COMENTARIO

 2 Cro 2,1-17 

El pacto de Salomón con el rey de Tiro (cfr 1 R 5,15-32) es promovido para dar al Templo la dignidad extraordinaria que se merece: «Ha de ser grande porque es grande nuestro Dios, más que todos los dioses» (v. 4). Debe ser edificado por los artesanos más expertos y han de emplearse los mejores materiales. En su construcción se tendrán en cuenta, para darles cumplimiento, los datos detallados en la descripción del Santuario del desierto (Ex 25,1-31,18) y en la del Templo de Ezequiel (Ez 40,1-48,35).

El rey de Tiro reconoce la sabiduría de Salomón (vv. 10-15), no por los aciertos de un gobierno todavía incipiente, sino por la decisión de edificar un Templo para el Señor (v. 11). Cuando Jesús hable de la destrucción–reconstrucción del Templo como imagen de su muerte–resurrección hará una interpretación sublime de la centralidad del Templo en el Israel de esta época en que se escribe el libro de las Crónicas, dando a entender que el centro auténtico de la vida del pueblo de Dios es Él, Jesús, el Salvador (cfr Jn 2,19-21).

El nombre del rey de Tiro es Jiram (cfr 1 R 5,15.22.25.32; 9,11.14 etc.), aunque en el texto hebreo de Crónicas se le denomina habitualmente Juram; nosotros hemos preferido utilizar el mismo nombre que en el libro de los Reyes, para evitar equívocos.

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