COMENTARIO

 2 R 23,4-20 

El redactor de 2 R no sigue un orden preciso en la descripción de la actividad antiidolátrica de Josías, pero nos deja un muestrario bastante completo de la diversidad de cultos, algunos de ellos aberrantes, que existían en Judá y Jerusalén durante la época de la monarquía. De esta manera el lector puede entender la manera de actuar de Dios con Judá y Jerusalén, permitiendo las desgracias que ya se avecinan (cfr 23,26).

El cuadro de degradación religiosa (culto a la diosa Astarté —Aserá—, prostitución sagrada —hieródulos—, etc.) con el que se encontraba Josías nos da idea de hasta dónde pudo llegar la infidelidad de Judá, aun contando con la Ley de Moisés, la Alianza con Dios y las promesas de David. De esta infidelidad del pueblo que llevó a la caída de Jerusalén y a la destrucción del Templo, algunos autores extrajeron una aplicación espiritual: «Así como en otro tiempo Dios, irritado contra los judíos, entregó a Jerusalén a la afrenta de sus enemigos, y sus adversarios los sometieron, de modo que ya no quedaron en ella ni fiestas ni sacrificios, así también ahora, airado contra el alma que quebranta sus mandatos, la entrega en poder de los mismos enemigos que la han seducido hasta afearla» (S. Macario, Homiliae spirituales 28,1).

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