COMENTARIO

 1 Cro 9,1-44 

Este capítulo, que cierra la primera parte del libro dedicada a los antepasados de David, contiene unas listas de descendientes de Judá y Benjamín (vv. 4-16) casi idénticas a las de Ne 11,3-19. A continuación, enumera a los levitas porteros, con la descripción de sus funciones (vv. 17-34), y la genealogía de Saúl (vv. 35-44), reseñada en el capítulo anterior (8,33-40).

Pero antes de estas últimas genealogías hay una breve introducción (vv. 1-3) con los puntos doctrinales que vertebran la orientación religiosa del libro: en primer lugar, las listas aquí contenidas no son invención del autor, puesto que «todos los israelitas» (v. 1), literalmente «todo Israel», estaban inscritos en el libro de los Reyes. Esto significa que entre los que regresaron del destierro y los protagonistas de la historia antigua no hay ruptura. En segundo lugar, el destierro es interpretado como castigo por las infidelidades de los propios deportados, no de sus antepasados. Resplandece de esta manera la doctrina de la retribución personal e inmediata. Por último, Jerusalén es la capital donde residen tanto las tribus del sur (Judá y Benjamín) como las del norte (Efraím y Manasés). Se quiere certificar que se ha alcanzado la unidad, el «todo Israel», y que se ha superado toda división entre los reinos antiguos.

Volver a 1 Cro 9,1-44