COMENTARIO

 2 R 17,24-41 

El traslado de la población de unas regiones a otras era parte de la política asiria para evitar levantamientos. El nombre de la ciudad Samaría, se hace ahora extensible a todo el territorio conquistado. La población israelita sigue siendo sin duda el núcleo más numeroso y sigue practicando el culto al Señor, el Dios de sus padres. El redactor del libro, sin embargo, no considera ya a los samaritanos pertenecientes al pueblo de Israel. Según él, incluso los que de entre ellos siguen dando culto al Dios de Israel en Betel no son israelitas: si adoran al Señor es por la necesidad que tienen a causa de los leones (vv. 25-28) que, en efecto, abundarían al quedar deshabitada la tierra. La condición religiosa de los samaritanos que, por otra parte, siempre reivindicaron ser ellos los verdaderos continuadores de la tradición patriarcal y mosaica, es considerada por el redactor de 2 R un burdo sincretismo; para él, ni son ya descendientes de Jacob, ni mantienen la Alianza del Éxodo (vv. 34-40). Tal aversión hacia los samaritanos continúa entre los judíos hasta la época de Jesucristo, como se refleja en Jn 4,9. Sin embargo, también a ellos se dirige Jesús y se les anuncia luego el mensaje del Evangelio (cfr Hch 8,4-25).

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