COMENTARIO
El reinado de Abías ocupa muy pocas líneas en el libro de los Reyes (1 R 15,1-8, donde se le llama Abiam); en cambio, aquí se amplía con el discurso que Abías dirigió a sus hermanos del Norte. La batalla entre ambos (cfr 1 R 15,6) se convierte en contienda religiosa en la que están en juego los principios doctrinales recogidos en el discurso de Abías (cfr el discurso semejante de David ante Goliat, 1 S 17,45-47), y que resumen la enseñanza de Crónicas: el reino legítimo es el de Judá (v. 5); los del Norte son rebeldes (v. 6), idólatras (v. 8) y están dirigidos por sacerdotes ilegítimos (v. 9), mientras que los de Judá no han abandonado al Señor (v. 10) y conservan el culto legítimo llevado a cabo por sacerdotes auténticos (vv. 10-11).
La batalla más que militar está descrita como una procesión litúrgica con sus elementos característicos: oración inicial, sonido de trompetas, grito de guerra, contienda y victoria concedida por Dios a sus fieles (vv. 14-18). El triunfo, por tanto, es ante todo religioso y supone no sólo la continuidad de la dinastía davídica en Judá, sino también la permanencia del culto y del sacerdocio.
El pasaje también enseña que la fidelidad a Dios y al honor que se le debe es garantía de victoria. Frente a lo inútil que resulta tratar de enfrentarse a Dios, tal como lo reflejan las palabras del v. 12: «Hijos de Israel, no luchéis contra el Señor, Dios de vuestros padres, que no triunfaréis», destaca el éxito de los que se mantuvieron fieles a su lado: «Los de Judá salieron fortalecidos por haber confiado en el Señor, Dios de sus padres» (v. 18). El episodio es una invitación permanente a la fidelidad basada en la omnipotencia divina: «Confía siempre en tu Dios. —Él no pierde batallas» (S. Josemaría Escrivá, Camino, n. 733).
Dios bendijo a Abías afianzando su reinado y concediéndole una familia numerosa (v. 21), es decir, le retribuyó personalmente y lo hizo de modo inmediato por haber permanecido fiel.