COMENTARIO
El relato de la reforma religiosa no se encuentra en el libro de los Reyes, pero proporciona datos que confirman el influjo enorme de los sacerdotes y levitas en la sociedad contemporánea del libro de Crónicas. Con especial énfasis se indica que el Templo y sus puertas son las mismas, aunque restauradas.
Los ritos de purificación, tanto de las personas como del santuario y de sus elementos, siguen las normas contenidas en el Levítico (cfr Lv 13,1-16,34).
El discurso de Ezequías (vv. 5-11) contiene los temas específicos de la predicación de los profetas: infidelidad de los antepasados, castigo merecido y necesario, invitación a la conversión y ratificación de la Alianza. Esta doctrina está en la base de la reforma que se llevará a cabo.
El esplendor de los sacrificios, cantos y ritos de purificación prefigura la liturgia de la Iglesia y los sacramentos: «El pueblo elegido recibe de Dios signos y símbolos distintivos que marcan su vida litúrgica: no son ya solamente celebraciones de ciclos cósmicos y de acontecimientos sociales, sino signos de la Alianza, símbolos de las grandes acciones de Dios en favor de su pueblo. Entre estos signos litúrgicos de la Antigua Alianza se puede nombrar la circuncisión, la unción y la consagración de reyes y sacerdotes, la imposición de manos, los sacrificios, y sobre todo la pascua. La Iglesia ve en estos signos una prefiguración de los sacramentos de la Nueva Alianza» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1150). Y en lo que se refiere específicamente a los cantos el Concilio Vaticano II enseña: «La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne» (Sacrosanctum Concilium, n. 112).