COMENTARIO
Llegamos al trágico desenlace de la historia de Judá y de Jerusalén, que ya había sido anunciado por el profeta Isaías (cfr 20,17-18), y decidido inexorablemente por Dios ante la perversidad de Manasés (cfr 21,11-15). Ni siquiera la fidelidad de Josías cambiará aquella decisión divina (cfr 23,27).