III. REINADO DE SALOMÓN

La sabiduría concedida por Dios a Salomón

12 Cro1Salomón, hijo de David, se consolidó en su reino. El Señor, su Dios, estaba con él y lo engrandeció en extremo. 2Salomón se dirigió a todo Israel, a los jefes de mil y a los de cien, a los jueces y a todos los príncipes de Israel y a los cabezas de familia. 3Luego Salomón se encaminó con toda la asamblea a los altos de Gabaón, porque allí estaba la Tienda del Encuentro de Dios que Moisés, siervo del Señor, había hecho en el desierto. 4En cambio, el arca de Dios la había transportado David desde Quiriat–Yearim hasta el lugar que había preparado cuando erigió una tienda para ella en Jerusalén. 5El altar de bronce que había hecho Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, también estaba allí delante del Tabernáculo del Señor. Salomón y toda la asamblea se acercaron para consultar al Señor. 6Subió, en efecto, hasta el altar de bronce que estaba delante del Señor junto a la Tienda del Encuentro y ofreció sobre él mil holocaustos.

7Aquella noche Dios se apareció a Salomón y le dijo:

—Pídeme qué quieres que te conceda.

8Salomón respondió:

—Tú obraste con gran misericordia con mi padre David y me has hecho rey en su lugar; 9ahora, Señor Dios, que se cumpla tu palabra dirigida a David, mi padre, ya que Tú me has hecho rey de un pueblo tan numeroso como el polvo de la tierra. 10Concédeme sabiduría y prudencia para poder guiar a este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este pueblo tuyo tan grande?

11Respondió Dios a Salomón:

—Ya que esto es lo que hay en tu corazón y no has pedido ni riquezas, ni bienes, ni gloria, ni la muerte de tus enemigos, ni siquiera una larga vida, sino tan sólo sabiduría y prudencia para gobernar a mi pueblo del que te he hecho rey, 12te serán concedidas la sabiduría y la prudencia. Pero además te daré riquezas, bienes y gloria como nunca las tuvieron los reyes que te han precedido ni las tendrán los que te sucedan.

13Salomón regresó desde los altos de Gabaón, de la Tienda del Encuentro, a Jerusalén, y reinó sobre Israel.

Riqueza de Salomón

14Salomón se hizo con carros y caballos; tenía mil cuatrocientos carros y doce mil caballos distribuidos entre las ciudades de los carros y junto a él en Jerusalén. 15Consiguió que en Jerusalén la plata y el oro fueran tan abundantes como las piedras, y los cedros tan numerosos como los sicómoros de la Sefelá. 16Los caballos de Salomón procedían de Egipto y de Quevé; pues los mercaderes del rey los compraban en Quevé a precio concertado. 17Una cuadriga importada de Egipto costaba seiscientos siclos de plata; y un caballo, ciento cincuenta. Los importaba también para todos los reyes hititas y los de Siria.

18Salomón decidió edificar un Templo en honor del nombre del Señor y un palacio real para sí.

Pacto con el rey de Tiro

22 Cro1Salomón reclutó setenta mil hombres porteadores, ochenta mil canteros para trabajar en la montaña y tres mil seiscientos capataces. 2Después envió a decir a Jiram, rey de Tiro:

—Haz como hiciste con David, mi padre, cuando le enviaste madera de cedro para construir una casa donde habitar. 3Mira, he decidido edificar un Templo en honor del nombre del Señor, mi Dios, para poderlo consagrar en su honor, quemar incienso perfumado, presentar perpetuamente los panes de la ofrenda, ofrecer los holocaustos de la mañana y de la tarde, y los de los sábados, de los novilunios y de las fiestas del Señor, nuestro Dios, pues esto se ha de hacer para siempre en Israel. 4El Templo que voy a edificar ha de ser grande porque es grande nuestro Dios, más que todos los dioses. 5Pero ¿quién es capaz de edificar un Templo a quien el cielo y los cielos de los cielos no pueden abarcar? ¿Y quién soy yo para edificarle un Templo, aunque sólo sea para quemar incienso en su presencia? 6Así pues, envíame hombres expertos en trabajar el oro, la plata, el bronce y el hierro; en tejidos de púrpura escarlata, carmesí y púrpura violácea; y que sepan grabar figuras. Trabajarán con los artesanos que están conmigo en Judá y en Jerusalén, preparados por David, mi padre. 7Envíame también madera de cedro, de abeto y de sándalo del Líbano, pues yo sé que tus hombres saben talar los árboles del Líbano: mis hombres trabajarán con los tuyos 8para prepararme madera en abundancia, puesto que el Templo que voy a edificar ha de ser grande y maravilloso. 9A los que talan y recortan los árboles les daré grano abundante para su sustento: veinte mil cargas de trigo, veinte mil cargas de cebada, veinte mil medidas de vino y veinte mil medidas de aceite.

10Jiram, rey de Tiro, envió por escrito esta respuesta a Salomón: «Por amor del Señor a su pueblo te ha constituido rey sobre ellos». 11Y añadió: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que ha hecho el cielo y la tierra, y ha dado al rey David un hijo sabio, lleno de prudencia e inteligencia que va a edificar un Templo para el Señor y un palacio real para sí. 12Por tanto, te envío un hombre sabio, lleno de inteligencia, Jiram–Abí; 13es hijo de una mujer danita y su padre es de Tiro. Es experto en trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la piedra y la madera; y en tejidos de púrpura escarlata, púrpura violácea, lino fino y carmesí. Sabe también grabar figuras y llevar a cabo todos los trabajos artísticos que se le encomienden junto con tus artesanos y con los de David, tu padre. 14Ahora, pues, que mi señor envíe para sus hombres el trigo, la cebada, el vino y el aceite prometidos. 15Nosotros cortaremos los árboles del Líbano que necesites y te los llevaremos por mar en balsas hasta Jope; desde allí te encargarás tú de subirlos hasta Jerusalén».

16Salomón hizo el censo de todos los extranjeros que había en Israel; fue un censo posterior al que hizo David, su padre. El resultado fue de ciento cincuenta y tres mil seiscientos. 17De ellos destinó setenta mil para porteadores, ochenta mil canteros para trabajar en la montaña, y tres mil seiscientos como capataces para hacer trabajar a aquella gente.

Construcción del Templo

32 Cro1Salomón comenzó a edificar el Templo del Señor en Jerusalén, en el monte Moria, donde Él se había aparecido a David, su padre; era el lugar que había preparado David en la era de Ornán el jebuseo. 2Comenzó a edificarlo el mes segundo del año cuarto de su reinado. 3Éstos son los cimientos que Salomón puso para edificar el Templo de Dios en medidas antiguas: sesenta codos de largo, veinte de ancho y treinta de alto. 4El vestíbulo delante del Santuario del Templo era de veinte codos de largo en el sentido de lo ancho del Templo, y su altura era de ciento veinte codos. Y recubrió el interior de oro puro. 5Revistió de madera de abeto la nave mayor, y la recubrió de oro fino; e hizo esculpir palmeras y guirnaldas. 6Decoró el Templo con piedras preciosas, y el oro era oro auténtico de Parvaim. 7Recubrió también de oro la nave, las vigas, los umbrales, las paredes y las puertas, y sobre las paredes esculpió querubines.

8Construyó la nave del Santo de los Santos. Tenía veinte codos de largo, en el sentido de todo lo ancho del Templo; y también veinte codos de ancho. La recubrió de oro fino que pesaba seiscientos talentos. 9Los clavos de oro pesaban cincuenta siclos. Recubrió de oro también las salas de arriba. 10Para la sala del Santo de los Santos hizo dos querubines esculpidos y los recubrió de oro. 11Las alas de los querubines tenían veinte codos de largo. Una de las alas del primer querubín medía cinco codos y tocaba la pared de la sala; la otra, también de cinco codos, tocaba el ala del segundo querubín. 12El ala del segundo querubín era de cinco codos y tocaba la pared de la sala; la otra, también de cinco codos, tocaba el ala del primer querubín. 13Estas alas desplegadas de los dos querubines medían veinte codos; los querubines estaban de pie con sus caras vueltas hacia el interior.

14Confeccionó el velo de púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y de lino torzal; en él hizo bordar querubines.

15Delante del edificio levantó dos columnas de treinta y cinco codos de alto; el capitel que las coronaba era de cinco codos. 16Hizo unas cadenillas y las puso sobre los capiteles de las columnas; y cien granadas que puso entre las cadenillas. 17Levantó las columnas delante del Santuario, una a la derecha y otra a la izquierda. Llamó a la columna derecha Yaquín y a la izquierda Boaz.

Mobiliario y objetos del Templo

42 Cro1Salomón hizo el altar de bronce de veinte codos de largo, veinte de ancho y diez de alto. 2Hizo también un depósito de metal fundido, perfectamente redondo, de diez codos de diámetro y de cinco codos de alto; su circunferencia era de treinta codos. 3Por debajo del borde en toda la circunferencia lo rodeaban unas figuras de bueyes, diez por cada codo, dispuestas en dos hileras; habían sido fundidas al mismo tiempo que el depósito. 4Éste descansaba sobre doce toros, tres miraban al norte, tres a occidente, tres al sur y tres a oriente. El depósito estaba apoyado sobre ellos, quedando hacia adentro la parte trasera de los animales. 5El grosor del depósito era de un palmo, su borde parecía el del cáliz de una flor de lirio. Tenía una capacidad de tres mil medidas.

6Hizo también diez lavabos de bronce, y puso cinco a la derecha y cinco a la izquierda, para lavar en ellos las ofrendas del holocausto. El depósito se reservaba para las abluciones de los sacerdotes. 7Hizo diez candelabros de oro, según la forma prescrita, y los colocó en el Santuario, cinco a la derecha y cinco a la izquierda. 8Además hizo diez mesas que puso en el Santuario, cinco a la derecha y cinco a la izquierda; y cien acetres de oro.

9Construyó también el atrio de los sacerdotes y el gran atrio con sus puertas que recubrió de bronce. 10Colocó el depósito de bronce al lado derecho del Templo, hacia el sudeste.

11Jiram fabricó también los calderos, los badiles y los aspersorios; y concluyó todo el trabajo para el rey Salomón en el Templo del Señor: 12las dos columnas, las esferas de los capiteles que coronaban las dos columnas, y las dos redecillas para adornar las dos esferas que coronaban las columnas; 13las cuatrocientas granadas para las dos redecillas, dos series de granadas en cada red para adornar las esferas de los capiteles que coronaban las columnas; 14las diez basas y los diez lavabos sobre las basas; 15el único depósito de bronce y los doce bueyes debajo de él; 16los calderos, los badiles, y los aspersorios. Todos los utensilios que hizo Jiram para el rey Salomón para el Templo del Señor eran de bronce bruñido. 17El rey los mandó fundir en moldes de arcilla en la cuenca del Jordán, entre Sucot y Seredá. 18Salomón mandó fundir tal cantidad de utensilios, que no podía calcularse el peso del bronce.

19Diseñó también todos los objetos que había en el Templo del Señor: el altar de oro, la mesa de oro sobre la que se ponían los panes de la proposición; 20los candelabros con sus lámparas de oro puro que, según lo prescrito, debían arder delante del camarín; 21las flores, las lámparas y las tenacillas de oro, todo de oro purísimo; 22los cuchillos, los aspersorios, los vasos y los braseros de oro puro; las entradas del Templo, las puertas que dan al Santo de los Santos y las que dan al Santuario; todo era de oro.

Traslado del Arca

52 Cro1Quedó completada así la obra que realizó Salomón para el Templo del Señor. Después llevó los objetos consagrados por su padre David, la plata, el oro y los utensilios, y los depositó en el tesoro del Templo de Dios.

2Entonces Salomón congregó en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los cabezas de familia entre los israelitas con el fin de trasladar el arca de la alianza del Señor desde la ciudad de David, esto es, desde Sión. 3Todos los israelitas se congregaron en torno al rey Salomón en la fiesta del mes séptimo. 4Llegaron todos los ancianos de Israel; los levitas cargaron con el arca, 5y subieron el arca, la Tienda de la Reunión y todos los objetos sagrados que había en la tienda. Los subieron los sacerdotes y los levitas.

6El rey Salomón y toda la comunidad de Israel, que se le había unido ante el arca, sacrificaron con él ovejas y bueyes en tal cantidad que no se podían contar ni calcular. 7A continuación los sacerdotes introdujeron el arca de la alianza del Señor en su lugar reservado, el camarín del Templo, el Santo de los Santos, debajo de las alas de los querubines; 8de esta forma, los querubines con las alas extendidas sobre el lugar del arca protegían desde arriba el arca y sus varales. 9Como los varales eran muy largos, sus extremos se veían desde el Santo delante del camarín, pero no se veían desde fuera. Allí están hasta el día de hoy. 10Dentro del arca no había nada más que las dos tablas que había depositado Moisés en el Horeb cuando el Señor pactó la alianza con los israelitas al salir del país de Egipto.

11Sucedió que, cuando los sacerdotes salían del Santuario —todos los sacerdotes presentes se habían purificado, sin tener en cuenta los turnos—, 12los levitas cantores, a saber, Asaf, Hemán y Yedutún, sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban de pie con címbalos, arpas y cítaras al este del altar; y junto a ellos ciento veinte sacerdotes tocaban las trompetas. 13Los que tocaban y los que cantaban se hacían oír al unísono, y a una sola voz alababan y celebraban al Señor. Alzaban la voz al sonido de las trompetas, de los címbalos y de otros instrumentos para alabar al Señor diciendo: «Porque es bueno, porque su misericordia es eterna». Una nube llenó el Templo del Señor, 14y los sacerdotes no pudieron permanecer allí ni realizar su sacrificio a causa de la nube, porque la gloria del Señor había llenado el Templo de Dios.

Bendición de Salomón al pueblo

62 Cro1Entonces exclamó Salomón:

—El Señor ha decidido habitar en una inmensa nube.

2Yo te he construido un Templo sublime,

un lugar donde puedas morar para siempre.

3Luego el rey volvió su rostro y bendijo a toda la asamblea de Israel, pues toda la asamblea de Israel permanecía en pie. 4Y dijo:

—Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que habló directamente a mi padre David y ha cumplido con su poder lo que dijo: 5«Desde el día que saqué a mi pueblo Israel del país de Egipto, no he escogido de entre todas las tribus de Israel ninguna ciudad para edificar en ella un Templo donde estuviese mi nombre. Ni he escogido a nadie para ser guía de mi pueblo Israel. 6Sino que he elegido a Jerusalén para poner allí mi nombre, y a David para regir a mi pueblo Israel». 7Mi padre David se propuso edificar un Templo para el Señor, Dios de Israel; 8pero el Señor le dijo: «Te has propuesto edificar un Templo en honor de mi nombre; has hecho bien al plantear ese proyecto; 9pero tú no edificarás el Templo, sino que será tu hijo, salido de tus entrañas, el que edificará el Templo en honor de mi nombre». 10Y el Señor ha mantenido la palabra que pronunció; yo he sucedido a mi padre David, me he sentado en el trono de Israel tal como lo prometió el Señor, y he edificado el Templo en honor del nombre del Señor, Dios de Israel. 11Allí he puesto el arca que contiene la alianza que el Señor estableció con los hijos de Israel.

Oración de Salomón

12Luego Salomón se colocó delante del altar del Señor, a la vista de toda la asamblea de Israel, y levantó las manos. 13Salomón había preparado en medio de la explanada un estrado de bronce de cinco codos de largo, cinco de ancho y tres de alto. Subió a él, se hincó de rodillas a la vista de toda la asamblea de Israel, levantó las manos al cielo 14y dijo:

—Señor, Dios de Israel, no hay Dios como Tú, ni en el cielo, ni en la tierra: Tú guardas la alianza y la misericordia con tus siervos que caminan en tu presencia con todo su corazón. 15Tú has mantenido con tu siervo David, mi padre, lo que le habías prometido; lo que prometiste de palabra, lo has cumplido con tu poder, como se ve en el día de hoy. 16Ahora, Señor, Dios de Israel, cumple con tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste al decirle: «No te faltará ante mí un descendiente que se siente en el trono de Israel, siempre que tus hijos mantengan rectos sus caminos y se comporten como tú lo has hecho ante mí». 17Señor, Dios de Israel, confirma las palabras que Tú dijiste a tu siervo David.

18»Pero, ¿acaso puede Dios habitar realmente en la tierra? Si el cielo y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos este Templo que he edificado! 19Atiende la oración y la súplica de tu siervo, Señor, Dios mío; escucha el clamor y la oración que tu siervo te dirige hoy. 20Ten los ojos atentos a este Templo, día y noche, al lugar del que dijiste: «Allí estará mi nombre»; y escucha la oración que tu siervo te dirige en este lugar. 21Escucha el clamor que tu siervo y tu pueblo Israel te presentan en este lugar. ¡Escucha en el lugar de tu morada en el cielo; escucha y perdona!

22»Si uno peca contra su prójimo y obligado a hacer un juramento imprecatorio, se presenta a jurar ante tu altar en este Templo, 23escucha Tú desde el cielo: actúa y haz justicia entre tus siervos condenando al malvado, haciendo recaer su conducta sobre su cabeza, y declarando justo al inocente retribuyéndole según su inocencia.

24»Si tu pueblo Israel cae ante sus enemigos por haber pecado contra ti, y se convierte a ti, confiesa tu nombre, te suplica y eleva su clamor en este Templo, 25escucha Tú desde el cielo: perdona el pecado de tu pueblo Israel, y hazlo volver a la tierra que diste a sus padres.

26»Cuando se cierre el cielo y no haya lluvia porque hayan pecado contra ti, si rezan en este lugar, confiesan tu nombre y, al ser castigados, se convierten de sus pecados, 27escucha Tú desde el cielo y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel: muéstrales el buen camino por el que han de ir, y concede la lluvia sobre la tierra que diste en herencia a tu pueblo.

28»Cuando en el país haya hambre, peste, tizón, añublo, langosta o pulgón; cuando lo cerque su enemigo en alguna de las ciudades; cuando haya cualquier plaga o enfermedad, 29si un individuo o todo tu pueblo Israel, al reconocer la plaga y el dolor hace oración o súplica extendiendo sus manos hacia este Templo, 30escucha Tú desde el cielo, lugar de tu morada: perdona y concede a cada uno según su conducta, pues Tú conoces el corazón de cada uno, ya que sólo Tú conoces el corazón del hombre. 31Así te temerán y seguirán tus caminos mientras vivan sobre la tierra que diste a nuestros padres.

32»Incluso el extranjero que no pertenece a tu pueblo Israel, cuando venga de un país lejano atraído por tu nombre grande, por tu mano poderosa, por tu brazo extendido, cuando venga y rece en este Templo, 33escucha Tú desde el cielo, lugar de tu morada, y atiende todo lo que te suplique el extranjero, para que todos los pueblos de la tierra reconozcan tu nombre, te teman lo mismo que tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es invocado en este Templo que yo te he edificado.

34»Cuando tu pueblo salga a la guerra contra sus enemigos por el camino que tú lo orientes, si te imploran vueltos hacia la ciudad que has elegido y hacia el Templo que he edificado en honor de tu nombre, 35escucha Tú desde el cielo su plegaria y su clamor, y hazles justicia.

36»Cuando pequen contra ti —pues no hay hombre que no peque—, y te irrites contra ellos, les entregues en manos del enemigo y sean deportados a un país lejano o cercano, 37si estando en el país al que han sido deportados, recapacitan en su corazón y se convierten, y claman a ti en su cautividad diciendo: «Hemos pecado, hemos obrado mal, somos culpables»; 38si se convierten a ti con todo su corazón y toda su alma en el país al que hayan sido deportados, y te suplican vueltos hacia la tierra que diste a sus padres, a la ciudad que te has elegido y al Templo que yo he edificado en honor de tu nombre, 39escucha Tú su súplica y su clamor desde el cielo, lugar de tu morada, y hazles justicia: perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti. 40Dios mío, que estén tus ojos abiertos y tus oídos atentos a las súplicas hechas en este lugar.

41»Y ahora, Señor Dios, levántate

y ven al lugar de tu morada,

Tú y el arca de tu poder.

Que tus sacerdotes, Señor Dios,

estén revestidos de salvación,

y que tus fieles exulten de felicidad.

42Señor Dios, no rechaces el rostro de tu ungido;

recuerda la misericordia

en favor de David, tu siervo.

Celebración de la Dedicación del Templo

72 Cro1Apenas terminó Salomón su plegaria, bajó fuego del cielo y consumió el holocausto y los demás sacrificios; y la gloria del Señor llenó el Templo; 2ni los sacerdotes pudieron entrar porque la gloria del Señor llenaba el Templo del Señor. 3Todos los israelitas, al ver cómo bajaba fuego y que la gloria del Señor estaba dentro del Templo, se postraron rostro en tierra sobre el pavimento, adoraron y celebraron al Señor: «Porque es bueno, porque su misericordia es eterna». 4El rey y todo Israel ofrecían sacrificios ante el Señor. 5Salomón inmoló en sacrificio veintidós mil reses de ganado mayor y ciento veinte mil de ganado menor. Así, el rey y todo el pueblo dedicaron el Templo de Dios. 6Los sacerdotes atendían a su ministerio, mientras los levitas tocaban los instrumentos musicales sagrados, preparados por el rey David para entonar el estribillo al Señor: «Porque su misericordia es eterna», siguiendo la alabanza compuesta por David. Los sacerdotes tocaban las trompetas y todo el pueblo se mantenía en pie.

7Salomón consagró también el centro del atrio que está delante del Templo del Señor, pues allí ofreció el holocausto y la grasa de los sacrificios de comunión, ya que el altar de bronce que había erigido Salomón no podía contener el holocausto, la oblación y la ofrenda. 8En aquella ocasión, Salomón, y con él todo Israel en una enorme asamblea reunida desde la frontera de Jamat hasta el torrente de Egipto, celebraron una gran fiesta durante siete días. 9Al octavo día tuvieron una asamblea solemne, pues la consagración del altar había durado siete días y la fiesta de los Tabernáculos otros siete. 10El día veintitrés del séptimo mes Salomón despidió al pueblo para que se fueran a sus tiendas. Se fueron alegres y con el corazón lleno de gozo por todos los bienes que el Señor había concedido a David, a Salomón, y a su pueblo Israel.

Respuesta de Dios a Salomón

11Cuando Salomón terminó el Templo del Señor, el palacio real y todos los proyectos que Salomón se había propuesto realizar en ellos, 12el Señor se apareció a Salomón de noche y le dijo:

—He escuchado tu oración y he elegido este lugar como Templo para mis sacrificios. 13Cuando yo cierre el cielo y no haya lluvia, cuando ordene a la langosta que devore el país y envíe la peste contra mi pueblo, 14si mi pueblo, sobre el que es invocado mi nombre, se humilla, suplica, busca mi rostro y se convierte de su mala conducta, yo perdonaré sus pecados y le restituiré su tierra. 15Desde ahora mis ojos estarán abiertos y mis oídos atentos a la plegaria hecha en este lugar. 16Pues ahora he elegido y he santificado este Templo para que permanezca mi nombre en él eternamente, y mis ojos y mi corazón estarán siempre ahí. 17Si tú caminas en mi presencia como caminó tu padre David, cumpliendo todo lo que te he mandado y guardando mis normas y mis decretos, 18Yo consolidaré el trono de tu realeza como establecí con tu padre David: «No te faltará un descendiente como soberano de Israel». 19Pero si ustedes me abandonan y no guardan mis decretos y mis mandatos como les he propuesto, sino que seguís y dan culto a otros dioses, y se postran ante ellos, 20Yo los arrancaré de la tierra que les he dado, apartaré de mi vista el Templo que he consagrado a mi nombre y haré de ustedes motivo de burla y de fábula entre todos los pueblos. 21Este Templo, que era tan excelso a los ojos de los que pasaban ante él, se convertirá en ruinas y, entonces, se preguntarán estupefactos: «¿Por qué ha obrado así el Señor con este país y este Templo?». 22Y les responderán: «Porque abandonaron al Señor, su Dios, que los había sacado del país de Egipto y siguieron a otros dioses, se postraron ante ellos, los adoraron y les dieron culto; por eso el Señor ha traído sobre ellos toda esta desgracia».

Edificación de ciudades

82 Cro1En veinte años Salomón edificó el Templo del Señor y el palacio real. 2Además reconstruyó las ciudades que le había dado Jiram y estableció en ellas a los israelitas. 3También atacó a Jamat de Sobá y se apoderó de ella; 4reedificó Tadmor en el desierto, y todas las ciudades de almacenaje que había construido en Jamat. 5Reparó Bet–Jorón de Arriba y Bet-Jorón de Abajo, ciudades fortificadas con muros, puertas y cerrojos. 6Reedificó también Baalat y todas las ciudades de almacenaje que poseía Salomón, las ciudades de los carros y las de los caballos. En suma, todo lo que decidió reedificar en Jerusalén, en el Líbano y en todos sus dominios.

Administración y gobierno de Salomón

7A los que habían quedado de los amorreos, hititas, perezeos, jeveos y jebuseos, que no eran israelitas; 8a sus descendientes que quedaron en el país después de ellos y que los israelitas no habían exterminado, Salomón los empleó en trabajos forzados hasta el día de hoy. 9En cambio, de entre los israelitas, Salomón no sometió a nadie a servidumbre para sus construcciones, pues eran guerreros, jefes de sus escuderos, y oficiales de sus carros y sus caballerías. 10Los jefes de Salomón eran doscientos cincuenta y estaban encargados de supervisar al pueblo.

11A la hija de Faraón la trasladó desde la ciudad de David al palacio que había construido para ella; y le explicó:

—Una mujer, destinada para mí, no puede vivir en la casa de David, rey de Israel, porque son santos los lugares donde ha entrado el arca del Señor.

12Desde entonces Salomón ofrecía holocaustos al Señor sobre el altar que había erigido delante del vestíbulo. 13Según el ritual de cada día ofrecía holocaustos como había ordenado Moisés para los sábados y los novilunios; y también en las fiestas de los Ácimos, de las Semanas y de los Tabernáculos. 14Según las normas de David, su padre, asignó los turnos a los sacerdotes en su ministerio; y también a los levitas en su oficio de alabanza a Dios y de asistencia a los sacerdotes, según el ritual de cada día; a los porteros según los turnos de cada una de las puertas, porque así lo había ordenado David, hombre de Dios. 15No se apartaron nada de las disposiciones del rey David respecto a los sacerdotes y a los levitas; ni tampoco respecto a los tesoros. 16Así se terminó toda la obra de Salomón desde el día en que se pusieron los cimientos del Templo del Señor hasta su culminación definitiva.

17Entonces Salomón marchó hacia Esión–Guéber y hacia Elat, a orillas del mar, en la región de Edom. 18Jiram por medio de sus hombres le envió algunas naves con hombres expertos en el mar, que junto con los hombres de Salomón llegaron a Ofir, tomaron cuatrocientos cincuenta talentos de oro y se los llevaron a Salomón.

Visita de la reina de Sabá

92 Cro1La reina de Sabá, al enterarse de la fama de Salomón, vino a Jerusalén para ponerlo a prueba con enigmas. Llegó con un espléndido séquito, con camellos cargados de aromas y con gran cantidad de oro y piedras preciosas. Se presentó a Salomón y le expuso todo lo que tenía pensado. 2Salomón respondió a todas sus preguntas; ninguna cuestión resultó desconocida para el rey, ninguna que no pudiera resolver. 3Cuando la reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón, el palacio que había construido, 4los manjares de su mesa, las habitaciones de sus cortesanos, el porte de sus servidores, sus indumentarias y las de sus coperos, y los holocaustos que ofrecía en el Templo del Señor, se quedó atónita 5y dijo al rey:

—Era verdad lo que había oído en mi tierra acerca de ti y de tu sabiduría. 6No he dado crédito a esas noticias hasta que he venido y lo he visto con mis ojos, aunque ciertamente no estaba informada ni de la mitad de tu inmensa sabiduría. Tú superas las noticias que había escuchado. 7Dichosos tus hombres y dichosos tus cortesanos, que están siempre junto a ti y escuchan tu sabiduría. 8Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti sentándote en su trono como rey en honor del Señor, tu Dios. Por el amor del Señor hacia Israel, porque quiere que dure para siempre, te ha constituido rey para ejercer el derecho y la justicia.

9Ella regaló al rey ciento veinte talentos de oro, gran cantidad de aromas y piedras preciosas. Nunca hubo tantos aromas como los que la reina de Sabá ofreció al rey Salomón. 10Además los hombres de Jiram y los de Salomón que transportaban el oro de Ofir, trajeron también gran cantidad de madera de sándalo y piedras preciosas. 11Con la madera de sándalo, el rey hizo las gradas del Templo del Señor y del palacio real, y también cítaras y arpas para los cantores. Nunca jamás se había visto en Judá madera como aquella.

12El rey Salomón ofreció a la reina de Sabá todo lo que a ella le apeteció y pidió sin tener en cuenta lo que ella había traído al rey Salomón. Después emprendió el regreso y volvió a su país acompañada de sus cortesanos.

Riquezas de Salomón

13El peso del oro que cada año llegaba al rey Salomón era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro, 14sin contar el que procedía de los traficantes y de los mercaderes. Además los reyes de Arabia y los gobernadores del país llevaban oro y plata a Salomón.

15El rey Salomón fabricó doscientos escudos grandes de oro puro empleando seiscientos siclos de oro en cada escudo; 16y trescientos escudos pequeños de oro puro para los que empleó trescientos siclos de oro en cada escudo. El rey los colocó en el palacio del Bosque del Líbano. 17También fabricó el rey un gran trono de marfil, y lo recubrió de oro finísimo. 18El trono tenía seis gradas y un estrado de oro; a un lado y a otro del asiento había sendos brazos y, junto a ellos, dos leones de pie. 19Había también otros doce leones de pie sobre las gradas, seis a cada lado. Nunca se había hecho algo igual en ningún reino.

20Todos los vasos en que bebía el rey Salomón eran de oro, y toda la vajilla del palacio del Bosque del Líbano también era de oro puro. No había plata, pues no era apreciada en los tiempos de Salomón. 21El rey tenía en el mar la flota que navegaba hasta Tarsis guiada por los hombres de Jiram; una vez cada tres años llegaba la flota de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales.

22El rey Salomón sobrepasó a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría, 23y todos los reyes trataban de ver a Salomón para oír la sabiduría que Dios había infundido en su corazón. 24Cada cual le traía un regalo: objetos de plata y de oro, ropas, armas, perfumes, caballos y mulas; esto todos los años. 25Salomón llegó a tener cuatro mil establos para sus caballos y sus carros, y doce mil jinetes; los tenía distribuidos en las ciudades dispuestas para los carros y junto a él en Jerusalén.

26Extendió su dominio sobre todos los reyes desde el río Éufrates hasta la región de los filisteos y hasta los confines de Egipto. 27El rey consiguió que la plata en Jerusalén fuera tan abundante como las piedras, y los cedros como los sicómoros en la Sefelá. 28Los caballos de Salomón procedían de Egipto y de todos los países.

Muerte de Salomón

29El resto de los hechos de Salomón, desde los primeros hasta los últimos, están escritos en las crónicas del profeta Natán, en la profecía de Ajías de Siló y en las visiones del vidente Yedó sobre Jeroboam, hijo de Nebat. 30El tiempo que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fue de cuarenta años. 31Después Salomón descansó con sus padres y fue enterrado en la ciudad de su padre David. En su lugar reinó su hijo Roboam.