COMENTARIO

 2 R 18,13-37 

¿Cómo había sido posible que Jerusalén se librase de caer en manos de Asiria, cuando ciudades más fuertes que ella, como Damasco y Samaría, habían sucumbido? El autor de 2 R da la respuesta con una exposición de los hechos que llega hasta 19,37, y que aparece asimismo recogida al pie de la letra en Is 36,1-37,38: Jerusalén fue salvada de la amenaza de Senaquerib milagrosamente.

En los anales asirios del rey Senaquerib, que describen su campaña del año 701 a.C. contra Fenicia, Judá y Egipto, se recuerda la conquista por parte de Senaquerib, hijo de Sargón, de algunas ciudades de Judá y el tributo que pagó Ezequías (vv. 13-16). Ahí se dice que Ezequías fue hecho «prisionero en Jerusalén como un pájaro en su jaula», pero no hay noticia de que la ciudad fuera conquistada.

Es significativo que la amenaza se hace precisamente desde el mismo lugar en el que el profeta Isaías había conminado al rey Ajaz a confiar en el Señor y no en la alianza con Asiria (v. 17 cfr Is 7,3). La coincidencia del lugar recuerda la promesa de Dios por medio del profeta.

El comandante asirio, hombre de la casa del rey, emplea magistralmente la guerra psicológica, intentando quebrantar primero la confianza de Ezequías en Egipto, después la del pueblo en el rey, y, en consecuencia, en el Señor, su Dios. Para ello quiere aprovechar los posibles resentimientos que pudieran tener algunos contra Ezequías por haber eliminado los lugares de culto que existían en el país (cfr 18,3-4). Realmente el ejército de Judá apenas podía ofrecer resistencia al de Asiria, ni podía esperar ayuda de fuera. La situación era realmente dramática.

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