COMENTARIO
La separación de los dos reinos está narrada a partir de los datos de 2 R 12,1-25, pero dejando la impresión de que en realidad no se han escindido del todo. Ni Jeroboam fue nombrado rey (se omite 1 R 12,20), ni se ha dividido Israel. Se insiste, en cambio, en que Roboam siguió reinando sobre los israelitas, sobre «todo Israel», que habitaban en las regiones de Judá (vv. 1-3.17). Con estos retoques el Cronista, manteniendo la fidelidad a los hechos, deja entrever que hay continuidad entre el Israel entero de David, el de Salomón, y el de los que permanecieron en Judá y Benjamín hasta después del destierro.
Los profetas y sus designios tienen enorme importancia en la segunda parte del libro de Crónicas. En este relato la separación de los del Norte resulta ser el cumplimiento de la profecía de Ajías de Siló (v. 15), mientras que, según el libro de los Reyes, fue causada por los pecados de Salomón (1 R 11,31). Lo que al autor de Crónicas le interesa es mostrar que Dios mismo había decidido esta situación de ruptura.