IV. LOS REYES DE JUDÁ

División del Reino

102 Cro1Roboam fue a Siquem porque todo Israel se había reunido en Siquem para proclamarlo rey. 2Cuando Jeroboam, hijo de Nebat, que todavía estaba en Egipto adonde había huido del rey Salomón, se enteró, volvió de Egipto. 3Enviaron a llamarle y Jeroboam vino con todo Israel. El pueblo dijo a Roboam:

4—Tu padre nos impuso un duro yugo. Tú, ahora, aligera la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que cargó sobre nosotros, y te serviremos.

5Él les contestó:

—Dentro de tres días vuelvan de nuevo a mí.

El pueblo se marchó.

6El rey Roboam pidió consejo a los ancianos que habían estado al servicio de su padre Salomón mientras vivía:

—¿Qué me aconsejan que responda a este pueblo?

7Le contestaron:

—Si hoy te muestras benévolo con este pueblo, si le complaces y le hablas con buenas palabras, estará siempre a tu servicio.

8Pero él rechazó el consejo que le habían dado los ancianos y pidió consejo a los jóvenes que habían crecido con él y que estaban de su parte. 9Les preguntó:

—¿Qué me aconsejan ustedes que responda a este pueblo?, pues me han pedido: «Aligera el yugo que impuso tu padre sobre nosotros».

10Los jóvenes que habían crecido con él le contestaron:

—Así dirás a este pueblo que te ha dicho: «Tu padre hizo pesado nuestro yugo, tú alívianoslo»; así les responderás: «Mi dedo meñique es más recio que la cintura de mi padre. 11Si mi padre les impuso un yugo pesado, yo se los aumentaré; mi padre los castigaba con látigos pero yo los castigaré con escorpiones».

12A los tres días Jeroboam volvió con todo el pueblo a Roboam, tal como el rey les había dicho: «Vuelvan a mí el tercer día». 13El rey les respondió con dureza, rechazando el consejo de los ancianos. 14Más aún, les habló según el consejo de los jóvenes:

—Mi padre hizo pesado su yugo,

y yo se los aumentaré:

mi padre los castigaba con látigos

y yo los castigaré con escorpiones.

15El rey no escuchó al pueblo porque así estaba dispuesto por Dios a fin de que se cumpliera la palabra que había pronunciado el Señor, por medio de Ajías de Siló, acerca de Jeroboam, hijo de Nebat. 16Cuando todo Israel vio que el rey no les hacía caso, el pueblo respondió al rey:

— ¿Qué tenemos en común con David,

qué herencia compartimos con el hijo de Jesé?

¡A tus tiendas Israel!

¡Y tú preocúpate ahora de tu casa, David!

Y todo Israel se encaminó a sus tiendas. 17Pero Roboam siguió reinando sobre los israelitas que habitaban en las regiones de Judá. 18El rey Roboam envió a Adoram, que estaba al frente de los trabajos forzados, pero todo Israel le tiró piedras y murió. Entonces el rey Roboam tuvo que subir deprisa a su carro y huir a Jerusalén. 19Israel se separó de la casa de David hasta el día de hoy.

Roboam, rey de Judá

112 Cro1Roboam llegó a Jerusalén y convocó a la tribu de Judá y a la de Benjamín, ciento ochenta mil guerreros escogidos para luchar contra Israel y restaurar la realeza de Roboam. 2Pero entonces la palabra del Señor llegó a Semaías, un hombre de Dios, diciéndole:

3—Di a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos los israelitas de Judá y Benjamín: 4«Así dice el Señor: “No suban ni peleen con sus hermanos; que cada uno vuelva a su casa, pues esto ha sucedido por disposición mía”».

Ellos obedecieron la palabra del Señor, y desistieron de marchar contra Jeroboam.

5Roboam residió en Jerusalén y reconstruyó como fortalezas algunas ciudades de Judá. 6Reconstruyó Belén, Etam, Tecoa, 7Bet–Sur, Socó, Adulam, 8Gat, Maresá, Zif, 9Adoraim, Laquís, Azecá, 10Sorá, Ayalón y Hebrón. Todas ellas están en Judá y en Benjamín. 11Consolidó estas fortalezas, estableció en ellas gobernadores y las dotó de depósitos de cereales, de aceite y de vino. 12A cada ciudad le asignó escudos y lanzas, haciéndolas muy fuertes. De esta manera mantuvo su dominio sobre Judá y Benjamín.

Seguidores de Roboam

13Los sacerdotes y los levitas dispersos en todo Israel por todos los territorios se agruparon y se pusieron de parte de Roboam. 14Los levitas abandonaron sus pastizales y sus propiedades, y se dirigieron a Judá y a Jerusalén, porque Jeroboam y sus hijos les habían negado el ejercicio del sacerdocio del Señor. 15En efecto, Jeroboam había establecido sus propios sacerdotes en los lugares altos para los sátiros y los becerros que había fabricado. 16Siguiendo el ejemplo de los levitas, los fieles de las tribus de Israel, los que estaban decididos de todo corazón a buscar al Señor, Dios de Israel, vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios al Señor, Dios de sus padres. 17De este modo fortalecieron el reino de Judá y consolidaron a Roboam, hijo de Salomón, durante tres años, porque durante ese tiempo se comportaron según la conducta de David y Salomón.

Familia de Roboam

18Roboam tomó por esposa a Majalat, hija de Yerimot, hijo de David y de Abihaíl, hija de Eliab, hijo de Jesé. 19Ésta le dio estos hijos: Yeús, Semarías y Zaham. 20Después tomó por esposa a Maacá, hija de Absalón, que le dio a Abías, Atay, Zizá y Selomit. 21Roboam amaba a Maacá, hija de Absalón, más que al resto de sus mujeres y concubinas; tuvo dieciocho mujeres y sesenta concubinas y le nacieron veintiocho hijos y sesenta hijas. 22Constituyó a la cabeza de sus hermanos, como príncipe, a Abías, hijo de Maacá, porque pensaba hacerlo rey. 23Con astucia distribuyó a todos sus hijos por las ciudades fortificadas de Judá y Benjamín; les dio víveres en abundancia y les procuró muchas mujeres.

Invasión de Judá por los egipcios

122 Cro1Cuando Roboam consiguió consolidar su realeza y se sintió fuerte, abandonó la Ley del Señor y todo Israel siguió su ejemplo. 2El año quinto del reinado de Roboam, Sisac, rey de Egipto, subió contra Jerusalén por haberse rebelado contra el Señor. 3Contaba con mil doscientos carros, sesenta mil caballos y una multitud innumerable de soldados que habían venido con él desde Egipto: libios, suquitas y cusitas. 4Conquistó las fortalezas de Judá y llegó hasta Jerusalén. 5El profeta Semaías se acercó a Roboam y a los jefes de Judá, que se habían replegado en Jerusalén por miedo a Sisac, y les dijo:

—Así dice el Señor: «Ustedes me han abandonado; por eso los abandono Yo también en manos de Sisac».

6Entonces los jefes de Israel y el rey se humillaron y dijeron:

—Justo es el Señor.

7Al ver el Señor que se habían humillado, habló de nuevo a Semaías:

—Puesto que se han humillado, no los destruiré; dentro de poco les concederé la liberación y no descargaré mi cólera sobre Jerusalén, por medio de Sisac. 8Sin embargo, seguirán sometidos a él; así conocerán la diferencia entre servirme a mí y servir a los reyes de la tierra.

9Sisac, rey de Egipto, subió contra Jerusalén y se apoderó de los tesoros del Templo del Señor y de los tesoros del palacio del rey; se llevó todo, incluso los escudos de oro que había hecho Salomón. 10En su lugar el rey Roboam hizo escudos de bronce y los puso en manos de los jefes de las guardias que custodiaban la puerta del palacio real. 11Cuando el rey iba al Templo del Señor, los guardias de la escolta se los llevaban y luego los devolvían a la sala de guardia. 12Por haberse humillado Roboam, se apartó de él la ira del Señor y no lo destruyó del todo, y a Judá le acaecieron cosas buenas.

13El rey Roboam se afianzó en Jerusalén y continuó reinando. Tenía cuarenta y un años cuando empezó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que el Señor había elegido entre todas las tribus de Israel para establecer allí su nombre. Su madre se llamaba Naamá y era amonita. 14Hizo el mal, porque no se había dedicado de todo corazón a buscar al Señor.

15Los hechos de Roboam, desde los primeros hasta los últimos, están escritos en las crónicas del profeta Semaías y en las del vidente Idó, donde están sus genealogías. Entre Roboam y Jeroboam hubo guerras continuamente. 16Roboam descansó con sus padres y fue enterrado también en la ciudad de David. En su lugar reinó su hijo -Abías.

Reinado de Abías

132 Cro1El año décimoctavo del rey Jeroboam, reinó -Abías sobre Judá. 2Reinó tres años en Jerusalén; su madre se llamaba Micayá y era hija de Uriel de Guibeá.

Abías y Jeroboam estaban en guerra. 3Abías emprendió la batalla con cuatrocientos mil guerreros valerosos bien seleccionados. Y Jeroboam le hizo frente con ochocientos mil hombres valerosos y bien seleccionados. 4Abías se situó sobre el monte Semaraim que está en las montañas de Efraím, y gritó:

—¡Escúchenme, Jeroboam e israelitas todos! 5¿No saben que el Señor, Dios de Israel, ha concedido el reinado de Israel a David, y después a sus hijos en virtud de una alianza inviolable? 6Sin embargo, Jeroboam, hijo de Nebat, cortesano de Salomón, hijo de David, se levantó y se rebeló contra su señor. 7En torno a él se agruparon unos hombres fatuos y malvados y se hicieron fuertes contra Roboam, hijo de Salomón, que era joven, débil de carácter y no pudo hacerse fuerte ante ellos. 8Y ahora ustedes ¿piensan imponerse sobre el reino del Señor que está en manos de los hijos de David sólo porque son muchos más y porque tienen con ustedes los becerros de oro que les fabricó Jeroboam para que los tuvieran como dioses de ustedes? 9Han expulsado a los sacerdotes del Señor, a los hijos de Aarón y de Leví, y se han constituido sacerdotes como los pueblos de las demás naciones. Cualquiera que se presente con un becerro de su vacada y con siete carneros para ser consagrado, se convierte en sacerdote de unos dioses que no lo son. 10Para nosotros, en cambio, el Señor es nuestro Dios y no lo hemos abandonado. Los sacerdotes que sirven al Señor son hijos de Aarón, y los levitas son los correspondientes a sus funciones; 11ofrecen al Señor holocaustos cada mañana y cada tarde y queman incienso aromático; colocan sobre la mesa bien purificada los panes de la ofrenda; preparan los candelabros de oro con sus lámparas para encenderlas cada tarde. Nosotros guardamos las prescripciones del Señor, nuestro Dios, a quien ustedes han abandonado. 12Miren que Dios está con nosotros a la cabeza; y también sus sacerdotes y las trompetas del clamor para dar el toque de guerra contra ustedes. Hijos de Israel, no luchen contra el Señor, Dios de sus padres, que no triunfarán.

Victoria de Abías

13Pero Jeroboam los rodeó en una emboscada para llegar a ellos por la espalda; unos se colocaron de frente a Judá mientras que los de la emboscada estaban por detrás. 14Cuando los de Judá se volvieron y vieron que tenían el combate de frente y por la espalda, clamaron al Señor y los sacerdotes hicieron sonar las trompetas. 15Todos los hombres de Judá dieron el grito de guerra; y al gritar ellos, Dios destrozó a Jeroboam y a Israel ante Abías y Judá. 16Los israelitas huyeron de los de Judá, y Dios los entregó en sus manos. 17Abías y sus hombres les infligieron una grave derrota, pues entre los israelitas cayeron quinientos mil hombres selectos. 18En aquella ocasión los israelitas quedaron humillados, mientras que los de Judá salieron fortalecidos por haber confiado en el Señor, Dios de sus padres.

19Abías persiguió a Jeroboam y le arrebató las siguientes ciudades: Betel y sus aledaños, Yesaná y sus aledaños, y Efrón y sus aledaños. 20Jeroboam no recuperó su poderío durante la vida de Abías; el Señor lo hirió y murió. 21En cambio Abías se reforzó. Tuvo catorce mujeres y le nacieron veintidós hijos y dieciséis hijas.

22El resto de los hechos de Abías, su conducta y sus hazañas están escritas en el comentario del profeta Idó. 23Abías descansó con sus padres y fue enterrado también en la ciudad de David. En su lugar reinó su hijo Asá. En vida de éste el país gozó de tranquilidad durante diez años.

Reinado de Asá

142 Cro1Asá obró lo bueno y recto a los ojos del Señor, su Dios. 2Suprimió los altares extranjeros y los lugares altos; destrozó las estelas y arrancó las aserás. 3Exhortó a Judá a buscar al Señor, Dios de sus padres, y a cumplir la Ley y los mandamientos. 4Suprimió de todas las ciudades de Judá los lugares altos y los altares del incienso. El reino gozó de tranquilidad durante su mandato. 5Reconstruyó las ciudades fortificadas de Judá puesto que el país estaba tranquilo y no había guerras en aquellos años pues el Señor le había concedido sosiego. 6Asá dijo a Judá:

—Reconstruyamos estas ciudades rodeándolas de murallas y torres, con puertas y cerrojos mientras el país esté en nuestro poder; hemos buscado al Señor, nuestro Dios, le hemos buscado y Él nos ha concedido sosiego.

Así pues, hicieron las reconstrucciones y prosperaron.

7Asá tenía un ejército de trescientos mil hombres de Judá, armados con escudos grandes y lanzas, y de doscientos mil benjaminitas con escudos pequeños y arcos. Todos ellos eran hombres valerosos.

Victoria sobre Zéraj

8Zéraj, el cusita, salió contra ellos con un ejército de un millón de hombres y trescientos carros. Llegó hasta Maresá. 9Asá le salió al encuentro y se colocaron en orden de batalla en el valle de Sefatá, cerca de Maresá. 10Asá invocó al Señor, su Dios, con estas palabras:

—Señor, sólo Tú puedes ayudar al poderoso y al que carece de fuerza; ayúdanos, Señor, Dios nuestro, porque nosotros confiamos en ti, y en tu nombre vamos a enfrentarnos con esa muchedumbre. Señor, sé Tú nuestro Dios, que nadie prevalezca contra ti.

11El Señor destrozó a los cusitas ante Asá y ante Judá, y los cusitas emprendieron la fuga. 12Asá y los que estaban con él los persiguieron hasta Guerar. De los cusitas cayeron tantos que no quedó vivo ni uno solo, pues quedaron destrozados ante el Señor y ante su ejército. El botín fue muy abundante. 13Conquistaron todas las ciudades de alrededor de Guerar porque el terror del Señor las había invadido; todas fueron saqueadas, porque había en ellas un botín abundante. 14Atacaron también las tiendas de los pastores, llevándose gran cantidad de ganado menor y de camellos. Después regresaron a Jerusalén.

Normas de Asá contra la idolatría

152 Cro1Azarías, hijo de Oded, impulsado por el espíritu de Dios, 2salió al encuentro de Asá y le dijo:

—Asá y todos los de Judá y Benjamín, escúchenme. El Señor estará con ustedes si ustedes están con Él. Si le buscan se dejará encontrar; pero si le abandonan, Él los abandonará. 3Durante muchos años Israel estuvo sin el Dios verdadero, sin un sacerdote que les instruyese y sin Ley. 4Pero en su angustia se volvieron al Señor, Dios de Israel, le buscaron y Él se dejó encontrar. 5En aquellos años no había paz para ninguno, porque había una gran turbación entre los habitantes de los países. 6Las naciones se destruían unas contra otras porque el Señor los afligía con toda clase de desgracias. 7Ustedes, en cambio manténgase firmes y que sus manos no desfallezcan, porque habrá recompensa para su trabajo.

8Cuando Asá escuchó estas palabras y esta profecía del hijo de Oded, cobró ánimo y destruyó los ídolos de todo el país de Judá y Benjamín, y de las ciudades conquistadas en las montañas de Efraím. Renovó el altar del Señor que hay frente al vestíbulo del Señor. 9Reunió a todos los habitantes de Judá y de Benjamín, y a los de Efraím, Manasés y Simeón que residían con ellos; porque de Israel se habían pasado muchos, al comprobar que el Señor estaba con Asá. 10Se reunieron en Jerusalén el mes tercero del año decimoquinto del reinado de Asá. 11Aquel día sacrificaron al Señor, del botín que habían traído, setecientas reses de ganado mayor y siete mil de ganado menor. 12Se comprometieron con una alianza a buscar al Señor, Dios de sus padres, con todo el corazón y con toda el alma; 13y todo el que no buscase así al Señor, Dios de Israel, grande o pequeño, hombre o mujer, debería morir. 14Juraron ante el Señor en voz alta, con aclamaciones de alegría, y al son de trompetas y de cuernos. 15Todo Judá se alegró del juramento, porque lo habían hecho con todo el corazón; le habían buscado con ardor y Él se había dejado encontrar y les había concedido sosiego a su alrededor.

16Incluso Asá retiró a su abuela Maacá del puesto de reina madre porque había hecho una imagen abominable de Aserá. Asá rompió esa imagen, la redujo a polvo, y la quemó en el torrente Cedrón. 17No destruyó los lugares altos de Israel, pero el corazón de Asá fue obediente al Señor durante toda su vida. 18Los objetos sagrados de su padre, y los suyos propios, los llevó al Templo del Señor: plata, oro y otros objetos. 19No hubo guerra hasta el año trigésimo quinto del reinado de Asá.

Batalla de Asá contra Israel

162 Cro1El año trigésimo sexto del reinado de Asá, Basá, rey de Israel, subió contra Judá y reedificó Ramá para que nadie pudiese entrar ni salir de allí hacia Asá, rey de Judá. 2Entonces Asá sacó toda la plata y el oro que había quedado en los tesoros del Templo del Señor y en los del palacio real, y los envió a Ben–Hadad, rey de Siria, que residía en Damasco, diciéndole:

3—Que haya alianza entre tú y yo, como entre tu padre y mi padre. Aquí te envío plata y oro. Rompe tu alianza con Basá, rey de Israel, para que se retire de mis dominios.

4Ben–Hadad escuchó al rey Asá, y envió a los jefes de sus ejércitos contra las ciudades de Israel. Atacó Iyón, Dan, Abel-Maim y todas las ciudades de almacenamiento de Neftalí. 5Cuando se enteró Basá, dejó de reedificar Ramá desistiendo de su empresa. 6Entonces el rey Asá convocó a todo Judá y se llevaron de Ramá las piedras y maderas con las que estaba construyendo Basá, y con ellas el rey Asá reedificó Gueba y Mispá.

7En aquel momento el vidente Jananí se acercó a Asá, rey de Judá, y le dijo:

—Por haber confiado en el rey de Siria, en vez de confiar en el Señor, tu Dios, el ejército de ese rey se te irá de las manos. 8¿Acaso los cusitas y los libios no formaban un gran ejército con numerosos carros y caballos? Sin embargo, porque confiaste en el Señor, Él los puso en tus manos. 9Porque el Señor con sus ojos escruta toda la tierra y muestra su poder a favor de quienes le son fieles de corazón. Pero tú en esto has obrado como un necio; por eso de ahora en adelante habrá guerras contra ti.

10Asá se indignó con el vidente y le hizo encerrar en prisión, pues se irritó mucho con él por estas palabras. Por ese mismo tiempo Asá maltrató también a otros del pueblo.

11El resto de los hechos de Asá, desde los primeros a los últimos, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 12El año trigésimo noveno de su reinado, Asá enfermó gravemente de los pies. Pero ni en la enfermedad recurrió al Señor, sino a los magos. 13Asá descansó con sus padres y murió el año cuadragésimo primero de su reinado. 14Fue enterrado en el sepulcro que se había hecho excavar en la ciudad de David. Lo depositaron en un lecho lleno de aromas y perfumes preparados con arte de perfumistas. En sus exequias encendieron una hoguera muy grande.

Reinado de Josafat

172 Cro1Josafat, hijo de Asá, reinó en su lugar y se consolidó contra Israel. 2Instaló guarniciones en las ciudades fortificadas de Judá; nombró gobernadores en las ciudades de Judá y en las de Efraím, conquistadas por su padre Asá.

3El Señor estaba con Josafat porque seguía la antigua conducta de David, su padre; y no recurrió a los baales, 4sino al Dios de su padre, y seguía los mandamientos; no actuaba como Israel. 5El Señor consolidó el reino en sus manos y todo Judá le llevaba tributos con lo que llegó a tener una gran riqueza y una gran fama. 6Su corazón sentía el orgullo de seguir los caminos del Señor, y suprimió de nuevo en Judá los lugares altos y las aserás.

7El año tercero de su reinado envió a sus oficiales Ben–Hail, Obadías, Zacarías, Natanael y Micaías para que instruyesen a las ciudades de Judá. 8Les acompañaban los levitas Semaías, Netanías, Zebadías, Asael, Semiramot, Jonatán, Adonías y Tobías, todos ellos levitas; y los sacerdotes Elisamá y Joram. 9Instruían a los de Judá llevando consigo el libro de la Ley del Señor; recorrían todas las ciudades de Judá instruyendo al pueblo. 10Sobrevino el terror del Señor sobre todos los reinos que rodean a Judá y no se atrevieron a declarar la guerra contra Josafat. 11Desde el país los filisteos le traían tributos y plata como regalo; también los árabes le traían ganado menor: siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos.

12Josafat fue creciendo en poder cada vez más. Construyó en Judá fortalezas y ciudades de almacenamiento. 13Disponía de muchos servicios en las ciudades de Judá. En Jerusalén estaban sus guerreros, los hombres valerosos. 14Éste es su censo según las familias: por parte de Judá, estaban los jefes de mil; Adná era el jefe supremo y tenía a su cargo trescientos mil hombres valerosos. 15Bajo su mando estaba Yehojanán, que estaba al frente de doscientos ochenta mil hombres. 16También estaba bajo su mando Amasías, hijo de Zicrí, voluntario para servir al Señor, que tenía a su cargo doscientos mil hombres valerosos. 17Por parte de Benjamín, estaba Eliadá, hombre valeroso que tenía a su cargo doscientos mil hombres armados de arco y escudo. 18De él dependía Yehozabad, que tenía a su cargo ciento ochenta mil, bien equipados para la guerra.

19Todos éstos estaban al servicio del rey, sin contar los que el rey había establecido en las ciudades fortificadas de todo Judá.

Alianza de Josafat con Ajab

182 Cro1Josafat llegó a tener una gran riqueza y fama, y emparentó con Ajab. Al cabo de algunos años 2bajó a visitar a Ajab en Samaría y éste mató para Josafat y para los que le acompañaban gran cantidad de ovejas y vacas. Luego intentó convencerle de que atacara Ramot–Galaad. 3Ajab, rey de Israel, le dijo a Josafat, rey de Judá:

—¿Quieres venir conmigo contra Ramot–Galaad?

Josafat contestó al rey de Israel:

—Tú y yo, tu pueblo y mi pueblo, estamos unidos. Contigo iremos a la guerra.

4Y Josafat le dijo al rey de Israel:

—Consulta hoy mismo la palabra del Señor.

5El rey de Israel reunió a los profetas, unos cuatrocientos hombres, y les preguntó:

—¿Debo ir a la guerra contra Ramot–Galaad o debo quedarme quieto?

Le respondieron:

—Sube, el Señor la entregará en manos del rey.

6Josafat preguntó:

—¿No hay aquí otro profeta del Señor al que podamos consultar?

7Respondió el rey de Israel a Josafat:

—Todavía queda un hombre por medio del cual podemos consultar al Señor; pero yo lo detesto porque nunca profetiza nada bueno sobre mí, sino desgracias; es Miqueas, hijo de Yimlá.

Josafat le replicó:

—¡No hable así el rey!

8El rey de Israel llamó a uno de sus cortesanos y le dijo:

—Haz venir con rapidez a Miqueas, hijo de Yimlá.

9El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono, vestidos con el traje real, en una era junto a la puerta de Samaría, y todos los profetas pronunciaban oráculos sobre ellos. 10Sedecías, hijo de Quenaaná, se había hecho unos cuernos de hierro y decía:

—Esto dice el Señor: «Con éstos cornearás a los sirios hasta matarlos».

11Del mismo modo, todos los profetas profetizaban diciendo:

—Sube a Ramot–Galaad y tendrás éxito. El Señor la entregará en manos del rey.

12El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le dijo a éste:

—Mira, las palabras de los profetas coinciden a favor del rey. Que la palabra que tu profieras coincida con la de ellos y que anuncies cosas buenas.

13Respondió Miqueas:

—Vive el Señor, que lo que el Señor me diga, eso anunciaré.

14Se presentó ante el rey, y éste le preguntó:

—Miqueas, ¿debemos ir a la guerra contra Ramot–Galaad, o debemos quedarnos quietos?

Él le respondió:

—Suban y tendrán éxito. El Señor la entregará en manos del rey.

15El rey le advirtió:

—¿Cuántas veces te he de conjurar para que no me digas más que la verdad en nombre del Señor?

16Entonces dijo:

— He visto a todo Israel

vagando por las montañas

como ovejas sin pastor.

Y dice el Señor:

«Éstos no tienen dueño;

vuelva en paz cada uno a su casa».

17El rey de Israel dijo entonces a Josafat:

—¿No te dije que nunca profetiza nada bueno sobre mí, sino desgracias?

18Miqueas intervino:

—Escuchen, por tanto, la palabra del Señor. He visto al Señor sentado en su trono, y todo el ejército celestial formado junto a Él, a su derecha y a su izquierda. 19Y decía el Señor: «¿Quién engañará a Ajab para que suba y sucumba en Ramot–Galaad?». Como uno contestaba de una forma y otro de otra, 20entonces se adelantó un espíritu profético, se puso delante del Señor y dijo: «Yo le engañaré». El Señor preguntó: «¿Cómo?». 21Él respondió: «Iré y me convertiré en espíritu de mentira en boca de todos sus profetas». Dijo el Señor: «Lo engañarás y saldrás victorioso. Vete y hazlo». 22Ahora, pues, el Señor ha puesto un espíritu de mentira en boca de todos estos profetas tuyos, pero el Señor ha pronunciado desgracias contra ti.

23Sedecías, hijo de Quenaaná, se acercó y golpeó a Miqueas en el rostro diciendo:

—¿Por qué razón el espíritu del Señor me ha dejado a mí para hablarte a ti?

24Respondió Miqueas:

—Tú mismo lo verás aquel día, cuando vayas de refugio en refugio para esconderte.

25Ordenó entonces el rey de Israel:

—Prendan a Miqueas y llévenlo a Amón, prefecto de la ciudad, y a Joás, hijo del rey. 26Les dirán: «Esto ordena el rey: “Metan a éste en la cárcel, y raciónenle el pan y el agua hasta que yo vuelva sano y salvo”».

27Miqueas respondió:

—Si es verdad que vuelves sano y salvo, el Señor no ha hablado por mí.

Y añadió:

—¡Óiganlo, todos los pueblos!

Muerte de Ajab

28El rey de Israel subió con Josafat, rey de Judá, a Ramot–Galaad. 29Y dijo el rey de Israel a Josafat:

—Hay que disfrazarse para entrar en combate; pero tú lleva tus propias vestiduras.

El rey de Israel se disfrazó y entró en combate. 30El rey de Siria había dado estas órdenes a los jefes de sus carros: «No peleen contra pequeños ni grandes, sino sólo contra el rey de Israel». 31Cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, se dijeron: «Ahí está el rey de Israel», y lo rodearon para atacarle. Pero Josafat comenzó a gritar, y el Señor vino en su ayuda y los alejó de él. 32Cuando los jefes de los carros vieron que no era el rey de Israel, dieron media vuelta. 33Cierto individuo, sin embargo, disparó el arco al azar e hirió al rey de Israel entre las junturas de la coraza. Éste dijo a su auriga:

—Da la vuelta y sácame de la batalla porque estoy malherido.

34El combate arreció aquel día; el rey de Israel permaneció erguido en el carro frente a los sirios hasta la tarde, pero murió al ponerse el sol.

Organización judicial de Josafat

192 Cro1Josafat, rey de Judá, volvió en paz a su casa en Jerusalén. 2Pero el vidente Jehú, hijo de Jananí, salió al encuentro del rey Josafat y le dijo:

—¿Vas a ayudar a un impío y vas a tener especial aprecio a los que odian al Señor? Por eso la cólera del Señor está contra ti. 3Pero también se han hallado cosas buenas en ti, puesto que has arrancado las aserás de la tierra y has decidido en tu corazón buscar a Dios.

4Josafat residía en Jerusalén, pero de nuevo salió a visitar a su pueblo desde Berseba hasta las montañas de Efraím, acercándolo al Señor, Dios de sus padres. 5Estableció jueces en todo el territorio de Judá, en cada una de las ciudades fortificadas, 6y les indicó:

—Miren lo que hacen, porque no juzgan para los hombres, sino para el Señor; Él estará con ustedes cuando dicten sentencia. 7Así pues, que el temor del Señor esté ante ustedes; obren teniendo en cuenta que en el Señor, nuestro Dios, no hay iniquidad ni preferencias personales ni aceptación de sobornos.

8También en Jerusalén Josafat instituyó a algunos levitas, sacerdotes y cabezas de familia de Israel para juzgar en nombre del Señor y para solucionar los pleitos de los habitantes de Jerusalén. 9Y les ordenó:

—Obren en el temor del Señor, con fidelidad y con integridad de corazón. 10Ante cualquier pleito que les presente uno de sus hermanos, que reside en su ciudad, sea por delito de sangre o por una ley, un mandamiento, un decreto o una norma, ustedes instrúyanlo para que no se hagan culpables ante el Señor y no recaiga sobre ustedes y sobre sus hermanos la ira del Señor. Obren así y no serán culpables.

11»Amasías, sumo sacerdote, los presidirá en las causas religiosas; y Zebadías, hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, en todas las causas referentes al rey. Los levitas están a su disposición como escribas. Manténganse firmes y trabajen; el Señor está con el que obra bien.

Victoria de Josafat sobre amonitas y moabitas

202 Cro1Después de una temporada, los moabitas, los amonitas y algunos de los meunitas declararon la guerra a Josafat. 2Vinieron a anunciarle:

—Viene contra ti una gran muchedumbre del otro lado del Mar Muerto, de Edom; están en Jasasón–Tamar, es decir, en En-Guedí.

3Josafat, aterrorizado, decidió recurrir al Señor y promulgó un día de ayuno por todo Judá. 4Se reunieron todos los de Judá para implorar al Señor; de todas las ciudades de Judá vinieron para invocar al Señor. 5Josafat se puso en pie en la asamblea de Judá y de Jerusalén, en el Templo del Señor, de frente al atrio nuevo, 6y exclamó:

—Señor, Dios de nuestros padres, ¿no eres Tú el Dios del cielo? Tú dominas sobre todos los reinos de las naciones. En tu mano está la fuerza y el poder, y nadie puede resistirte. 7Tú, Dios nuestro, has arrojado de esta tierra a sus habitantes delante de tu pueblo Israel y se la has dado a los descendientes de Abrahán, tu amigo, para siempre. 8Ellos la han habitado y han construido un Santuario en honor de tu nombre diciendo: 9«Si nos sobreviene alguna desgracia, espada, peste o hambre, nos presentaremos ante este Templo y ante ti, porque en este Templo está tu nombre; clamaremos en nuestra angustia y Tú nos escucharás y nos salvarás». 10Ahora, mira lo que hacen los amonitas, los moabitas y los de la montaña de Seír, a los que no permitiste que los invadieran los israelitas cuando venían de Egipto; y por eso dieron un rodeo y no los destruyeron. 11Ahora ellos nos lo pagan viniendo a desposeernos de la heredad que nos habías dado. 12¿No harás justicia, Dios nuestro, con ellos? Nosotros no tenemos fuerza para hacer frente a tanta muchedumbre que viene sobre nosotros. No sabemos qué hacer, por eso tenemos nuestros ojos puestos en ti.

13Todos los de Judá estaban en pie ante el Señor, con sus pequeños, sus mujeres y sus hijos. 14Entonces, Yajaziel, hijo de Zacarías, hijo de Benaías, hijo de Yeiel, hijo de Matanías, el levita, de los hijos de Asaf, se sintió invadido por el espíritu del Señor en medio de la asamblea 15y dijo:

—Atiéndanme, habitantes todos de Judá y de Jerusalén; y tú también, rey Josafat. Así dice el Señor: «Ustedes no teman ni se acobarden ante esta gran multitud, porque esta guerra no es cosa de ustedes, sino de Dios. 16Mañana, bajen contra ellos; subirán por la cuesta de Sis y podrán sorprenderlos en el final del valle que está frente al desierto de Yeruel. 17En esta ocasión no les corresponde a ustedes luchar; deténganse y quédense contemplando la salvación que el Señor va a obrar a favor de ustedes, gente de Judá y Jerusalén. No teman y no se acobarden. Salgan mañana a su encuentro, que el Señor estará con ustedes».

18Josafat se inclinó rostro en tierra, y todo Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron ante el Señor para adorarlo. 19Los levitas de entre los hijos de Quehat y de Coré se levantaron para alabar al Señor, Dios de Israel, a grandes voces.

20Se levantaron temprano y salieron hacia el desierto de Tecoa. Cuando iban andando se paró Josafat y dijo:

—Escúchenme, habitantes de Judá y de Jerusalén. Confien en el Señor, su Dios, y permanecerán seguros. Confien en sus profetas y tendrán éxito.

21Tuvo consejo con el pueblo y designó al grupo de cantores del Señor, para que le alabasen con santo esplendor y salieran delante de los hombres armados cantando:

«Alaben al Señor,

porque su misericordia es eterna».

22En el momento en que comenzaron los cantos de alegría y de alabanza, el Señor provocó desacuerdos entre los amonitas, los moabitas y los de las montañas de Seír que habían venido contra Judá, y fueron derrotados. 23Los moabitas y los amonitas se enfrentaron contra los habitantes de las montañas de Seír hasta entregarlos al exterminio y destruirlos. Y cuando terminaron con ellos se dedicaron a destruirse unos a otros.

24Cuando los de Judá llegaron a la colina desde donde se divisa el desierto, miraron hacia la muchedumbre de los enemigos y todos eran cadáveres esparcidos por la tierra, sin que nadie hubiera escapado. 25Josafat y su gente se acercaron a saquear los despojos. Encontraron animales de carga, riquezas, vestidos y objetos preciosos en abundancia. Se apoderaron de todo hasta que ya no podían llevar más; y estuvieron tres días recogiendo el botín, porque era muy abundante. 26El cuarto día se reunieron en asamblea en el valle de Beracá. Puesto que allí bendijeron al Señor, impusieron a aquel lugar el nombre de valle de Beracá, nombre que dura hasta hoy. 27Después, todos los de Judá y de Jerusalén, con Josafat a la cabeza, emprendieron la vuelta a Jerusalén, llenos de alegría, porque el Señor les había colmado de gozo a costa de sus enemigos. 28Llegaron a Jerusalén y se dirigieron al Templo con arpas, cítaras y trompetas. 29El terror de Dios se apoderó de todos los reinos de los distintos países cuando supieron que el Señor había combatido contra los enemigos de Israel.

30El reinado de Josafat gozó de tranquilidad; Dios le concedió sosiego con todos los de alrededor.

Final del reinado de Josafat

31Josafat, por lo tanto, reinó sobre Judá. Tenía treinta y cinco años cuando subió al trono, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre era Azubá, hija de Siljí. 32Siguió la conducta de su padre Asá y nunca se desvió de ella, obrando siempre con rectitud a los ojos del Señor. 33Sin embargo no suprimió los lugares altos, y el pueblo todavía no estaba firme en su corazón para adherirse al Dios de sus padres.

34El resto de los hechos de Josafat desde los primeros hasta los últimos están escritos en las crónicas de Jehú, hijo de Jananí, incluidas en el libro de los reyes de Israel.

35Al final Josafat, rey de Judá, se asoció con Ocozías, rey de Israel, que llevaba una conducta impía. 36Se asoció con él para poder construir grandes naves capaces de llegar a Tarsis. Las construyeron en Esión–Guéber. 37Pero Eliézer, hijo de Dodaías de Maresá, profetizó sobre Josafat:

—Por haberte asociado con Ocozías el Señor ha quebrado tu obra.

En efecto, las naves se rompieron y no pudieron salir hacia Tarsis.