COMENTARIO
Al subir al trono, el nuevo rey de Babilonia en el año 562 a.C. decreta una amnistía que afecta al rey Yoyaquín. También los archivos babilónicos de la época dan noticia de Yoyaquín, de cinco de sus hijos y de las raciones que tenían asignadas. El autor de 2 R resalta que, aunque vasallo, Yoyaquín es considerado en la corte de Babilonia un verdadero y legítimo rey de Judá. De Sedecías ya no se dice nada. En el conjunto de la historia de 1-2 R, este reconocimiento del rey de Judá significa que sigue perdurando la dinastía davídica y que, aunque está en el destierro, no se ha de perder la esperanza en que Dios cumplirá la promesa hecha a David (cfr 2 S 7).
Es probable que sea precisamente esa esperanza la que el autor de 1-2 R ha querido infundir en el lector de su obra, aunque tal como se describe la situación no parece vislumbrar ningún futuro a la descendencia de David; ni siquiera menciona a los hijos de Yoyaquín. Pero la historia de los Reyes muestra a todo lector de la Biblia que, a pesar de aquellos desastres, Dios no abandonó a su pueblo, sino que le aplicó un castigo saludable encaminado a un nuevo recomenzar a partir del destierro. Al lector cristiano, en concreto, esa historia le muestra además que queda abierto el camino para que el futuro de salvación, sólo presente en los planes de Dios, llegue a realizarse y se manifieste a través de Jesús de Nazaret, reconocido y proclamado como el Mesías, el Hijo de David.