COMENTARIO
Josías fue el rey piadoso que llevó a cabo una reforma profunda, seguramente más trascendente que la de Ezequías, ya que tuvo el honor de encontrar el libro de la Ley, es decir, el núcleo fundamental de lo que hoy se recoge en el libro del Deuteronomio (cfr 2 R 22,1-23,30). El relato de Crónicas sigue de cerca los datos de la narración de Reyes, pero ordenándolos de manera que resplandezca la piedad de Josías, el protagonismo de los levitas y la centralidad del Templo. Así, la primera actividad del monarca consistió en destruir los lugares idolátricos de Judá (34,3) y en purificar el resto de ciudades, incluidas las del norte (34,6-7). Después, cuando todo estaba ya purificado, encontró el libro (34,8ss.). Así este hallazgo no es tanto el origen de la reforma, sino el premio a la restauración llevada a cabo.
Los levitas fueron imprescindibles en la reforma: ellos llevaron la dirección de los trabajos de reparación del Templo (34,12-13); fueron testigos de la renovación de la Alianza (34,30) y, sobre todo, se encargaron de dirigir la celebración de la Pascua (35,3-16). Finalmente el Templo de Jerusalén volvió a ser el centro del culto y de la enseñanza religiosa. Precisamente el libro de la Ley apareció «al extraer el dinero aportado al Templo del Señor» (34,14), es decir, como recompensa divina por los cuidados mostrados hacia la Casa de Dios. Y al Templo acudirán a celebrar la Pascua tanto los de Judá como los de Israel (35,18). Es probable que las ceremonias de la Pascua descritas aquí perduraran todavía en tiempo de Jesús.