COMENTARIO

 2 R 23,4-30 

Estamos ante uno de los hechos más desconcertantes de los libros de los Reyes e incluso de toda la historia deuteronomista: el que un rey tan piadoso y fiel al Señor (v. 25) como Josías, precisamente el que lleva a cabo la mayor reforma religiosa, termine su vida de forma sangrienta a manos de sus enemigos (v. 29). A lo largo de la historia de los Reyes y del Deuteronomio subyace la constante de que a quien es fiel al Señor le acompaña el éxito y largos días, mientras que los que se apartan de Él reciben el castigo merecido. Con Josías se quiebra esa convicción de manera irreparable. Pero el autor de 2 R pasa de prisa, sin ningún comentario, la muerte de este rey, que no encaja en el esquema doctrinal que domina su obra. Serán otros autores bíblicos, inspirados también por Dios, quienes se plantearán el misterio del sufrimiento del hombre inocente; así el autor de los Cantos del Siervo del libro de Isaías, el autor del libro de Job, o el del Eclesiastés. Pero la respuesta clara de Dios a esos interrogantes sólo llegará con nuestro Señor Jesucristo, con su muerte en la Cruz y su resurrección.

Volver a 2 R 23,4-30