COMENTARIO

 Esd 6,13-15 

Llama la atención que sea a «los ancianos de los judíos» a quienes se atribuye ahora la última etapa de construcción y la terminación del Templo. Quizá Zorobabel y Josué ya han desaparecido de la escena. Asimismo queda claramente reflejado que el mandato divino se realiza a través de los decretos de los reyes persas, nombrados ahora según el orden de sus respectivos reinados. Dada la importancia del suceso no podía faltar el recuerdo de la fecha exacta: el tres de marzo del año 515 a.C.

En el Nuevo Testamento se dice que la Iglesia es «edificación de Dios» (1 Co 3,9). «El mismo Señor se comparó a la piedra que rechazaron los que edificaban, pero que fue puesta como piedra angular (cfr Mt 21,42 par.; etc.). Sobre ese fundamento levantan los Apóstoles la Iglesia (1 Co 3,11)» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 6). En ella, nosotros como piedras vivas entramos en su construcción en este mundo (cfr 1 P 2,5). Esta edificación de Dios está bien fundada, pero progresa constantemente y está continuamente por hacer. No le faltan las dificultades de fuera ni las que proceden del cansancio de los constructores, pero así como el Señor permitió entonces que se concluyera felizmente la reconstrucción del Templo, también ahora saca adelante a su Iglesia apoyándose en el trabajo esforzado de cada cristiano en el lugar que ocupa en el mundo.

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