COMENTARIO

 2 Cro 12,1-16 

El texto paralelo (1 R 14,21-31) es tomado como punto de referencia, pero se modifica para introducir la doctrina de la retribución personal e inmediata, y la relevancia del mensaje del profeta. En efecto, el rey de Egipto ataca a Jerusalén como consecuencia de la infidelidad de Roboam (vv. 1-5), pero cuando los dirigentes de Judá hacen penitencia, el rey de Egipto se detiene en el ataque. El profeta Semaías es el encargado de interpretar el sentido del ataque egipcio y de transmitir el designio divino de preservar Jerusalén.

La terminología usada aquí tiene mucha importancia puesto que va a llegar hasta el Nuevo Testamento: la infidelidad se expresa como «abandono de Dios y de su Ley» (vv. 1.5; cfr Mt 23,23; Mc 7,8; etc.), y como «rebelión» (v. 2; cfr Rm 2,8; Ef 5,6; etc.); en cambio la fidelidad y conversión se traduce en «búsqueda del Señor» (11,16; 12,14; cfr Mt 6,33; Lc 12,31; Jn 5,30; etc.), en humillación y en reconocimiento de que «justo es el Señor» (vv. 6-7).

El Catecismo Romano, citando el v. 6, enseña que los castigos que recibieron los israelitas por parte de sus reyes enemigos, imagen del «mundo» en sentido peyorativo, los permitió Dios para que «aprendiéramos que no son amigos de Dios sino los enemigos del mundo y los peregrinos en la tierra (…); y para que, convertidos al culto de Dios, entendiésemos que son al fin más dichosos los que sirven a Dios que los que sirven al mundo» (Catecismo Romano 3,1,13).

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