COMENTARIO
En estos episodios, tomados de 2 S 5,11-25, David es respetado y temido por los reyes extranjeros (vv. 1.17), pero sobre todo es el rey piadoso que reconoce la soberanía del Señor (v. 2) y cumple escrupulosamente la Ley al mandar destruir los ídolos de los filisteos (v. 12). La orden de quemar los ídolos, que no aparece en el libro de Samuel, es muy significativa para el Cronista, luchador infatigable contra la idolatría y defensor de la adoración al único Dios verdadero: «Adorar a Dios es reconocer, con respeto y sumisión absolutos, la “nada de la criatura”, que sólo existe por Dios. (…) La adoración del Dios único libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2097).