1Esd1El año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor movió el espíritu de Ciro, rey de Persia, que proclamó por todo su imperio de viva voz y por escrito el siguiente edicto:
2«Así dice Ciro, rey de Persia: “El Señor, Dios de los cielos, me ha entregado todos los reinos de la tierra. Él mismo me ha encomendado construir en su honor un Templo en Jerusalén que está en Judá. 3El que de ustedes pertenezca a ese pueblo, que su Dios esté con él y suba a Jerusalén, en Judá, para construir el Templo del Señor, el Dios de Israel, que es el Dios que está en Jerusalén. 4Y el resto, vivan donde vivan, recibirán la ayuda de los del lugar, que les proporcionarán plata, oro, bienes y ganado, además de otras ofrendas voluntarias para el Templo de Dios que está en Jerusalén”».
5Los cabezas de familia de Judá y Benjamín, junto con los sacerdotes y levitas y todos aquellos a los que Dios había despertado el espíritu para que subieran a edificar la casa del Señor que está en Jerusalén, se pusieron en marcha. 6Todos los que les rodeaban les ayudaron poniendo en sus manos objetos de oro, plata, bienes, ganado y valiosos regalos, además de otras ofrendas voluntarias.
7El rey Ciro sacó todos los objetos pertenecientes al Templo del Señor que Nabucodonosor se había llevado de Jerusalén y había colocado en la casa de su dios. 8Ciro, rey de Persia, los retiró por medio de Mitrídates, el tesorero, y los entregó uno por uno a Sesbasar, el príncipe de Judá. 9Su inventario es el siguiente: treinta jarras de oro, mil jarras de plata, veintinueve cuchillos, 10treinta copas de oro, cuatrocientas diez copas auxiliares de plata, y otros mil objetos. 11El número total de objetos de oro y plata era de cinco mil cuatrocientos. Todos ellos se los llevó Sesbasar con los que regresaron del destierro de Babilonia a Jerusalén.
2Esd1Éstos son los hijos de la provincia que regresaron del destierro a Babilonia al que habían sido deportados por Nabucodonosor, rey de Babilonia. Regresaron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad. 2Volvieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvay, Rejum, Baaná.
Relación de hombres del pueblo de Israel:
3Hijos de Parós, dos mil ciento setenta y dos.
4Hijos de Sefatías, trescientos setenta y dos.
5Hijos de Araj, setecientos setenta y cinco.
6Hijos de Pajat–Moab, que son hijos de Josué y Joab, dos mil ochocientos doce.
7Hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
8Hijos de Zatú, novecientos cuarenta y cinco.
9Hijos de Zacay, setecientos sesenta.
10Hijos de Binui, seiscientos cuarenta y dos.
11Hijos de Bebay, seiscientos veintitrés.
12Hijos de Azgad, mil doscientos veintidós.
13Hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis.
14Hijos de Bigvay, dos mil cincuenta y seis.
15Hijos de Adín, cuatrocientos cincuenta y cuatro.
16Hijos de Ater, que son hijos de Ezequías, noventa y ocho.
17Hijos de Besay, trescientos veintitrés.
19Hijos de Jasum, doscientos veintitrés.
20Hijos de Guibar, noventa y cinco.
21Hijos de Belén, ciento veintitrés.
22Hombres de Netofá, cincuenta y seis.
23Hombres de Anatot, ciento veintiocho.
24Hijos de Azmávet, cuarenta y dos.
25Hijos de Quiriat–Yearim, Quefirá y Beerot, setecientos cuarenta y tres.
26Hijos de Ramá y Gueba, seiscientos veintiuno.
27Hombres de Micmás, veintitrés.
28Hombres de Betel y Ay, doscientos veintitrés.
29Hijos de Nebo, cincuenta y dos.
30Hijos de Magbís, ciento cincuenta y seis.
31Hijos de otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
32Hijos de Jarim, trescientos veinte.
33Hijos de Lod, Jadid y Onó, setecientos veinticinco.
34Hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco.
35Hijos de Senaá, tres mil seiscientos treinta.
36Sacerdotes:
Hijos de Yedaías, que son de la casa de Josué, novecientos setenta y tres.
37Hijos de Imer, mil cincuenta y dos.
38Hijos de Pasjur, mil doscientos cuarenta y siete.
39Hijos de Jarim, mil diecisiete.
40Levitas:
Hijos de Josué y Cadmiel, que son hijos de Hodías, setenta y cuatro.
41Cantores:
Hijos de Asaf, ciento veintiocho.
42Porteros:
Hijos de Salum, hijos de Ater, hijos de Talmón, hijos de Acub, hijos de Jatitá, hijos de Sobay; en total, ciento treinta y nueve.
43Los netineos:
Hijos de Sijá, hijos de Jasufá, hijos de Tabaot, 44hijos de Querós, hijos de Siá, hijos de Padón, 45hijos de Lebaná, hijos de Jagabá, hijos de Acub, 46hijos de Jagab, hijos de Salmay, hijos de Janán, 47hijos de Guidel, hijos de Gájar, hijos de Reaías, 48hijos de Resín, hijos de Necodá, hijos de Gazam, 49hijos de Uzá, hijos de Paséaj, hijos de Besay, 50hijos de Asná, hijos de Meunim, hijos de Nefusim, 51hijos de Bacbuc, hijos de Jacufá, hijos de Jarjur, 52hijos de Baslut, hijos de Mejidá, hijos de Jarsá, 53hijos de Barcós, hijos de Sísara, hijos de Támaj, 54hijos de Nesíaj, hijos de Jatifá.
55Los hijos de los siervos de Salomón:
Hijos de Sotay, hijos de Ha–Soféret, hijos de Perudá, 56hijos de Yaalá, hijos de Darcón, hijos de Guidel, 57hijos de Sefatías, hijos de Jatil, hijos de Poquéret–Ha-Sebaim, hijos de Amí.
58El número total de netineos y de hijos de los siervos de Salomón es de trescientos noventa y dos.
59Y éstos son los que subieron desde Tel–Mélaj, Tel-Jarsá, Querub, Adán e Imer que no pudieron dar razón de su familia y su estirpe, sino tan solo de pertenecer a Israel:
60Hijos de Delaías, hijos de Tobías, hijos de Necodá, seiscientos cincuenta y dos. 61Y de los hijos de los sacerdotes: hijos de Jabías, hijos de Cos, hijos de Barzilay, que había tomado como esposa a una de las hijas de Barzilay, el de Galaad, y se le llamó con el nombre de éste. 62Éstos son los que buscaron los registros de su genealogía pero no los encontraron, por eso fueron apartados del sacerdocio, 63y el gobernador les dijo que no comieran de lo santísimo hasta que surgiera un sacerdote para los urim y los tummim.
64Toda la asamblea la constituían cuarenta y dos mil trescientos, 65además de sus siervos y esclavas, que eran siete mil trescientos treinta y siete, así como sus cantores y cantoras, que eran doscientos. 66Tenían setecientos treinta y seis caballos, doscientos cuarenta y cinco mulos, 67cuatrocientos treinta y cinco camellos, y seis mil setecientos veinte borricos.
68Algunos de los cabezas de familia, al llegar al Templo del Señor que está en Jerusalén, hicieron ofrendas voluntarias al Templo de Dios para levantarlo sobre sus cimientos. 69Entregaron, según sus posibilidades, al tesoro de la obra sesenta y una mil dracmas de oro, cinco mil minas de plata y cien túnicas de sacerdotes.
70Los sacerdotes y los levitas, así como algunos del pueblo, se establecieron allí. Los cantores, porteros y netineos, en sus respectivas ciudades; y todo Israel, cada uno en su ciudad.
3Esd1Llegó el mes séptimo y los hijos de Israel ya estaban en sus ciudades. Entonces el pueblo se reunió como un solo hombre en Jerusalén. 2Y Josué, hijo de Yosadac, con sus hermanos los sacerdotes, y con Zorobabel, hijo de Sealtiel, y sus hermanos, se pusieron a construir el altar del Dios de Israel para ofrecer sobre él holocaustos tal como está escrito en la Ley de Moisés, el hombre de Dios. 3Aun temerosos de la gente del país, dispusieron el altar en su lugar, y ofrecieron sobre él holocaustos al Señor, holocaustos de la mañana y de la tarde. 4Celebraron la fiesta de los Tabernáculos, como está escrito, con el número requerido de holocaustos diarios según lo establecido para cada día, 5además del holocausto perpetuo, de los previstos en los novilunios y en las solemnidades consagradas al Señor, y de todos los que se ofrecían voluntariamente al Señor. 6Comenzaron a ofrecer holocaustos al Señor el día primero del mes séptimo, aunque todavía no se habían construido los cimientos del Santuario del Señor.
7Dieron plata a los canteros y obreros, así como comida, bebida y aceite a los de Sidón y Tiro para que trajeran madera de cedro desde el Líbano por mar hasta Jope, haciendo uso de la autorización que les había concedido Ciro, el rey de Persia.
8El año segundo de su llegada al Templo de Dios de Jerusalén, en el mes segundo, Zorobabel, hijo de Sealtiel, Josué, hijo de Yosadac, y el resto de sus hermanos sacerdotes y levitas, junto con todos los que habían vengado de la cautividad a Jerusalén comenzaron a trabajar y asignaron a los levitas mayores de veinte años la dirección de la obra del Templo del Señor.
9Josué, con sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá, todos juntos, se ofrecieron a dirigir a los trabajadores de la obra del Templo del Señor, así como los hijos de Jenadad, con sus hijos y sus hermanos levitas.
10Cuando los albañiles construyeron los cimientos del Santuario del Señor, los sacerdotes, revestidos y con trompetas, y los levitas, hijos de Asaf, con sus címbalos, se alzaron para alabar al Señor como lo había dispuesto David, rey de Israel. 11Cantaron alabando y dando gracias al Señor:
«Porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
sobre Israel».
Todo el pueblo profería gritos de alabanza al Señor con motivo de la construcción de los cimientos del Templo del Señor. 12Entonces, cuando se pusieron los cimientos de este Templo delante de sus ojos, muchos de los sacerdotes, levitas y cabezas de familia ancianos, que habían visto el primer Templo, empezaron a llorar con grandes gemidos mientras otros gritaban de alegría, 13de modo que la gente no distinguía las voces de alegría de las de llanto, pues el pueblo entonaba himnos de alabanza, y el estrépito se escuchaba desde muy lejos.
4Esd1Cuando los enemigos de Judá y Benjamín se enteraron de que los hijos del destierro edificaban un Santuario al Señor, Dios de Israel, 2se dirigieron a Zorobabel y a los cabezas de familia diciéndoles:
—Déjennos que lo construyamos juntos; pues, como ustedes, también nosotros buscamos a su Dios, y le ofrecemos sacrificios desde la época de Asarhadón, rey de Asiria, que nos trajo aquí.
3Zorobabel, Josué y el resto de los cabezas de familia de Israel les respondieron:
—La edificación del Templo de nuestro Dios no es tarea suya y nuestra, sino que lo edificaremos al Señor, Dios de Israel, nosotros solos, como nos lo mandó el rey Ciro de Persia.
4Y sucedió que la gente del país desanimaba al pueblo de Judá y los disuadían de construir. 5Además, durante todo el tiempo de Ciro, rey de Persia, hasta el reinado de Darío, rey de Persia, sobornaron a consejeros para hacerles fracasar en sus proyectos.
6Al principio del reinado de Jerjes escribieron una acusación contra los habitantes de Judá y de Jerusalén. 7Y en tiempos de Artajerjes, Bislam, Mitrídates, Tabeel y el resto de sus consejeros escribieron a Artajerjes, rey de Persia. La carta estaba escrita con caracteres arameos y en lengua aramea.
8El prefecto Rejum y el escriba Simsay escribieron a Artajerjes una carta sobre Jerusalén en los siguientes términos:
9«El prefecto Rejum, el escriba Simsay, y el resto de sus consejeros, jueces y gobernantes, magistrados de Persia, Érec, Babilonia, Susa, que es Elam, 10y las demás naciones que deportó el eminente y famoso Asnapar y las asentó en las ciudades de Samaría y en las demás regiones al otro lado del río, etcétera».
11He aquí una copia de la carta que le enviaron:
«Al rey Artajerjes, de tus siervos los hombres que están al otro lado del río, etcétera. 12El rey ha de saber que los judíos, que subieron desde ti hacia nosotros, se han dirigido a Jerusalén, ciudad rebelde y perversa, y la están edificando, reforzando sus muros y afianzando sus cimientos.
13»En consecuencia, el rey ha de saber que si se edifica esta ciudad y se refuerzan sus muros, ya no pagarán tributos, impuestos ni aranceles, y al final será perjudicial para los mismos reyes. 14Nosotros, puesto que recibimos la sal del palacio, y no nos conviene ver cómo se lesionan los intereses del rey, hemos decidido enviar al rey esta información 15para que se investigue en los libros de la historia de tus padres. Por lo que encuentres en esos libros de historia sabrás que esa ciudad es una ciudad rebelde y dañina para los reyes y las provincias, y que en ella se han fraguado insurrecciones desde la antigüedad. Por eso fue destruida esa ciudad. 16Nosotros hacemos saber al rey que, si se edifica esa ciudad y se refuerzan sus muros, ya no tendrás posesiones al otro lado del río».
17El rey envió su mensaje al prefecto Rejum y al escriba Simsay y al resto de sus consejeros que habitaban en Samaría y en las demás regiones al otro lado del río:
«Paz, etcétera. 18La carta que nos enviasteis fue cuidadosamente leída en mi presencia, 19y atendiendo a mis órdenes se investigó y se comprobó que esa ciudad se viene sublevando contra los reyes desde la antigüedad y que en ella se han fraguado rebeliones e insurrecciones, 20pues hubo en Jerusalén unos reyes muy poderosos que dominaban toda la región que está al otro lado del río, a quienes pagaban tributos, impuestos y aranceles. 21Por lo tanto, ordenen a esos hombres que se detengan y que no se edifique su ciudad mientras yo no lo autorice. 22Pongan interés, no sean negligentes en el cumplimiento de esta orden, no vaya a ser que se incremente el daño y perjudique a los reyes».
23En cuanto se leyó un ejemplar de la carta del rey Artajerjes ante el prefecto Rejum, el escriba Simsay y sus consejeros se dirigieron rápidamente hacia Jerusalén, en Judá, para detener las obras violentamente y por la fuerza. 24Entonces se pararon las obras del Templo de Dios en Jerusalén y permanecieron interrumpidas hasta el año segundo del reinado de Darío, rey de Persia.
5Esd1Los profetas Ageo y Zacarías, hijo de Idó, profetizaban a los judíos de Judá y Jerusalén en nombre del Dios de Israel que velaba sobre ellos. 2Entonces se alzaron Zorobabel, hijo de Sealtiel, y Josué, hijo de Yosadac, y comenzaron a edificar el Templo de Dios que está en Jerusalén, y los profetas de Dios los ayudaban. 3En aquel tiempo, Tatenay, que era el gobernador del otro lado del río, Setar–Boznay y sus consejeros, se dirigieron a ellos y les dijeron:
—¿Quién los ha autorizado a construir este Templo y a reforzar esta muralla? 4¿Cómo se llaman los hombres responsables de esta edificación?
5Pero la Mirada de su Dios protegía a los ancianos de Judá, de modo que no se les molestó mientras la información llegaba a Darío y se recibía su decisión al respecto.
6Copia de la carta que envió Tatenay, que era el gobernador del otro lado del río, Setar–Boznay y sus consejeros, los gobernantes del otro lado del río, al rey Darío.
7El mensaje que le enviaron decía así:
«Al rey Darío, plenitud de paz. 8Informamos al rey que hemos ido a la provincia de Judá, al Templo del gran Dios que está siendo edificado con piedras talladas y con postes de madera en sus paredes. La dirección de estas construcciones se está realizando con diligencia, de modo que las obras progresan rápidamente. 9Hemos interrogado a sus ancianos, preguntándoles: “¿Quién les ha dado autorización para construir este Templo y reforzar estos muros?” 10También les pedimos que nos dijeran sus nombres para que pudiéramos escribirte cómo se llaman los hombres que les dirigen.
11»Pero nos respondieron con el siguiente mensaje: “Nosotros somos siervos del Dios de los cielos y de la tierra y estamos reconstruyendo su Templo, edificado hace ya muchos años, aquel que un gran rey de Israel había construido y fortificado. 12Pero, cuando nuestros padres provocaron la ira del Dios del cielo, los entregó en manos de Nabucodonosor, el caldeo, rey de Babilonia, que destruyó este Templo y deportó a su pueblo a Babilonia.
13»El año primero de Ciro, rey de Babilonia, el rey Ciro promulgó un edicto para que se edificara este Templo de Dios. 14Incluso los objetos de oro y plata del Templo de Dios que Nabucodonosor se había llevado del Santuario de Jerusalén, y los había transportado al santuario de Babilonia, el rey Ciro los sacó del santuario de Babilonia y se los entregó a un hombre llamado Sesbasar, al que nombró gobernador, 15y le dijo: ‘Toma estos objetos y vete a dejarlos en el Santuario de Jerusalén, y que el Templo de Dios se edifique en su lugar’. 16Entonces, aquel Sesbasar vino y puso los cimientos del Templo de Dios en Jerusalén. Desde entonces hasta ahora se está edificando, y aún no se ha terminado”.
17»Por lo tanto, si parece bien al rey, que se investigue en la casa del tesoro del rey en Babilonia si fue dada por el rey Ciro esa autorización para que se edificara el Templo de Dios en Jerusalén, y se nos envíe la decisión del rey acerca de este asunto».
6Esd1El rey Darío dio orden de que se investigara en la casa del tesoro donde estaban los documentos de Babilonia; 2y en la fortaleza de Ecbatana, en la provincia de Media, se encontró un rollo donde estaba escrito lo siguiente:
3«El año primero del rey Ciro, el rey Ciro dio una orden acerca del Templo de Dios en Jerusalén: “Que se construya un Templo donde se ofrezcan sacrificios, y que se afiancen sus cimientos. Tendrá sesenta codos de altura y sesenta codos de anchura. 4Con tres filas de piedra tallada y una de madera. Los gastos serán sufragados por la casa del rey. 5También los objetos de oro y de plata del Templo de Dios que Nabucodonosor se había llevado del Santuario de Jerusalén y transportado a Babilonia han de ser devueltos y trasladados al Santuario de Jerusalén, al lugar que les corresponde en el Templo de Dios.
6»Por lo tanto, Tatenay, gobernador de la región que está al otro lado del río, Setar–Boznay y sus consejeros, los que gobiernan al otro lado del río, apártense de ese lugar. 7Permitan que se haga ese Templo de Dios. Que el gobernador de los judíos y sus ancianos edifiquen ese Templo de Dios en su lugar. 8Por mi parte, éstas son mis instrucciones sobre lo que deben hacer con los ancianos de los judíos que edifican ese Templo de Dios: que de las arcas reales, en concreto, de los impuestos que se recaudan en la región del otro lado del río, se sufraguen con diligencia y sin interrupciones los gastos de esos hombres. 9Y que se les entregue a diario, sin falta, para el holocausto del Dios del cielo, toros, carneros o corderos; trigo, sal, vino o aceite, todo cuanto requieran los sacerdotes de Jerusalén 10para que ofrezcan oblaciones de suave aroma al Dios del cielo y oren por la vida del rey y de sus hijos. 11Por mi parte, decreto que, si alguien modifica estas órdenes, se arranque un poste de su casa, se levante y sea clavado en él; y que su casa quede convertida en un montón de cascotes. 12Que el Dios que hace habitar allí su nombre, destruya a todo rey y todo pueblo que, menospreciando este decreto, levante su mano para destruir ese Templo de Dios que hay en Jerusalén. Yo, Darío, he promulgado este decreto, y es mi voluntad que se cumpla cuidadosamente”».
13Entonces, Tatenay, el gobernador del otro lado del río, Setar–Boznay y sus consejeros se atuvieron con cuidado a lo que había mandado el rey Darío. 14Los ancianos de los judíos avanzaron en la construcción de acuerdo con la profecía del profeta Ageo y de Zacarías, hijo de Idó. Terminaron la construcción, como lo había mandado el Dios de Israel y lo habían decretado Ciro, Darío y Artajerjes, reyes de Persia. 15Concluyeron este Templo de Dios el día tercero del mes de Adar, el año sexto del reinado del rey Darío.
16Los hijos de Israel, sacerdotes, levitas e hijos de la cautividad, celebraron la dedicación de este Templo de Dios con alegría. 17Ofrecieron en la dedicación de este Templo de Dios cien bueyes, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y doce machos cabríos, según el número de las tribus de Israel, como sacrificio por el pecado de todo Israel. 18También dispusieron a los sacerdotes, de acuerdo con sus turnos, y a los levitas, según sus clases, para el servicio de Dios en Jerusalén, como está escrito en el libro de Moisés.
19Los hijos del destierro celebraron la Pascua el día catorce del mes primero. 20Los sacerdotes y los levitas se purificaron. Una vez purificados todos ellos, sacrificaron la Pascua para todos los hijos del destierro, para sus hermanos los sacerdotes y para ellos. 21La comieron los hijos de Israel que habían regresado del destierro y todas las gentes del país que se habían apartado de la impureza para ir en busca del Señor, Dios de Israel. 22Celebraron con alegría la fiesta de los Ácimos durante siete días, pues el Señor los llenó de gozo haciendo cambiar el corazón del rey de Asiria, que les prestó apoyo en el trabajo del Templo de Dios, el Dios de Israel.
7Esd1Después de esto, en el reinado de Artajerjes, rey de Persia, Esdras, hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Jilquías, 2hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ajitub, 3hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Merayot, 4hijo de Zerajías, hijo de Uzí, hijo de Buquí, 5hijo de Abisúa, hijo de Pinjás, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el primer sacerdote, 6este Esdras, que era un escriba experto en la Ley de Moisés —aquel a quien le había sido entregada por el Señor, Dios de Israel—, subió desde Babilonia. Como la mano del Señor estaba con él, el rey le dio todo lo que le había pedido.
7Le acompañaron a Jerusalén algunos israelitas, sacerdotes, levitas, cantores, porteros y netineos el año séptimo del rey Artajerjes. 8Y llegó a Jerusalén el mes quinto de ese año séptimo del rey.
9Comenzó su viaje desde Babilonia el día uno del mes primero, y llegó a Jerusalén el día uno del mes quinto, pues la mano poderosa del Señor estaba con él, 10ya que Esdras tenía bien dispuesto su corazón para buscar la Ley del Señor, y hacer y enseñar en Israel sus decretos y sentencias.
11He aquí una copia de la carta que el rey Artajerjes dio al sacerdote Esdras, el escriba que consignó los mandatos del Señor y sus decretos sobre Israel:
12«Artajerjes, rey de reyes, al sacerdote Esdras, honorable escriba de la Ley del Dios de los cielos, etcétera. 13Yo mismo decreto que todos los israelitas que haya en mi reino, así como los sacerdotes o levitas, que deseen marchar contigo a Jerusalén, pueden hacerlo. 14El rey y sus siete consejeros te envían a inspeccionar Judá y Jerusalén con la Ley de tu Dios en la mano, 15y a llevar la plata y el oro que el rey y sus consejeros han ofrecido voluntariamente al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalén, 16además de toda la plata y el oro que puedas obtener en toda la provincia de Babilonia, así como las ofrendas que el pueblo y los sacerdotes entreguen espontáneamente para el Templo de su Dios en Jerusalén. 17Con todo ese dinero, encárgate de comprar toros, carneros y corderos, así como las correspondientes ofrendas y libaciones, y ofrécelos en el altar del Templo de su Dios en Jerusalén. 18Con el resto de la plata y el oro, hagan lo que a ti y a tus hermanos les parezca que esté más conforme con la voluntad de su Dios.
19»Los objetos que te entreguen para el culto del Templo de tu Dios llévalos a Jerusalén ante la presencia de Dios. 20Y todo lo demás que necesites para el Templo de tu Dios, lo que debas aportar, puedes tomarlo de la casa del tesoro del rey. 21Y yo, el rey Artajerjes, ordeno a todos los tesoreros del otro lado del río, que todo lo que les pida el sacerdote Esdras, escriba de la Ley del Dios del cielo, se lo proporcionen puntualmente, 22hasta una cantidad de cien talentos de plata, cien coros de trigo, cien batos de vino y cien batos de aceite; y sal, sin tasa. 23Que todo lo requerido por el Dios del cielo, se le proporcione con diligencia para el Templo del Dios del cielo, no vaya a enojarse con el reino del monarca y de sus hijos. 24También les hacemos saber que no se podrá percibir tributo, impuesto ni arancel de ninguno de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros, netineos y servidores de este Templo de Dios.
25»Y tú, Esdras, con el conocimiento que posees de tu Dios, dispón magistrados y jueces que administren justicia a todo el pueblo que está al otro lado del río, esto es, a los que conocen la Ley de tu Dios; y enséñasela a quienes no la conocen. 26Y que se juzgue si es reo de muerte, de exilio, de confiscación de sus posesiones, o de cárcel a todo aquel que no cumpla la Ley de tu Dios y la ley del rey».
27¡Bendito sea el Señor, Dios de nuestros padres, que puso tales cosas en el corazón del rey para honrar el Templo del Señor que está en Jerusalén, 28y que me dispensó su favor ante el rey, sus consejeros y todos sus poderosos ministros! Yo, confortado por la mano del Señor, mi Dios, que estuvo sobre mí, reuní a los jefes de Israel para que subieran conmigo.
8Esd1Éstos son los cabezas de familia, y las genealogías de los que subieron conmigo desde Babilonia durante el reinado del rey Artajerjes. 2De los hijos de Pinjás, Guersom. De los hijos de Itamar, Daniel. De los hijos de David, Jatús, 3hijo de Secanías. De los hijos de Parós, Zacarías, y con él ciento cincuenta varones de su linaje. 4De los hijos de Pajat–Moab, Eliehoenay, hijo de Zerajías, y con él doscientos varones. 5De los hijos de Zatú, Secanías, hijo de Yajaziel, y con él trescientos varones. 6De los hijos de Adín, Ébed, hijo de Jonatán, y con él cincuenta varones. 7De los hijos de Elam, Isaías, hijo de Atalía, y con él setenta varones. 8De los hijos de Sefatías, Zebadías, hijo de Miguel, y con él ochenta varones. 9De los hijos de Yoab, Obadías, hijo de Yejiel y con él doscientos dieciocho varones. 10De los hijos de Bení, Selomit, hijo de Yospías, y con él ciento sesenta varones. 11De los hijos de Bebay, Zacarías, hijo de Bebay, y con él veintiocho varones. 12De los hijos de Azgad, Juan, hijo de Catán, y con él ciento diez varones. 13De los hijos de Adonicam, los últimos, cuyos nombres son Elifélet, Yeiel y Semaías, y con ellos sesenta varones. 14De los hijos de Bigvay, Utay y Zabud, y con ellos setenta varones.
15Los reuní junto al río que corre hacia Ahavá, y acampamos allí durante tres días. Reparé en la gente del pueblo y en los sacerdotes, y no encontré allí hijos de Leví. 16Así pues, envié a Eliézer, Ariel, Semaías, Elnatán, Yarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulam, jefes, y a Yoyarib y Elnatán, prudentes, 17y les di instrucciones para Idó, que es jefe en la zona de Casifiá, y puse en su boca unas palabras para que las transmitieran a Idó y a sus hermanos, y para que nos trajeran servidores para el Templo de nuestro Dios. 18Y, como la mano de nuestro Dios era buena con nosotros, nos trajeron a un hombre inteligente, de los hijos de Majlí, hijo de Leví, hijo de Israel, que se llamaba Serebías, que junto con sus hijos y hermanos eran en total dieciocho personas; 19y también a Jasabías y con él a Isaías, de los hijos de Merarí, junto con sus hermanos e hijos, en total veinte personas; 20y de los netineos que David y sus príncipes destinaron al servicio de los levitas, doscientos veinte varones, todos ellos elegidos nominalmente.
21Allí, junto al río Ahavá, proclamé un ayuno para humillarnos ante nuestro Dios y pedirle un feliz viaje para nosotros, nuestros pequeños y todo nuestro bagaje, 22pues me había dado vergüenza pedir al rey refuerzos y caballería para que nos protegiera de nuestros enemigos en el camino, pues habíamos dicho al rey:
—La mano de nuestro Dios está sobre los que lo buscan para hacer el bien, y su furor y su ira están sobre los que lo abandonan.
23Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios por todo esto, y él satisfizo nuestro ruego.
24Separé a doce de entre los príncipes de los sacerdotes, a Serebías, a Jasabías y a diez de sus hermanos; 25y les pesé el oro, la plata y los objetos de regalo que, para el Templo de nuestro Dios, habían ofrecido el rey, sus consejeros, ministros y todos los israelitas que se encontraban allí. 26Pesé en sus manos seiscientos cincuenta talentos de plata, cien objetos de plata que pesaban dos talentos y cien talentos de oro. 27Veinte copas de oro valoradas en mil dáricos, y dos objetos preciosos de excelente bronce refulgente como el oro. 28Y les dije:
—Ustedes son santos para el Señor, y estos objetos son santos, el oro y la plata han sido consagrados al Señor Dios de nuestros padres. 29Vigilen y custódienlos hasta que los pesen en Jerusalén, en las dependencias del Templo del Señor, ante los ministros de los sacerdotes, los levitas y los ministros de los patriarcados de Israel.
30Los sacerdotes y los levitas recibieron esa cantidad de plata, oro y objetos para llevarlos a Jerusalén al Templo de nuestro Dios.
31Partimos del río Ahavá el día doce del mes primero camino de Jerusalén. La mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros y nos protegía de la mano de los enemigos y de los que nos acechaban en el camino. 32Llegamos a Jerusalén y permanecimos allí durante tres días. 33El cuarto día, en el Templo de nuestro Dios, la plata, el oro y los objetos fueron pesados por Meremot, hijo del sacerdote Urías, junto con Eleazar, hijo de Pinjás, acompañados por los levitas Yozabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Binui. 34Se tomó nota de todo lo pesado, enumerando los objetos y su peso. En aquel momento 35los desterrados que habían regresado ofrecieron holocaustos al Dios de Israel: doce novillos por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos, y doce machos cabríos como ofrenda por el pecado. Todo fue ofrecido en holocausto al Señor.
36Y entregaron el edicto del rey a los sátrapas del rey y a los gobernadores del otro lado del río, que prestaron su apoyo al pueblo y al Templo de Dios.
9Esd1Después de todo esto los ministros se me acercaron diciendo:
—No hemos separado al pueblo de Israel, ni a los sacerdotes ni a los levitas de las gentes del país que siguen con sus abominaciones como las de los cananeos, hititas, perezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos, 2y han tomado a las hijas de ellos para sí y para sus hijos, mezclando una descendencia santa con las gentes del país. Incluso los ministros y funcionarios han llevado la iniciativa en este pecado.
3Cuando escuché estas palabras rasgué mis vestiduras y mi manto, me arranqué el pelo de la cabeza y de la barba, y me senté desolado. 4Se reunieron junto a mí todos los temerosos de lo que haría el Dios de Israel a causa del pecado de los desterrados, mientras que yo, desolado, permanecía sentado hasta la ofrenda de la tarde.
5En la ofrenda de la tarde me alcé de mi postración y, rasgadas mis vestiduras y mi manto, doblé mis rodillas, extendí las palmas de mis manos hacia el Señor, mi Dios, 6y dije:
—Dios mío, me avergüenzo y me sonrojo de levantar mi rostro hacia ti, Dios mío, porque nuestras iniquidades se han multiplicado encima de nuestras cabezas y nuestra culpa es tal que llega hasta el cielo 7desde la época de nuestros padres. Nosotros mismos, hasta el día de hoy, por tan gran culpa y por nuestras iniquidades, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes, hemos sido entregados en manos de los reyes de estos países, a la espada, el cautiverio, el pillaje y la vergüenza, como sucede hoy mismo. 8Y ahora, en un instante, tenemos la gracia del Señor, nuestro Dios, que nos ha permitido librarnos y nos ha dado un apoyo en su lugar santo. Nuestro Dios ha iluminado nuestros ojos y nos ha permitido revivir un poco en nuestra servidumbre. 9Pues nosotros somos siervos, y en nuestra servidumbre no hemos abandonado a nuestro Dios, y nos ha dispensado su misericordia delante de los reyes persas, permitiéndonos revivir para levantar el Templo de nuestro Dios y poner en pie sus ruinas, y nos ha dado un lugar de refugio en Judá y en Jerusalén. 10¿Qué vamos a decir ahora, Dios nuestro, después de lo sucedido? Pues hemos dejado los mandamientos 11que nos prescribiste por medio de tus siervos los profetas diciendo: «La tierra a cuya posesión acceden ustedes es una tierra inmunda debido a la inmundicia de las gentes del país y a sus abominaciones que la cubren de un extremo al otro con su impureza. 12Por eso, no den sus hijas a sus hijos ni entreguen sus hijas a sus hijos, ni les procuren paz ni bienestar perpetuamente. Así se fortalecerán, comerán lo mejor de la tierra y la dejarán en herencia a sus hijos para siempre». 13Y después de todo lo que ha caído sobre nosotros por nuestras malas acciones y por nuestra gran culpa, una vez que Tú, Dios nuestro, has obviado nuestras iniquidades y nos has permitido librarnos, 14¿volveremos a quebrantar tus mandatos y a contraer matrimonio con los pueblos que tienen esas abominaciones? ¿No te enfadarías con nosotros hasta exterminarnos sin dejar a nadie que se librara?
15»Señor, Dios de Israel, Tú eres justo, pues algunos hemos quedado libres hasta el día de hoy. Aquí estamos en tu presencia reconociendo nuestra culpa; y por ella no es posible estar de pie en tu presencia.
10Esd1Mientras Esdras oraba y hacía su confesión llorando, postrado delante del Templo de Dios, se congregó junto a él una asamblea de Israel muy numerosa: hombres, mujeres y niños que lloraban. El pueblo lloró mucho. 2Secanías, hijo de Yejiel, de los hijos de Elam, respondió a Esdras diciendo:
—Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios tomando mujeres de las gentes del país, que son extranjeras. Sin embargo, después de esto aún queda esperanza para Israel. 3Nos comprometeremos mediante una alianza con nuestro Dios a despedir a todas las mujeres y a sus hijos, de acuerdo con el parecer de mi señor y de los temerosos en los mandamientos de nuestro Dios. Se actuará de acuerdo con la Ley. 4Levántate, pues este asunto recae sobre ti y nosotros estamos contigo. Sé fuerte y actúa.
5Esdras se levantó y pidió juramento a los príncipes de los sacerdotes, a los levitas y a todo Israel de que actuarían así, y ellos lo juraron. 6Esdras, que estaba delante del Templo de Dios, se levantó y se marchó a la habitación de Yehojanán, hijo de Elyasib, y se alojó allí. No comió pan ni bebió agua porque estaba muy dolido a causa del pecado de los desterrados.
7Corrieron la voz por Judá y Jerusalén entre todos los hijos del destierro de que se debían reunir en Jerusalén, 8y de que serían entregadas al anatema todas las posesiones de todo el que no llegara antes de tres días, conforme al parecer de los ministros y los ancianos, y de que ése sería excluido de la asamblea de los desterrados. 9A los tres días se reunieron todos los hombres de Judá y Benjamín en Jerusalén, el día veinte del mes noveno, y todo el pueblo se sentó en la explanada del Templo de Dios temblando por lo sucedido, y también por las lluvias.
10Esdras, el sacerdote, se levantó y les dijo:
—Ustedes han pecado y se han casado con mujeres extranjeras para que esto se añada al delito de Israel. 11Ahora, pues, confiesen al Señor, Dios de sus padres, y hagan su voluntad. Sepárense de las gentes del país y de las mujeres extranjeras.
12Toda la asamblea respondió en voz alta:
—Sí, se hará tal como nos has dicho. 13Pero como hay mucha gente, está lloviendo y nos faltan fuerzas para aguantar a la intemperie, y además no es asunto de un día ni de dos —pues hemos sido muchos los que hemos cometido este pecado—, 14que se establezcan ministros nuestros para toda la asamblea y que todos los que haya en nuestras ciudades que se hayan casado con mujeres extranjeras vengan cuando sean citados, acompañados por los ancianos de cada ciudad y sus jueces, hasta que se aparte de nosotros el ardor de la ira de nuestro Dios por este asunto.
15Sólo Jonatán, hijo de Asael, y Yajzías, hijo de Ticvé, se opusieron a esto, junto con los levitas Mesulam y Sabtay que los apoyaron.
16Así hicieron los hijos del destierro. Esdras, el sacerdote, escogió a unos hombres que eran los cabezas de familia de sus casas patriarcales, a cada uno por su nombre; y se iniciaron las sesiones para investigar los hechos el día uno del mes décimo. 17El día uno del mes primero concluyeron lo referente a los hombres que habían tomado mujeres extranjeras.
18Resultó que algunos hijos de sacerdotes habían tomado mujeres extranjeras. De los hijos de Josué, hijo de Yosadac, y de sus hermanos: Maasías, Eliézer, Yarib y Godolías. 19Les dieron la mano con la promesa de que despidieran a sus mujeres y ofrecieran un carnero en sacrificio por su culpa. 20De los hijos de Imer: Jananí y Zebadías. 21De los hijos de Jarim: Maasías, Elías, Semaías, Yejiel y -Uzías. 22De los hijos de Pasjur: Elioenay, Maasías, Ismael, Natanael, Yozabad y Elasá.
23De los levitas: Yozabad, Semeí, Quelaías —esto es Quelitá—, Petajías, Judá y Eliézer. 24De los cantores: -Elyasib. De los porteros: Salum, Télem y Urí.
25Por parte de los Israelitas. De los hijos de Parós: Ramías, Yizías, Malquías, Miyamín, Eleazar, Malquías y Benaías. 26De los hijos de Elam: Matanías, Zacarías, Yejiel, Abdí, Yerimot y Elías. 27De los hijos de Zatú: Elioenay, Elyasib, Matanías, Yeremot, Zabad y Azizá. 28De los hijos de Yehojanán: Jananías, Zabay, Atlay. 29De los hijos de Bigvay: Mesulam, Maluc, Yedaías, Yasub, Seal, Yeremot. 30De los hijos de Pajat–Moab: Adná, Quelal, Benaías, Maasías, Matanías, Besalel, Binui y Manasés. 31De los hijos de Jarim: Eliézer, Yisías, Malquías, Semaías, Simeón, 32Benjamín, Maluc, Semarías. 33De los hijos de Jasum: Matnay, Matatá, Zabad, Elifélet, Yeremay, Manasés, Semeí. 34De los hijos de Bení: Maaday, Amram, Uel, 35Benaías, Bedya, Calub, 36Vanías, Meremot, Elyasib, 37Matanías, Matnay, Yaasay. 38De los hijos de Binui: Semeí, 39Selemías, Natán, Adaías, 40Macnadbay, Sasay, Saray, 41Azarel, Selemías, Semarías, 42Salum, Amarías, José. 43De los hijos de Nebo: Yeiel, Matatías, Zabad, Zebiná, Yiday, Joel y Benaías.
44Todos estos se habían casado con mujeres extranjeras, y despidieron a sus mujeres e hijos.