COMENTARIO
La conducta religiosa de este rey es muy buena; el autor sagrado la compara a la de David. Es el tercer rey de Judá equiparable en ese sentido a él: los otros fueron Asá en 1 R 15,11 y Josafat en 1 R 22,43, pero éstos no habían destruido los lugares de culto al Señor diseminados por Judea. Ezequías lo hizo, e incluso se atrevió a destruir la serpiente de bronce que mandara hacer Moisés (cfr Nm 21,4-9) porque la habían convertido en una especie de ídolo dándole un nombre propio, «Nejustán». Aunque no significa otra cosa que «serpiente de bronce», aquel nombre indicaba que era considerada como un dios, olvidándose del Señor (cfr Sb 16,6).
La confianza en Dios, en la que ningún otro rey igualó a Ezequías —de Josías se dirá algo parecido en cuanto a la observancia de la Ley (cfr 23,25)—, fue premiada con los éxitos militares que Dios le concedió (vv. 7-8).