COMENTARIO

 1 Cro 16,1-43 

Los levitas que habían trasladado el Arca reciben del mismo David el encargo de organizar el servicio litúrgico y el canto. Queda así establecido el estatuto de los levitas, como punto de referencia para los que vengan después, también para los que vivían cuando se compuso este libro.

«Celebrar, dar gracias y alabar al Señor» (v. 4) son tres elementos esenciales de la liturgia que estructuran también el salmo que viene a continuación. Celebrar es recordar gozosamente los prodigios del Señor (vv. 12.15); dar gracias es reconocer al Señor en sus obras (vv. 8.34.35); alabarle es participar de su gloria, gloriarnos en Él (vv. 10.25.36). En la liturgia cristiana, como respuesta de fe y de amor a las bendiciones espirituales que Dios Padre nos da, «la Iglesia, unida a su Señor y “bajo la acción del Espíritu Santo” (Lc 10,21) bendice al Padre “por su don inefable” (2 Co 9,15) mediante la adoración, la alabanza y la acción de gracias» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1083).

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