COMENTARIO

 2 Cro 29,1-32,32 

Ezequías «obró con rectitud a los ojos del Señor como lo había hecho su padre David» (29,2). Este juicio tan positivo sobre Ezequías orienta la amplia sección de cuatro capítulos dedicada a relatar los acontecimientos de su reinado. Como imitador de David, Ezequías devolverá a Jerusalén su prestigio original de capital política y religiosa, y procurará la unidad de los dos reinos acogiendo a los grupos venidos de Israel (30,25); conseguirá que todos los israelitas (literalmente «todo Israel», 31,1) se decidan a destruir los lugares altos, y convocará la Pascua «por todo Israel» (30,5).

Como rey piadoso que obró con rectitud, llevó a cabo una decisiva reforma religiosa que abarcaba los aspectos más importantes del culto: la reapertura y purificación del Templo (29,3-19), el restablecimiento del culto (29,20-36), la celebración de la Pascua en todo el país (30,1-27), la destrucción de todo lo idolátrico (31,1) y la reorganización del clero en el servicio del Templo (31,2-9). El calificativo final sobre Ezequías, uno de los reyes de Judá más extraordinarios, es casi idéntico al del comienzo, pues se revela que todo lo hizo «para buscar de todo corazón a Dios; y por eso tuvo éxito» (31,21).

El último acontecimiento de su vida fue su comportamiento gallardo y, a la vez, piadoso ante la invasión de los asirios (32,1-23) y, en otro orden de cosas, su humildad para pedir al Señor la curación de su gravísima dolencia (32,24-26).

Fueron años de gran prosperidad política y religiosa que el Cronista interpreta como fruto de la bendición divina y del comportamiento ejemplar del rey.

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