronunció sus profecías sobre el auxilio de Dios a Jerusalén y la continuidad de la dinastía davídica (cfr Is 7-8), dando como señal el célebre oráculo sobre el nacimiento de un hijo de estirpe real (cfr Is 7,14). Ajaz, sin embargo, no escuchó la voz del profeta.
En el v. 6, por conjetura crítica, algunas versiones cambian «Siria», Aram, por «Edom», y «sirios», eromim, por «idumeos», edomim. La razón del cambio es de carácter geográfico: Siria estaba muy lejos de Elat (en el golfo nordoriental del Mar Rojo), mientras que Edom era colindante.
La importancia del reinado de Ajaz, según la Biblia, no está en su política, aunque globalmente considerada fue un acierto pues salvó a Judá de la destrucción que Asiria llevó a cabo sobre otros pueblos como Siria e Israel, ni tampoco en su conducta religiosa, pues desconfía del Dios de sus padres y de las promesas. El reinado de Ajaz es importante en la Biblia porque durante él Dios prometió a través de Isaías el nacimiento del Emmanuel (cfr Is 7,14; Mt 1,22-23).