COMENTARIO

 1 Cro 13,1-16,43 

Siguiendo el relato del libro de Samuel (cfr 2 S 5,1-6,23), después de haber erigido Jerusalén como capital política, David le confirió también el rango de capital religiosa. Éste es el sentido del traslado del Arca de Dios a Jerusalén.

Pero el Cronista subraya en esta historia su particular orientación doctrinal. En primer lugar, la unidad del pueblo: «toda la asamblea» y «todo Israel» (cfr 13,2.4-6; 15,3.28; 16,3.43) aprueba sin excepción las decisiones del monarca. En segundo lugar, la ejemplar personalidad de David: no busca el provecho personal en la posesión del Arca (13,13), es apreciado por sus vecinos de Tiro (14,1-2), bendecido por Dios con numerosos hijos (14,3-7) y temido por sus enemigos, los filisteos (14,8-17). En tercer lugar, la importancia del culto y del Templo (15,1-16,43): el traslado del Arca se convierte en una liturgia extraordinaria con el protagonismo de levitas y sacerdotes, preámbulo y hasta prototipo de las ceremonias que habrán de tener lugar en el futuro Templo, una vez que regresen del destierro de Babilonia.

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