COMENTARIO
Finalmente, la providencia de Dios hizo que se esclareciera la situación y quedase de manifiesto la legalidad de las obras, de modo que Darío no sólo autorizó sino que favoreció la conclusión de la labor emprendida. Los repatriados reciben en esta ocasión un trato de favor de parte del rey persa, como si éste reconociese no sólo los legítimos derechos que tenían, sino al Dios al que ellos van a dar culto en aquel Templo. A ese Dios invoca Darío contra quienes no cumplan los decretos reales (v. 12). Es como el signo de que la obra que están llevando a cabo es voluntad divina, aunque se muestre a través de un rey extranjero. Lo mismo había ocurrido con Ciro.