COMENTARIO
El reinado de Manasés tuvo dos épocas, pero en contra de lo que era habitual en sus predecesores, la primera fue de impiedad (v. 1-9) y la segunda, después de su conversión, fue de fidelidad al Señor (vv. 10-20). El relato de la época de infidelidad sigue de cerca el libro de los Reyes (2 R 21,1-10), que presenta a Manasés como uno de los reyes más crueles e impíos. En cambio, el relato de la segunda época es específico de este libro: de nuevo se busca una interpretación religiosa de la vida de Manasés. Si este rey se mantuvo en el trono durante cincuenta y cinco años (698-642), más que David o Salomón, fue porque el rey «se humilló profundamente ante el Dios de sus padres» (v. 12), y, por lo tanto, el Señor le bendijo (v. 13). Si todavía pervivieron cultos idolátricos, no fue achacable al rey, sino a la gente (v. 17). Con esta interpretación queda en pie la doctrina de la retribución personal que informa todo el libro de Crónicas.
«El Señor se conmovió y escuchó su plegaria» (v. 13). Posiblemente este dato dio pie a la «Oración de Manasés», que es un salmo apócrifo, breve, que aparece en algunos códices griegos al final del libro de los salmos y que fue utilizada en la liturgia cristiana durante la Cuaresma. Es una plegaria piadosa compuesta probablemente en el siglo I o II d.C., que trata sobre la infinita compasión de Dios Todopoderoso y la eficacia del verdadero arrepentimiento: «He pecado, Señor, he pecado / y mis faltas yo conozco, / pero Te pido suplicante: / ¡Aparta de mí tu enojo, Señor, aparta de mí tu enojo / y no me hagas perecer junto a mis faltas / ni, eternamente resentido, me prestes atención a las maldades / ni me condenes a los abismos de la tierra! / Porque Tú eres, Señor, el Dios de los que se arrepienten y en mí mostrarás tu bondad / ya que aun siendo indigno, me salvarás conforme a tu mucha misericordia» (Oratio Manassae 12-14).