COMENTARIO
Dentro de la familia levítica ocuparon un puesto relevante los cantores, necesarios en el culto de después del destierro a Babilonia (cfr cap. 25). Aquí se señala que David en persona les encomendó la dirección del canto (vv. 16-17) y que, por tanto, había instituido este ministerio para siempre. Por otra parte, en la lista aparecen como descendientes de Leví los tres grandes sabios a los que se atribuye la composición de algunos salmos (cfr 1 R 5,11; Sal 89,1): Hemán (vv. 18-23), Asaf (vv. 24-28) y Etán (vv. 29-32). De esta manera los cantores adquirieron una altísima dignidad como sabios, como compositores de salmos y hasta dotados de funciones proféticas (cfr 25,2).
Además de dirigir el canto, los levitas de grado inferior ayudaban en todos los servicios del Templo (cfr Nm 3,9) a los sacerdotes, que eran los encargados de las ofrendas y los sacrificios (vv. 33-34).