COMENTARIO

 2 R 23,31-24,20 

Desde el punto de vista socio–político la caída de Jerusalén y el destierro se deben a la torpe actuación de estos reyes, que oscilan entre la sumisión a Babilonia o a Egipto. Pero el autor sagrado contempla una causa más profunda y real: la voluntad de Dios de corregir a su pueblo (24,3).

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