COMENTARIO
Ciro reinó en Persia desde el año 559 hasta el 529 a.C. Los testimonios históricos coinciden en presentarlo como un rey tolerante con las costumbres tradicionales de sus vasallos y respetuoso con sus prácticas religiosas. Por eso, cuando Ciro entró triunfante en Babilonia el año 539 a.C., restableció allí el culto a Marduc, y cuando tuvo noticias de lo sucedido con los deportados de Jerusalén dio toda clase de facilidades para que regresaran a su tierra y reconstruyeran el Templo de su Dios.
Pero el libro sagrado, que enseña la realidad desde una perspectiva más profunda, hace notar que esas decisiones no fueron simple consecuencia del buen carácter de este gobernante, sino que tuvieron su origen en Dios. El Señor movió el espíritu de Ciro (v. 1) y el de los cabezas de familia de Judá y Benjamín (1,5) para que, en esta nueva etapa en la historia de la salvación se llevara a cabo la reconstrucción del pueblo y del Templo de Dios en Jerusalén. Dios se sirve de un rey pagano como instrumento para llevar a cabo su designio salvador sobre el pueblo elegido. En este sentido en Is 45,1 se llama a Ciro «Ungido» del Señor, pues aunque él no lo sepa —«sin que tú me conozcas» (Is 45,4)— sirve a los planes de Dios. Además, los «setenta años» de destierro profetizados por Jeremías (cfr 2 Cro 36,21) se han abreviado con la decisión de Ciro, que hace que el regreso del destierro se produzca el año 538 a.C. Se trata de dos aspectos que resaltan la soberanía de Dios sobre todos los reyes y naciones, y su misericordia con su pueblo.
A diferencia de otros pasajes en los que vuelve a aparecer el decreto de Ciro (cfr 2 Cro 36,22-23; Esd 6,3-12), aquí se atribuye a este rey el reconocimiento de que «el Señor, Dios de los cielos» (v. 2) —que al parecer era el título dado a la suprema divinidad persa Ahura-Mazda— es el mismo que «el Señor, Dios de Israel, que es el Dios que está en Jerusalén» (v. 3). Se profesa de este modo la fe en un solo y verdadero Dios, el que se ha revelado al pueblo judío, pero cuyo poder se extiende sobre todas las naciones.