COMENTARIO

 2 R 21,1-18 

Manasés fue el rey que más tiempo permaneció en el trono de Judá (v. 1), sin duda como vasallo de Asiria. Desde el punto de vista religioso, que es el único que parece interesar al autor sagrado, fue totalmente contrario a la reforma religiosa que había emprendido su padre. Su reinado fue tan desastroso en ese aspecto que por su causa Dios decidió la ruina de Jerusalén (vv. 11-15). Su conducta es descrita a la luz de la reflexión hecha por el autor de 2 R tras la caída de Samaría (cfr 17,7-23).

Entre la sangre inocente derramada por Manasés la tradición judía entendió que estaba la de Isaías. Así aparece en una obra posterior conocida como La ascensión de Isaías en la que se narra su martirio a manos de Manasés, que ordenó aserrarlo con una sierra de madera. A ello parece hacer alusión el autor de la Carta a los Hebreos (cfr Hb 11,37). Por otra parte, según 2 Cro 33,11-20, Manasés fue llevado cautivo a Babilonia y se convirtió de sus pecados; después se esforzó en reparar el mal que había hecho.

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