COMENTARIO
La plegaria de Salomón sigue palabra por palabra la recogida en 1 R 8,12-52, y lo hace tanto en el himno introductorio (vv. 1-2) como en el discurso al pueblo (vv. 4-11) y en la oración propiamente dicha (vv. 12-42). Únicamente introduce tres matices significativos: según el v. 11 el Señor estableció la Alianza «con los hijos de Israel», expresión que abarca a los que vivían después del destierro, y no «con nuestros padres» (1 R 8,21); por tanto, los contemporáneos del autor del libro son beneficiarios de dicha Alianza y, por tanto, están sujetos a sus exigencias. Según el v. 13 Salomón habla desde un estrado construido al efecto, y no desde el altar (1 R 8,22) que estaba reservado a los sacerdotes. De esta forma, queda clara la distinción entre rey y sacerdote, entre función de gobierno y función de culto. Por último, los vv. 41-42 están tomados del salmo 132,8-11 en sustitución de 1 R 8,53 que evocaba a Moisés y la liberación de Egipto. El Cronista prefiere ver cumplidas las promesas divinas en el culto, en los sacerdotes y en los levitas más que en la historia del pueblo; y pone el acento en la Alianza con David más que en la Alianza con Moisés en el Sinaí. Con estos retoques mínimos la antigua plegaria de Salomón conserva su vigor en la compleja sociedad posterior al destierro. Es un claro ejemplo de relectura de un texto bíblico antiguo, aplicado a las nuevas circunstancias.