COMENTARIO

 2 Cro 32,1-32 

En este capítulo se resumen los tres episodios finales de la vida de Exequias, que en otros libros están más desarrollados (cfr 2 R 18,9-20,21; Is 36,1-38,20): la invasión asiria, la enfermedad–curación del rey y la prosperidad de este reinado. Al narrarlos de forma breve, se pone el acento, una vez más, en que el Señor bendice al que le busca sinceramente (v. 7).

En la invasión asiria destaca la pericia militar de Ezequías que decidió desviar las aguas de la fuente de Guijón (vv. 3-30) hacia el centro de Jerusalén mediante un canal, que hoy todavía se conserva y se llama «Canal de Ezequías», para mantener abastecida a la ciudad durante el asedio. Y, por encima de todo, sobresale su piedad y su confianza en el Señor, al enfrentarse al poderoso ejército asirio. El resultado fue que «el Señor salvó a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de la mano de Senaquerib» y «les concedió paz en sus alrededores» (v. 22) como había ocurrido en tiempos de Salomón.

La enfermedad no tuvo carácter de castigo como en Asá y Joram (cfr 16,12; 21,18-19), sino que fue ocasión para que el Señor obrara «un prodigio» (v. 24). Sin embargo estuvo a punto de ser ocasión de ruina para el rey porque en un primer momento no lo reconoció; no obstante, supo humillarse y evitó el castigo (v. 26). El autor sagrado subraya la necesidad de acudir con humildad y confianza al Señor tanto en problemas públicos como privados. La actitud del rey es un anticipo de la enseñanza del Nuevo Testamento de confiar siempre en Dios: «Ésta es la confianza que tenemos en Él: si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha» (1 Jn 5,14). La liturgia de la Iglesia lo recuerda también con sencillez y belleza: «Dios todopoderoso, lleno de misericordia, mira compasivo nuestras penas, alivia el dolor de tus hijos y robustece su fe, para que siempre confíen en tu paternal providencia» (Misal Romano, Misa por cualquier necesidad B, oración colecta).

La prosperidad del reinado de Ezequías es señal de la bendición del Señor (vv. 27-29). La relación con los emisarios de Babilonia (cfr 2 R 20,12-19; Is 39) es relatada escuetamente (v. 31) y pone de relieve la humildad y piedad de Ezequías (vv. 25-26).

Sobre el Miló (v. 5) cfr nota a 2 S 5,9.

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