COMENTARIO

 1 Cro 21,1 

«Satán» es el personaje que incita a los hombres al mal. El libro de Crónicas refleja una etapa muy avanzada de la revelación sobre el diablo y sobre los ángeles. En libros anteriores la palabra hebrea satán designa en general a todo adversario (cfr 1 R 5,18; 11,14-23) o al que engaña (cfr 1 R 22,19-23); todavía en Jb 1,6-12; 2,1-10 hace este papel de acusador ante el Señor y en Za 3,1 acusa ante Dios al sacerdote. Pero aquí satán, sin artículo, es nombre propio: «El que maquina el mal contra los hombres». En el Nuevo Testamento se designa con el nombre griego de «diablo» al mismo que urde las tentaciones al Señor (cfr Mt 4,1-11; cfr Lc 4,1-13) y ejerce la posesión de los endemoniados. La doctrina cristiana es clara sobre el carácter personal del diablo y sobre su intención de inducir a los hombres al pecado. «“Satanás, el seductor del mundo entero” (Ap 12,9) es aquél por medio del cual el pecado y la muerte entraron en el mundo, y por cuya definitiva derrota, toda la creación entera será “liberada del pecado y de la muerte” (MR, Plegaria Eucarística IV)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2852).

«El ángel», en cambio, es el cumplidor fiel de los mandatos divinos (vv. 12.15-16.20.30). En este episodio ha de ejecutar el castigo impuesto por Dios, por lo que se le denomina también «ángel exterminador» (v. 15; cfr Ex 12,23), y atemoriza a los hombres (v. 30). Dios interviene en los asuntos humanos a través de sus ángeles: «De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles» (ibidem, n. 334).

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