COMENTARIO
El rey, impresionado por la lectura del libro, envió una embajada a consultar a la profetisa Juldá, con lo que mostraba su actitud humilde a aceptar su contenido, como venido de Dios. Todo este relato sigue muy de cerca la narración contenida en 2 R 22,11-20; pero añade un matiz significativo al recordar las «maldiciones contenidas en el libro» (v. 24), en alusión a los últimos capítulos del Deuteronomio (cfr Dt 30,7.15-20). De esta forma el Cronista da por sentado que «el libro de la Ley» era en la época persa todo el Deuteronomio —no sólo la parte central, de carácter normativo—, y quizá todo el Pentateuco.