COMENTARIO
Como testimonio de las dificultades que surgieron en la construcción, el texto sagrado reproduce el contenido de una carta en la que se pide al rey de Persia la orden de paralizar las obras (vv. 11-16). Esa carta es reproducida en el texto sagrado en arameo, el idioma en que fue escrita. A partir de ahí, el resto del relato sobre las vicisitudes de las obras hasta que se termina de construir el Templo y tiene lugar su Dedicación (6,18) está redactado en esta lengua. Después, el texto sagrado vuelve a utilizar la lengua hebrea. En la primera carta y en la respuesta del rey se habla de la reconstrucción de la muralla y de la ciudad que se realizaría más adelante (vv. 12.21; cfr Ne 2,11-18). En cuanto al Templo, lo cierto es que se paralizaron las obras hasta el año 520 a.C., segundo del reinado de Darío (v. 24), debido no sólo a las dificultades que pusieron las gentes del país, sino también quizá al desánimo que se produjo entre los repatriados al verse solos en aquella empresa (cfr 4,4). Las cartas escritas al rey reflejan perfectamente cuáles eran las autoridades delegadas de éste para la región, el prefecto y el gobernador, que residían en Samaría (cfr v. 9; 5,3), y la condición de las gentes que habitaban la tierra (v. 10).