212 Cro1Josafat descansó con sus padres y fue enterrado con ellos en la ciudad de David. En su lugar reinó su hijo Joram. 2Los hermanos de éste eran Azarías, Yejiel, Zacarías, Azaryahú, Miguel y Sefatías; todos ellos hijos de Josafat, rey de Israel. 3Su padre les había distribuido gran cantidad de plata, oro y objetos preciosos, junto con algunas ciudades fortificadas de Judá. Pero la realeza se la había concedido al primogénito. 4Joram, por tanto, subió al trono de su padre; pero en cuanto se sintió consolidado mató a espada a todos sus hermanos y también a algunos jefes de Israel.
5Joram tenía treinta y dos años cuando empezó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. 6Siguió la conducta de los reyes de Israel, obrando como la casa de Ajab, porque su esposa fue una hija de Ajab, y obró mal a los ojos del Señor; 7pero no quiso el Señor destruir la dinastía de David a causa de la alianza que había establecido con David, y de la promesa de concederles a él y a sus hijos una lámpara encendida para siempre.
8Durante su reinado se rebeló Edom contra el dominio de Judá y se proclamaron un rey. 9Entonces Joram pasó la frontera con sus jefes y sus carros; se lanzó de noche y atacó a los edomitas que les habían cercado, tanto a él como a los jefes de los carros. 10Pero Edom se independizó del dominio de Judá hasta el día de hoy. En aquellos días también se independizó Libná. Esto sucedió por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres.
11Además Joram construyó lugares altos en las montañas de Judá, indujo a la idolatría a los habitantes de Jerusalén y llegó a descaminar a Judá. 12Entonces le llegó una carta del profeta Elías con este mensaje:
«Así dice el Señor, Dios de David, tu padre: “Porque no has seguido la conducta de tu padre Josafat, ni la de Asá, rey de Judá, 13sino la de los reyes de Israel, y has inducido a la idolatría a Judá y a los habitantes de Jerusalén, como hizo la casa de Ajab, e incluso has matado a todos tus hermanos, a la casa de tu padre, que eran mejores que tú, 14mira, el Señor hará caer una enorme plaga sobre tu pueblo y sobre tus hijos, sobre tus mujeres y sobre tus bienes. 15Tú mismo padecerás graves dolencias y una enfermedad en el vientre tal, que por ella se te irán saliendo las entrañas día tras día”».
16El Señor hizo resurgir contra Joram la hostilidad de los filisteos y de los árabes que habitan al lado de los cusitas. 17Subieron contra Judá, lo invadieron y se apoderaron de todos los bienes que había en el palacio del rey, de sus hijos y de sus mujeres; no le quedó más que Joacaz, el más pequeño. 18Después de todo esto el Señor afligió a Joram con una enfermedad incurable en el vientre; 19día tras día se iba agravando y, al cabo de dos años, hasta los intestinos se le salían por causa de la enfermedad; y así murió en medio de grandes dolores. Su pueblo no hizo la hoguera aromática en su honor como lo habían hecho con su padre.
20Tenía treinta y dos años cuando empezó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. Se fue sin que nadie hiciera duelo. Lo sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.
222 Cro1Los habitantes de Jerusalén proclamaron rey, en lugar de Joram, a Ocozías, su hijo menor, porque todos los demás habían sido asesinados por una banda de árabes que había penetrado en el campamento. Así llegó a ser rey Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá. 2Tenía veintidós años cuando comenzó a reinar y reinó un solo año en Jerusalén. Su madre se llamaba Atalía y era hija de Omrí, rey de Israel. 3También él siguió el comportamiento de la casa de Ajab, porque su madre le aconsejaba obrar con impiedad. 4Obró mal a los ojos del Señor, como los de la casa de Ajab, porque, a la muerte de su padre, ellos fueron sus consejeros para su perdición. 5Por eso, siguiendo sus consejos, marchó con Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, a luchar contra Jazael, rey de Siria, en Ramot–Galaad. Los sirios hirieron a Joram, 6y tuvo que volver a Yizreel para curarse de las heridas recibidas en Ramot mientras luchaba contra Jazael, rey de Siria.
Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá, bajó a Yizreel a visitar a Joram, hijo de Ajab, que estaba enfermo. 7Fue cosa de Dios que Ocozías encontrara su ruina al ir a visitar a Joram. Apenas llegó, salió con Joram contra Jehú, hijo de Nimsí, a quien el Señor había ungido para destruir la casa de Ajab. 8Mientras Jehú hacía justicia contra la casa de Ajab, encontró a los jefes de Judá y a los sobrinos de Ocozías que estaban a su servicio, y los mató. 9Luego mandó buscar a Ocozías y lo capturaron en Samaría, donde se había escondido. Lo llevaron ante Jehú que ordenó matarlo; pero le concedieron ser sepultado porque decían:
—Es hijo de Josafat, que ha buscado al Señor con todo su corazón.
De la casa de Ocozías no quedó ninguno capaz de reinar.
10Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que había muerto su hijo, determinó exterminar toda la descendencia real de la casa de Judá. 11Pero Yehoseba, hija del rey, recogió a Joás, hijo de Ocozías, lo sacó de entre los hijos del rey que estaban siendo asesinados, y lo escondió junto con su nodriza en una habitación con camas. De esta forma Yehoseba, hija del rey Joram, esposa del sacerdote Yehoyadá y hermana de Ocozías, sustrajo a Joás de la vista de Atalía y evitó que lo asesinaran. 12Se quedó con ellos en el Templo de Dios durante seis años. Mientras tanto, Atalía reinaba en el país.
232 Cro1El año séptimo Yehoyadá se sintió fuerte y tomó a su cargo a los jefes de cien, a Azarías, hijo de Yerojam, a Ismael, hijo de Yehojanán, a Azarías, hijo de Obed, a Maasías, hijo de Adaías, y a Elisafat, hijo de Zicrí, y estableció un pacto con ellos. 2Recorrieron Judá y congregaron a los levitas de todas las ciudades de Judá y a los cabezas de familia de Israel. Todos vinieron a Jerusalén. 3Toda la asamblea estableció una alianza con el rey en el Templo de Dios. Yehoyadá les dijo:
—Aquí está el hijo del rey. Él es quien debe reinar como ha prometido el Señor a los hijos de David. 4Esto es lo que deben hacer: una tercera parte de ustedes, sacerdotes y levitas que entran de servicio el sábado, guardarán las puertas del Templo; 5otra tercera parte guardará el palacio real, y otra tercera parte, la puerta del Fundamento; el pueblo se situará en los atrios del Templo del Señor. 6Que no entre nadie en el Templo del Señor, sino sólo los sacerdotes y los levitas que están de servicio; ellos pueden entrar porque son los consagrados. Todo el pueblo observará las indicaciones del Señor. 7Los levitas rodearán al rey, cada uno con las armas en la mano. Si alguno intenta entrar en el Templo, morirá. Acompañarán al rey en sus entradas y salidas.
8Los levitas y todos los de Judá hicieron lo que había ordenado el sacerdote Yehoyadá. Cada uno tomó a sus hombres, a los que entraban y a los que salían de su turno del sábado, porque el sacerdote Yehoyadá no había dejado marchar a ninguno de los que salían de su turno. 9El sacerdote Yehoyadá entregó a los jefes de cien las lanzas y los escudos grandes y pequeños del rey David que estaban en el Templo de Dios. 10Después colocó a todo el pueblo, cada uno con su arma en la mano, desde el extremo derecho del Templo hasta el extremo izquierdo, frente al altar y frente al Templo, rodeando al rey. 11Entonces hicieron salir al hijo del rey, le pusieron la corona y las insignias reales y le proclamaron rey. Yehoyadá y sus hijos le ungieron y gritaron:
—¡Viva el rey!
12Cuando Atalía oyó las voces del pueblo que corría aclamando al rey, se acercó también ella a la gente que estaba en el Templo del Señor, 13y vio al rey de pie sobre su sede, a la entrada; y a los jefes y las trompetas rodeando al rey. Todo el pueblo llano expresaba su alegría, las trompetas sonaban y los cantores entonaban sus cantos de alabanza acompañados por los instrumentos musicales. Entonces Atalía se rasgó las vestiduras y gritó:
—¡Traición, traición!
14El sacerdote Yehoyadá ordenó a los jefes de cien que controlaban el ejército:
—Sáquenla de entre las filas de guardianes. El que vaya tras ella que muera a espada.
Pues el sacerdote había ordenado:
—No la maten en el Templo del Señor.
15Ellos le echaron mano, y cuando era conducida por el camino de la puerta de los caballos hacia el palacio real, allí le dieron muerte.
16Yehoyadá estableció una alianza entre él, el rey y el pueblo por la que se comprometían a ser el pueblo del Señor. 17Después todo el pueblo entró en el templo de Baal y lo destrozaron; hicieron pedazos el altar y las imágenes; y mataron a Matán, sacerdote de Baal, delante de los altares.
18Después el sacerdote Yehoyadá puso guardianes en el Templo del Señor, a las órdenes de los sacerdotes y de los levitas que David había distribuido en turnos dentro del Templo para ofrecer holocaustos al Señor, como estaba prescrito en la Ley de Moisés, acompañados de alegría y cantos, de acuerdo con las disposiciones de David. 19Colocó también a los porteros en las puertas del Templo, para que no entrase nadie que por cualquier motivo estuviera impuro. 20Luego tomó a los jefes de cien, a los nobles, a los que tenían alguna autoridad sobre el pueblo y al pueblo llano. Bajaron al rey desde el Templo del Señor, lo condujeron por la puerta superior hasta el palacio real y le hicieron sentarse en el trono real. 21Todo el pueblo llano se alegró y la ciudad gozó de tranquilidad después de haber matado a espada a Atalía.
242 Cro1Joás tenía siete años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sibías y era de Berseba. 2Joás obró con rectitud a los ojos del Señor mientras vivió el sacerdote Yehoyadá. 3Éste le hizo desposarse con dos mujeres que le dieron hijos e hijas. 4Después de un tiempo Joás se propuso restaurar el Templo del Señor. 5Reunió a los sacerdotes y levitas y les dijo:
—Salgan por las ciudades de Judá y recojan de todo Israel dinero para restaurar cada año el Templo de su Dios. Sean diligentes en este encargo.
Pero los levitas no fueron diligentes. 6Entonces el rey llamó a Yehoyadá como máximo responsable y le dijo:
—¿Por qué no has urgido a los levitas que recaudaran de Judá y de Jerusalén la tasa prescrita por Moisés, siervo del Señor, y fijada por la asamblea de Israel para la tienda del Testimonio?
7Pues la perversa Atalía y sus hijos habían causado destrozos en el Templo de Dios, y lo que había sido consagrado al Templo del Señor lo dedicaron al culto de los baales. 8El rey dispuso que hicieran un arca y la pusieran en la puerta del Templo del Señor, en la parte de fuera. 9Luego anunciaron por Judá y Jerusalén que aportasen al Señor la tasa impuesta a Israel por Moisés, siervo de Dios, en el desierto. 10Todos los jefes y el pueblo entero se alegraron y trajeron su aportación y la depositaron en el arca hasta llenarla.
11Cada vez que llevaban el arca a la inspección real por medio de los levitas, y comprobaban que había mucho dinero, venían el escriba del rey y el guardián designado por el sumo sacerdote, vaciaban el arca y la volvían a poner en su sitio. Así lo hacían cada día; y recolectaron gran cantidad de dinero. 12El rey y Yehoyadá se lo entregaban a los encargados de las obras del Templo del Señor; y éstos contrataron canteros y carpinteros para restaurar el Templo del Señor y también trabajadores de hierro y de bronce para reforzar el Templo del Señor. 13Los encargados de las obras trabajaron con intensidad y, bajo su dirección, iba progresando la restauración. Devolvieron así el Templo de Dios a su estado primitivo y lo consolidaron. 14Cuando terminaron, llevaron ante el rey y Yehoyadá el resto del dinero, y con ellos hicieron objetos para el Templo del Señor: utensilios para el culto y para los holocaustos, vasos y utensilios de oro y de plata. Mientras vivió Yehoyadá, se ofrecían holocaustos en el Templo del Señor. 15Pero Yehoyadá se hizo viejo y, colmado de días, murió a la edad de ciento treinta años. 16Lo enterraron en la ciudad de David con los reyes, porque hizo el bien en Israel en relación con Dios y con el Templo.
17Después de la muerte de Yehoyadá, los jefes de Judá vinieron a postrarse ante el rey, y él accedió a todas sus exigencias. 18Ellos abandonaron el Templo del Señor, Dios de sus padres, para dar culto a las aserás y a los ídolos. Por esta culpa suya, la cólera del Señor se desencadenó sobre Judá y sobre Jerusalén. 19El Señor envió a sus profetas para intentar que se convirtieran a Él; comunicaron su mensaje, pero no les escucharon. 20Entonces el espíritu de Dios se apoderó de Zacarías, hijo del sacerdote Yehoyadá, y se levantó en medio del pueblo con este mensaje:
—Esto ha dicho Dios: «¿Por qué violan los mandamientos del Señor? No tendrán prosperidad. Han abandonado al Señor, y Él los abandonará también a ustedes».
21Pero ellos se conjuraron contra Zacarías y, por orden del rey, lo apedrearon en el atrio del Templo del Señor. 22El rey Joás no tuvo en cuenta el afecto que le había mostrado Yehoyadá, padre de Zacarías, y mandó matar a su hijo, que antes de morir exclamó:
—¡Que el Señor lo vea y pida cuentas!
23Al principio del año siguiente subió contra Joás el ejército arameo. Vinieron contra Judá y Jerusalén, exterminaron de entre el pueblo a todos sus jefes y enviaron todo el botín al rey de Damasco. 24El ejército arameo vino con pocos hombres, pero el Señor puso en sus manos un ejército muy numeroso, porque los de Judá habían abandonado al Señor, Dios de sus padres; así los arameos hicieron justicia con Joás. 25Cuando se marcharon, dejándolo muy enfermo, los cortesanos del rey hicieron una conspiración para vengar la sangre del hijo del sacerdote Yehoyadá y lo asesinaron en su propio lecho. Lo sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes. 26Éstos son los autores de la conspiración: Zabad, hijo de Simat, la amonita, y Yehozabad, hijo de Simrit, la moabita.
27Lo relacionado con los hijos de Joás, la gran cantidad de tributos recogidos y la restauración del Templo de Dios, todo está escrito en el comentario del libro de los reyes. En su lugar reinó su hijo Amasías.
252 Cro1Veinticinco años tenía Amasías cuando empezó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre, que era de Jerusalén, se llamaba Yehoadán. 2Obró con rectitud a los ojos del Señor, pero no con corazón perfecto. 3Cuando se consolidó su reinado, mató a los cortesanos que habían asesinado al rey, su padre. 4Pero no hizo morir a los hijos de los asesinos porque está escrito en el libro de la Ley de Moisés el mandato del Señor: «Los padres no morirán a causa de los hijos, ni los hijos a causa de los padres, sino que cada uno morirá por su pecado».
5Amasías reunió a los de Judá y los distribuyó según las familias, bajo el mando de los jefes de mil y de cien, por todo Judá y Benjamín. Hizo un censo de los de veinte años para arriba y resultó que eran trescientos mil hombres selectos, aptos para la guerra, armados de lanza y escudo. 6Además reclutó en Israel a cien mil hombres valerosos por cien talentos de plata. 7Pero un hombre de Dios se presentó ante el rey y le dijo:
—Oh rey, que no vaya contigo el ejército de Israel, porque el Señor no está con Israel ni con los hijos de Efraím. 8Porque si sales como si sólo la fuerza sirviera en la batalla, Dios te hará fracasar ante el enemigo, porque Dios tiene poder para ayudar y para hacer vacilar.
9Amasías respondió al hombre de Dios:
—¿Y qué se va a hacer con los cien talentos que he dado a las tropas de Israel?
El hombre de Dios contestó:
—El Señor puede darte mucho más que eso.
10Amasías separó las tropas de Efraím que se habían unido a él y las mandó volver a su región; pero ellos se enfurecieron contra Judá y volvieron a su región llenos de ira.
11Sin embargo, Amasías cobró ánimo y poniéndose al frente de su pueblo se dirigió al Valle de la Sal donde causó diez mil bajas a los hijos de Seír. 12Los de Judá hicieron prisioneros a otros diez mil, los llevaron a lo alto de la Roca y los arrojaron desde allí; todos se despeñaron. 13Los de las tropas que Amasías había liberado para que no fueran con él a la batalla, asaltaron las ciudades de Judá, desde Samaría hasta Bet–Jorón, mataron a tres mil personas y se apoderaron de un botín abundante.
14Cuando volvió de vencer a los edomitas, Amasías llevó los dioses de los hijos de Seír y los constituyó como dioses propios; se postró ante ellos y quemó incienso en su honor. 15Por esto se encendió la cólera del Señor contra Amasías y le envió un profeta que le dijera:
—¿Por qué recurres a unos dioses que no han sido capaces de liberar a su pueblo de tu mano?
16Mientras el profeta le interpelaba, el rey le interrumpió:
—¿Acaso te hemos constituido consejero del rey? ¡Cállate! ¿Tendré que matarte?
El profeta se calló, pero aún dijo:
—Veo que Dios ha decidido destruirte porque has hecho esto y no has escuchado mi consejo.
17Amasías, rey de Judá, después de dejarse aconsejar, envió mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, y le dijo:
—Ven y nos veremos las caras.
18Joás, rey de Israel, mandó decir a Amasías, rey de Judá:
—El cardo del Líbano mandó decir al cedro del Líbano: «Dame tu hija para esposa de mi hijo». Pero pasaron las bestias salvajes del Líbano y pisotearon el cardo. 19Has derrotado a Edom y se ha engreído tu corazón. Quédate en casa. ¿Por qué tienes que provocar un desastre y perecer tú y Judá contigo?
20Pero Amasías no le escuchó. Era cosa de Dios que sería entregado en manos de sus enemigos por haber recurrido a los dioses de Edom. 21Entonces subió Joás, rey de Israel, y se enfrentaron los dos en Bet–Semes, ciudad de Judá. 22Judá fue derrotado por Israel y tuvo que huir cada uno a su tienda. 23Y Joás, rey de Israel, hizo prisionero en Bet–Semes a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Joacaz. Lo llevó a Jerusalén y derribó la muralla de Jerusalén, desde la puerta de Efraím hasta la puerta del Ángulo, cuatrocientos codos. 24Se llevó todo el oro y la plata, todos los objetos que había en el Templo al cuidado de Obededom, y los tesoros del palacio real y rehenes. Luego se volvió a Samaría.
25Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, vivió aún quince años después de la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel.
26El resto de los hechos de Amasías, desde los primeros hasta los últimos, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 27Desde el momento en que Amasías se alejó del Señor se tramó una conspiración contra él en Jerusalén, y huyó a Laquís; pero le persiguieron hasta Laquís y allí le dieron muerte. 28Luego lo transportaron a caballo y lo enterraron con sus padres en la ciudad de David.
262 Cro1El pueblo entero de Judá tomó a Uzías, que tenía dieciséis años, y lo proclamó rey en lugar de su padre Amasías. 2Él reconstruyó Elat y la devolvió a Judá después de que el rey Amasías hubiese descansado con sus padres. 3Uzías tenía dieciséis años cuando empezó a reinar y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre, que era de Jerusalén, se llamaba Yecolías. 4Obró con rectitud a los ojos del Señor como lo había hecho su padre Amasías. 5Buscó a Dios todo el tiempo que vivió Zacarías, que le enseñaba el temor de Dios. Mientras buscó al Señor, Dios le hizo progresar.
6Uzías salió a luchar contra los filisteos y destruyó la muralla de Gat, de Yabne y de Asdod; y construyó ciudades fortificadas en Asdod y en todo el territorio de los filisteos. 7Dios le ayudó contra los filisteos, contra los árabes residentes en Gur–Baal, y contra los meunitas. 8Los meunitas también le daban tributo a Uzías, con lo que su fama llegaba hasta los confines de Egipto porque se había hecho muy poderoso.
9Uzías construyó torres en Jerusalén: en la puerta del Ángulo, en la puerta del Valle y en la Esquina; y las fortificó. 10Además construyó torres en el desierto y excavó muchas cisternas porque poseía mucho ganado en la Sefelá y en el altiplano. También tenía campesinos y viñadores en las montañas y en las tierras fértiles, pues le agradaba mucho el campo.
11Uzías poseía un ejército fuerte que salía a hacer incursiones organizado en secciones según el censo hecho por Yeiel, el escriba, y Maasías, el comisario, bajo las órdenes de Jananías, uno de los jefes del rey. 12El número de cabezas de familia puestos al frente de los hombres valerosos era de dos mil seiscientos. 13A sus órdenes estaba un ejército de trescientos mil quinientos guerreros dispuestos a combatir con fuerza y valentía para ayudar al rey contra el enemigo. 14Uzías suministró escudos y lanzas, yelmos, corazas, arcos, así como piedras de honda a todos ellos, a todo el ejército. 15Hizo construir en Jerusalén unos mecanismos, hechos por un especialista, que colocó en las torres y en los ángulos con el fin de lanzar flechas y grandes piedras. La fama de Uzías se extendió hasta regiones muy lejanas porque Dios le ayudaba de modo admirable a hacerse poderoso.
16Pero en cuanto se sintió consolidado, se engrió su corazón hasta corromperse. Fue infiel al Señor, su Dios, pues penetró en el Santuario del Señor para quemar incienso sobre el altar del incienso. 17Detrás de él entró el sumo sacerdote Azarías acompañado de ochenta sacerdotes del Señor, hombres valerosos. 18Se enfrentaron a Uzías y le dijeron:
—Uzías, no te corresponde a ti quemar incienso al Señor, sino a los sacerdotes, hijos de Aarón, consagrados para ofrecerlo. Sal del Santuario, porque has sido infiel. Esta acción no te proporciona ninguna gloria de parte del Señor Dios.
19Uzías, que tenía ya en la mano el incensario a punto de ofrecer el incienso, se enfureció. Y al descargar su ira contra los sacerdotes le brotó lepra en la frente en presencia de los sacerdotes, en el Templo, junto al altar del incienso. 20El sumo sacerdote Azarías y los demás sacerdotes se volvieron hacia él y vieron que tenía lepra en la frente. Entonces le hicieron salir rápidamente de allí; él mismo se apresuró a salir, porque el Señor le había herido.
21El rey Uzías continuó leproso hasta el día de su muerte. Residió como leproso en una casa aislada, pues estaba excluido del Templo del Señor. Su hijo Jotam estaba al frente del palacio real y gobernaba al pueblo llano. 22El resto de los hechos de Uzías, desde los primeros hasta los últimos, los escribió el profeta Isaías, hijo de Amós. 23Uzías descansó con sus padres y lo enterraron con sus padres en el campo que hay junto a las tumbas de los reyes, pues dijeron: «Es un leproso». Y en su lugar reinó su hijo Jotam.
272 Cro1Jotam tenía veinticinco años cuando empezó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yerusá, hija de Sadoc. 2Obró con rectitud a los ojos del Señor como lo había hecho su padre Uzías, pero no entró en el Santuario del Señor. Sin embargo, el pueblo continuaba pervirtiéndose. 3Reconstruyó la puerta superior del Templo e hizo muchas obras en la muralla del Ofel. 4Construyó también ciudades en la montaña de Judá, y en las zonas de bosque edificó castillos y torres. 5Combatió con el rey de los amonitas y lo venció. Por eso los amonitas le entregaron aquel año cien talentos de plata, diez mil cargas de trigo y diez mil de cebada; y los dos años siguientes pagaron el mismo tributo. 6Jotam llegó a ser poderoso porque se mantuvo fiel al Señor, su Dios.
7El resto de los hechos de Jotam, todas sus guerras y su comportamiento están escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá. 8Veinticinco años tenía cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. 9Jotam descansó con sus padres y fue enterrado en la ciudad de David. En su lugar reinó su hijo Ajaz.
282 Cro1Tenía Ajaz veinte años cuando comenzó a reinar y reinó dieciséis años en Jerusalén. No obró con rectitud a los ojos del Señor como su padre David. 2Siguió la conducta de los reyes de Israel e incluso hizo imágenes fundidas de los baales. 3Quemó incienso en el valle de Ben–Hinom e hizo pasar por el fuego a sus hijos conforme a las abominaciones de las naciones que el Señor había arrojado ante los israelitas. 4Ofreció sacrificios y quemó incienso en los lugares altos, en las colinas y bajo los árboles frondosos.
5Por eso el Señor, su Dios, lo entregó en manos del rey de los sirios, que le derrotaron y le hicieron gran número de prisioneros que se llevaron a Damasco. Fue entregado también en manos del rey de Israel, que le infligió una gran derrota. 6Pecaj, hijo de Remalías, mató en un solo día cien mil hombres de Judá, todos ellos hombres valerosos, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres. 7Zicrí, héroe de Efraím, mató a Maasías, hijo del rey, a Azricam, príncipe de palacio, y a Elcaná, lugarteniente del rey. 8Los israelitas se llevaron de sus hermanos de Judá doscientos mil prisioneros, con mujeres, hijos e hijas; además se apoderaron de un inmenso botín y se lo llevaron a Samaría.
9Allí había un profeta del Señor, llamado Oded. Éste salió al paso del ejército que entraba en Samaría y les dijo:
—A causa de su indignación contra Judá, el Señor, Dios de nuestros padres, se los ha puesto en sus manos; pero ustedes los han matado con una violencia que clama al cielo. 10Y ahora ustedes hablan de reducir a la condición de esclavos y esclavas a los hijos de Judá y de Jerusalén. ¿Acaso no tienen también ustedes delitos contra el Señor, su Dios? 11Escúchenme, pues, y devuelvan los prisioneros que han capturado entre sus hermanos porque si no, el ardor de la ira del Señor recaerá sobre ustedes.
12Entonces algunos jefes de los efraimitas, Azarías, hijo de Yehojanán, Berequías, hijo de Mesilemot, Ezequías, hijo de Salum, y Amasá, hijo de Jadlay, se levantaron contra los que venían de la guerra 13y les dijeron:
—No traigan aquí a los prisioneros, porque ya es grande nuestro delito ante el Señor. Ustedes pretenden aumentar nuestros pecados y nuestros delitos. Ya es bastante grande nuestro delito, y el ardor de la ira del Señor se cierne sobre Israel.
14Entonces los soldados dejaron libres a los prisioneros y abandonaron el botín delante de los jefes y de toda la asamblea. 15Después algunos hombres, designados por sus nombres, se dedicaron a socorrer a los prisioneros: a los que estaban desnudos los vistieron y los calzaron con lo que tenían del botín; les dieron de comer y de beber, y les curaron con aceite; luego, montaron a los más débiles en los asnos y los condujeron a Jericó, ciudad de las palmeras, junto a sus hermanos. Después volvieron a Samaría.
16Por aquel tiempo el rey Ajaz envió una embajada a los reyes de Asiria pidiendo ayuda 17porque los idumeos habían venido de nuevo, habían atacado a Judá y habían hecho prisioneros. 18Los filisteos también habían saqueado las ciudades de la Sefelá y del Négueb de Judá y habían ocupado Bet–Semes, Ayalón, Guederot, Socó y sus aldeas, Timná y sus aldeas, Guimzó y sus aldeas, y se habían asentado allí. 19Pues el Señor había humillado a Judá a causa de Ajaz, rey de Israel, que había introducido la inmoralidad en Judá y había sido infiel al Señor.
20Teglatpalasar, rey de Asiria, vino y le oprimió sin prestarle ayuda; 21de hecho, Ajaz despojó el Templo, el palacio real y el de los jefes, y lo entregó todo al rey de Asiria sin recibir ninguna ayuda. 22Incluso en el tiempo en que el asedio era mayor, el rey Ajaz continuaba siendo infiel al Señor. 23Ofrecía sacrificios a los dioses de Damasco que le habían derrotado, pensando: «Si los dioses de los arameos les ayudan, yo les ofreceré sacrificios y me ayudarán». Pero ellos fueron su ruina y la de todo Israel. 24Ajaz recogió los objetos del Templo de Dios y los troceó; cerró las puertas del Templo del Señor y erigió altares en todas las esquinas de Jerusalén. 25En cada ciudad de Judá erigió lugares altos para quemar incienso a los dioses extranjeros, irritando así al Señor, Dios de sus padres.
26El resto de los hechos de Ajaz y su comportamiento, desde el primero hasta el último, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 27Ajaz descansó con sus padres y fue enterrado en la ciudad, en Jerusalén, pero no lo colocaron en los sepulcros de los reyes de Israel. En su lugar reinó su hijo Ezequías.
292 Cro1Ezequías subió al trono a los veinticinco años, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abiyá y era hija de Zacarías. 2Obró con rectitud a los ojos del Señor como lo había hecho su padre David.
3El primer año de su reinado, el primer mes, Ezequías abrió las puertas del Templo y las restauró. 4Hizo venir a los sacerdotes y a los levitas, los reunió en la plaza oriental 5y les dijo:
—Escúchenme: ahora se purificarán y purificarán el Templo del Señor, Dios de sus padres. Luego sacarán fuera del Santuario toda inmundicia, 6porque nuestros padres han sido infieles, han obrado mal a los ojos del Señor, nuestro Dios, y le han abandonado. Han apartado su rostro del Santuario del Señor y le han vuelto la espalda; 7han cerrado las puertas del vestíbulo, han apagado las lámparas, no han ofrecido incienso ni holocaustos en el Santuario al Dios de Israel. 8Por eso la ira del Señor ha recaído sobre Judá y Jerusalén y les ha hecho objeto de terror, de estupor y de escarnio como ustedes mismos comprueban con sus ojos. 9Y así nuestros padres han caído a filo de espada, y nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres se hallan en cautiverio por la misma razón. 10Ahora yo he decidido establecer una alianza con el Señor, Dios de Israel, para que se aleje de nosotros el ardor de su ira. 11Hijos míos, ahora no sean negligentes porque el Señor los ha elegido para que permanezcan en su presencia, para servirle, para ser sus ministros y para ofrecer incienso.
12De inmediato se levantaron los levitas Májat, hijo de Amasay, y Joel, hijo de Azarías, de entre los hijos de Quehat; Quis, hijo de Abdí, y Azarías, hijo de Yehalelel, de los hijos de Merarí; Yoaj, hijo de Zimá, y Eden, hijo de Yoaj, de los hijos de Guersón; 13Simrí y Yeiel, de los hijos de Elisafán; Zacarías y Matanías, de los hijos de Asaf; 14Yejiel y Semeí, de los hijos de Hemán; Semaías y Uziel, de los hijos de Yedutún. 15Éstos reunieron a sus hermanos y se purificaron. Luego entraron, según el mandato del rey y la palabra del Señor, para purificar el Templo.
16Los sacerdotes entraron en el interior del Templo para purificarlo; sacaron fuera, al atrio del Templo, todas las cosas impuras que encontraron en el Santuario. Y los levitas las recogieron para llevarlas fuera, al torrente Cedrón. 17El día primero del primer mes comenzaron la purificación. El día octavo llegaron al Pórtico del Señor. Durante ocho días estuvieron purificando el Templo, y el día decimosexto del primer mes terminaron.
18Luego se presentaron donde estaba Ezequías y le dijeron:
—Hemos purificado todo el Templo: el altar de los holocaustos y todos sus accesorios, la mesa de los panes de la ofrenda y todos sus accesorios. 19También hemos restaurado y purificado todos los objetos que el rey Ajaz había profanado con su infidelidad durante su reinado y ya están ante el altar del Señor.